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Opinión

  • | 2017/04/28 07:57

    El cinismo de las FARC

    Mientras los jefes guerrilleros se pasean por Bogotá, aparecen caletas, el regreso de los menores es gota y gota y nada que revelan sus bienes. Así no se construye confianza.

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El lunes 24 de abril, la Oficina del Alto Comisionado para La Paz trinó apartes de la conferencia del titular de la misma, Sergio Jaramillo, en la Universidad de Chicago. El miércoles Jaramillo estuvo en España recibiendo, en nombre del presidente Juan Manuel Santos, el premio Gernika por la Paz y la Reconciliación. No dudo de la importancia de ambos viajes: buscar y mantener el apoyo internacional al proceso ha sido un objetivo estratégico del gobierno Santos y no hay mejor representante y vocero que Jaramillo, el artífice de las negociaciones. Cuestiono, sin embargo, el momento. Transmite una equívoca señal de tranquilidad cuando en el país hay interrogantes sobre dos elementos fundamentales: el cumplimento de las FARC con la dejación de las armas y la desmovilización e identificación de todos sus integrantes. Son las condiciones mínimas. Sin ellas, todo lo otro no tiene sentido.

Ya ha pasado una semana desde que el Ministerio de Defensa anunciara el descubrimiento de una caleta en Puerto Leguízamo, Putumayo. En el escondite habían fusiles, ametralladoras, lanzagranadas, minas antipersona, 100 kilos de pentonita y 3.600 detonadores. La única respuesta de las FARC fue un trino de Rodrigo Londoño, alias “Timochenko”: “hay 900 caletas listas a recoger junto con ONU. Cronograma recogida se va a retrasar por incumplimientos del gobierno”. Y ya. Sin más detalles. Aún no sabemos si la caleta en cuestión era una de las que mencionaba “Timochenko” u otra no registrada. Tampoco hubo mayor reacción a la denuncia del gobernador venezolano del estado de Amazonas de una presunta presencia de 4.000 guerrilleros de las FARC. Personalmente, no creo- parece típica retórica política encaminada a generar titulares. Sin embargo, para el bien del proceso, no es conveniente que se deje en el aire esa acusación. Se mina la confianza de lo acordado.

La discreción del gobierno es inquietante, pero nada comparado el cinismo de la guerrilla. Los jefes de las FARC parecen vivir en un universo paralelo. Son invitados especiales a la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Carlos Alonso Lozada participa como panelista a lado de Sergio Cabrera y Vladdo, hablando de “el rol de los medios y los comunicadores en la construcción de una cultura de paz”. Jesús Santrich promete contar “cómo fue ser músico y poeta durante la guerra”. El mismo “Timochenko” promueve, como cualquier diva, un libro que narra su vida: “El último guerrillero”. Afiches anuncian la presentación de “Julián Conrado and The Rebels All Stars” en un bar y la misma feria. Conrado, quien fue capturado en Venezuela en 2011, es conocido como el cantante de las FARC.

Esta inmersión cultural coincide con la aprobación esta semana del acto legislativo donde se garantiza la creación del partido de las FARC, su financiación y se confirma la asignación de 10 curules (cinco en el Senado y cinco de la Cámara) a la guerrilla.

Mientras el Secretariado y la dirigencia fariana son homenajeados en la capital, el Comité Internacional de la Cruz Roja anuncia la salida de 13 menores de esa organización guerrillera, para un total de 73 desde septiembre 2016. Sí, apena 73. ¿Y los otros miles, documentados por la Fiscalía y ONGs tan respetuosas como Human Rights Watch? Averígüelo Vargas. Es como si el reclutamiento de menores no fuera con las FARC; un invento de la propaganda oligarca. No es el único campo donde el compromiso de transparencia de la guerrilla está en veremos.

El sábado 1 de octubre de 2016 – en vísperas del plebiscito- las FARC dijeron que “procederemos a declarar ante el gobierno los recursos monetarios y no monetarios que han venido conformando nuestra economía de guerra”. Aún seguimos esperando. Mientras tanto, circulan por las redes y en Youtube unos videos de altísima calidad donde las FARC-EP dicen que “no es justo que sigamos pagando la cuenta de la corrupción”. Es el diablo haciendo hostias.

No me opongo a que las FARC participen en política. Para eso es la paz y por eso voté sí en el plebiscito. Pero primero, lo primero: menos política, más arrepentimiento.

En Twitter Fonzi65

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