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Opinión

  • | 1996/12/09 00:00

    LAS FM

    DESIERTA LA LICITACION, EL GOBIERNO HA NOTIFICADO QUE EN COLOBMA SE DEMOCRATIZA CUALQUIER COSA, MENOS LA RADIO.

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Mientras en el Congreso avanza con pasos agigantados una ley para 'democratizar' la televisión (que no es otra cosa que un esfuerzo para politizar los noticieros y fortalecer la entrada de los grupos económicos a la televisión privada), la semana pasada el gobierno nacional anunció exactamente todo lo contrario: que no democratizará lapropiedad de la radio en Colombia.Al declarar desierta la licitación para las frecuencias FM el gobierno cerró la única posibilidad de abrir la propiedad de la radio colombiana, pues un nuevo personaje, distinto de los grupos económicos, calificaba para llevarse buena parte del ponqué de las FM: el empresario manizaleño Carlos Mejía. Sin embargo, y aunque Mejía ha sido un consistente aliado del samperismo, y aunque ganó en franca lid un altísimo puntaje en la clasificación de la licitación, fue finalmente derrotado por una fuerza oscura, más poderosa, más contundente. La única manera de impedirle a Mejía el ingreso a la radio, y de neutralizar la competencia que les planteaba a sus actuales propietarios, era que el gobierno declarara desierta la adjudicación de las FM, con cualquier disculpa jurídica de la que pudieran echar mano. La filigrana legal la puso la imbatible abogada Saturia Esguerra, hermana del actual Ministro de Defensa y posible futuro embajador en Washington. Su concepto fue redactado y leído, tal como ella lo escribió, por el Ministro de Comunicaciones. ¿Quién o quiénes le pidieron el favor al presidente Samper? ¿Se lo pidieron, o se lo exigieron, a cambio de algún tipo de apoyo, o como contraprestación para no retirárselo?El hecho es que, al declarar desierta la adjudicación de la FM, el gobierno ha notificado que en Colombia puede hablarse de democratizar cualquier cosa, menos la radio. Para ella seguirán existiendo unas leyes que no se cumplen, que fueron redactadas para intentar impedir la concentración de la propiedad, pero Samper no está en condiciones políticas de darse la pela de hacerlas cumplir.Precisamente, el artículo 35 de la Ley 80 de 1993 prohíbe que se adjudiquen nuevas frecuencias de radio a quienes ya tienen una concesión en la misma banda. Es una burla, entonces, que un mismo propietario pueda tener 10 emisoras en varias de las principales ciudades del país, pero es una burla que el gobierno tolera por alguna desconocida razón.Y el artículo 36 de la misma ley dice que las concesiones de radio se harán por 10 años, prorrogables por otros 10 (¿por qué es bueno este régimen para la información de radio, pero no para la de televisión?). Pero la ley no habla de que en Colombia sea posible hacer concesiones radiales a perpetuidad. El contralor David Turbay habla de que hay más de 300 emisoras que actualmente tienen vencida la concesión. ¿De quién son y por qué no se obliga a sus propietarios a cumplir con la ley? ¿No es estrambótico que avance en el Senado el actual debate sobre la propiedad de medios de comunicación en el país, sin que se planteen, y se respondan, estas preguntas?La forma como se declaró desierta esta adjudicación radial es el mejor retrato de la manera como el gobierno está manejando las telecomunicaciones en Colombia: o como vara de premios, o como instrumento de chantaje de la libertad de prensa. En la primera categoría entran las FM, con las que Samper dio rienda suelta a las aspiraciones de varios periodistas, que incluían desde respetables columnistas que por este motivo se volvieron 'neutrales' ante Samper, hasta sapos confesos que no tuvieron objeción en declararle recientemente a la revista Cromos que su lealtad al Presidente bien valía una emisora radial. En la segunda categoría están los noticieros de televisión: ya algunas voces autorizadas, como la del ex ministro de Hacienda Rudolf Hommes, han alertado sobre el peligro de que el oficialismo noticioso termine tomándose los noticieros de televisión como consecuencia del temor a perder la concesión.Para adelantar esta ofensiva política en materia de telecomunicaciones, que le garantiza a Samper la lealtad de grupos económicos, periodistas y políticos, el Presidente encontró la persona perfecta para nombrar en el Ministerio de Comunicaciones. No recuerdo ya cuánto tiempo hace que Saulo Arboleda suena para cualquier cosa que se ofrezca: para la presidencia de algún gremio, como candidato a la alcaldía de Bogotá, otra vez como presidente de algún gremio, pero preferiblemente para viceministro, aunque si es para ministro, no importa de quién, o de cuál gobierno, bienvenido sea. Arboleda es un profesional en el arte de aspirar, que es lo que algunas lenguas maledicientes, y desde luego exageradas, llaman ser "un lagarto". A tal punto, que hasta se volvió chiste mencionar a Saulo Arboleda cada vez que se buscaba candidato para algo en Colombia, así fuera para la arquidiócesis de Tuluá. Hasta que finalmente se le presentó su gran oportunidad, dicen que a pedido del ex presidente Turbay que ha sido tan leal a Samper, en el actual Ministerio de Comunicaciones.Que Arboleda viniera de la presidencia de Asomedios, de defender los derechos de sus afiliados, que ahora observa complacidamente vulnerar como Ministro, no es obstáculo. Esta no es la primera vez que pasa del sector privado al público en el mismo campo de actividades, sin ningún pudor de que se le crucen los cables. Pero, además, el gobierno parece tener decidido quemar a Arboleda en el actual proceso legislativo en el Congreso, exigiéndole que juegue el papel de Simón el Bobito _que consiste en no darse por enterado de lo que se está discutiendo allí_ y luego cambiarlo, a la hora de hacer las nuevas adjudicaciones, para que no sea el turbayismo, sino el samperismo, el motor de la futura adjudicación de TV.Pero eso a Saulo no le importa. Hay varios ministros del actual gabinete que no contaron jamás con que un gobierno al que es difícil aceptarle un nombramiento, les permitiera el sueño, más que de ser ministros, de ser ex ministros. Saulo es uno de ellos. Porque eso le permitirá, cuando Samper considere cumplido el ciclo de su actual Ministro de Comunicaciones, hacer lo que mejor sabe: seguir aspirando.
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