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Opinión

  • | 2008/09/20 00:00

    Las Farc en la universidad

    Exagerar la amenaza conlleva el riesgo de tomar medidas desproporcionadas como desatar una cacería de brujas entre los estudiantes

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Creoque se está exagerando demasiado la capacidad de las Farc para penetrar en las universidades. Y se exagera sencillamente porque como resultado de su gran debilitamiento las Farc no tienen hoy las posibilidades de ejecutar con éxito los planes que diseñaron cuando estaban mucho más fuertes. Al adversario hay que evaluarle no sólo sus intenciones, sino su capacidad para llevarlas a cabo.

En efecto, durante los diálogos del Caguán las Farc se propusieron como meta llegar con fuerza a las ciudades. El propio 'Mono Jojoy' así lo advirtió: " Nos vemos en las ciudades", advirtió amenazante. En ese entonces la guerrilla pasaba por el mejor momento político y militar de toda su historia. Penetrar y consolidarse en las ciudades era en ese momento una meta posible de alcanzar. Pero las Farc no estaban en condiciones de anticipar que los acontecimientos posteriores darían un vuelco radical a la situación, en contra de la guerrilla y en favor del Estado.

Así, el inédito debilitamiento de su fuerza y su presencia rural fue acompañado de un gran incremento de las dificultades para ingresar a las ciudades. El gran salto que en su desarrollo dieron los organismos de inteligencia del Estado, sumado a la creciente masa de información suministrada por los desertores de la guerrilla y a la enorme veta documental de muchos computadores que han sido incautados a jefes insurgentes, le permitieron al Estado neutralizar los planes urbanos de la guerrilla. La ciudad se convirtió prácticamente en un terreno vedado y peligroso para la acción guerrillera. Nunca logrará implantarse seriamente en zonas urbanas, por lo cual es impensable que pretenda dejar de ser una guerrilla rural para transformarse en una guerrilla urbana.

Pero, en adición a la incrementada eficacia del Estado para neutralizar a la guerrilla en el campo y en la ciudad, no hay que olvidar que una guerrilla campesina como las Farc siempre ha tenido insuperables dificultades para enraizarse en las ciudades. Algo, y muy poco, logra a veces entre el campesinado urbano de las zonas marginales de las ciudades. Pero poco y nada ha logrado nunca entre segmentos de población como los estudiantes universitarios, ahora más vinculados a la modernidad, a la informática y a la globalización, que ven a la guerrilla criolla como un anacrónico rezago del pasado que las generaciones anteriores no hemos sido capaces de superar. Y como propiciadora de un lastre de violencia que le impide al país una más rápida y exitosa inserción en las corrientes globalizadoras de la posmodernidad. De ahí que en las asambleas estudiantiles miren a los cuatro encapuchados despistados de las Farc con un distante silencio que es mezcla de conmiseración, temor y hartazgo. Su proyecto 'revolucionario' no les interesa ni les dice nada. No tiene ningún atractivo.

Por eso es exagerado y un poco histérico hablar del riesgo de una toma guerrillera de las universidades o de un reclutamiento masivo de estudiantes por parte de las Farc. Menos aún después del enorme rechazo ciudadano de las últimas manifestaciones masivas contra el secuestro y la barbarie guerrillera. Exagerar la amenaza conlleva el riesgo de tomar medidas desproporcionadas como desatar una cacería de brujas entre los estudiantes que puede ser muy contraproducente. Entre otras cosas porque eso es precisamente lo que está buscando la guerrilla: enfrentar el Estado y los estudiantes, para poder pescar en río revuelto. No hay duda de que la infiltración existe y no se puede tolerar, pero es absolutamente marginal y sin perspectivas de crecimiento. En consecuencia esto requiere acciones quirúrgicas de los organismos de seguridad del Estado, ojalá en colaboración con las autoridades universitarias y el estudiantado. No acciones masivas ni indiscriminadas.

Hace más de 20 años quienes estudiábamos en la Universidad Nacional también padecimos las insulsas arengas de cuatro pelagatos encapuchados, a los que soportábamos como parte del paisaje, sin que por ello se acabara la universidad pública ni las Farc lograran reclutamientos masivos. Por supuesto que en el futuro podrán estallar en nuestras ciudades una que otra bomba y uno que otro petardo por obra de las Farc, y que en esos atentados podría resultar involucrado uno que otro estudiante despistado. Pero esto no justifica poner a las universidades y a los estudiantes en la mira ni bajo la sospecha pública. Bajémosle a la histeria, por favor, que para eso vamos ganando.
 
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