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Opinión

  • | 2003/07/07 00:00

    Las mentiras de Hommes

    Ese proteccionismo es el que ha servido siempre para permitir el desarrollo de todos los países hoy económicamente desarrollados

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Leo con cierto retraso una columna del ex ministro de Hacienda Rudolf Hommes titulada 'España'. Pero es que suelo saltarme las columnas de Hommes, pues me las sé de memoria. Por eso mismo también leo con retraso una columna del también ex ministro de Hacienda Abdón Espinosa, titulada, como todas, 'Espuma de los acontecimientos', pues supuse que era la espuma de siempre.

Todos los columnistas escribimos siempre la misma columna. En fin. El caso es que estoy en completo acuerdo con la columna de Abdón, y en absoluto desacuerdo con la columna de Rudy.

La de Abdón es contra Rudy. Le critica que sea a la vez -tal como se presenta con desfachatez en una colita de su propia columna de prensa- "asesor del Presidente de la República" por un lado y "consultor privado" por el otro. Comparto esa crítica. No sólo me parecen las dos ocupaciones éticamente incompatibles, sino que el anunciarlas ambas aprovechando el tercer oficio de columnista de periódico se me antoja francamente obsceno.

Comparto también la otra crítica de Abdón. La de que Rudy, tanto desde su personalidad de bondadoso doctor Jekyll como desde la otra de maligno míster Hyde, defienda la misma droga que convierte al uno en el otro: el neoliberalismo. Esa doctrina económica que impuso cuando fue ministro en los años del presidente Gaviria y que, como resume Abdón, "ha estrangulado el desarrollo, arruinado el agro, intensificado la dependencia externa, parado la industrialización, fomentado el desempleo y extremado la pobreza".

Todo lo cual es evidentemente cierto.

En cambio todo lo que dice Rudy Hommes en su columna 'España' es evidentemente falso. Si asesora al Presidente tal como escribe, mala cosa. Si sus consultas privadas son así, cosa mala también. Y si lo que pasa es que engaña deliberadamente a sus lectores de prensa para reservar sus conocimientos para sus asesorías oficiales y sus consultorías privadas, cosa todavía peor. Porque, repito, todo lo que dice en su columna es falso. No me extraña que el periódico que la publica añada una coletilla: "Los comentarios de esta columna sólo comprometen a su autor". Hommes, en efecto, o no sabe lo que dice, o dice lo contrario de lo que sabe. O bien, para decirlo con sus propias palabras, "hace caso omiso de la evidencia empírica disponible". Traduzco: le importa un carajo la verdad.

Así, dice que España saltó de la somnolencia y el subdesarrollo del franquismo autártico y proteccionista a la prosperidad actual gracias a que adoptó el neoliberalismo económico: apertura y privatizaciones, en los "treinta años o menos" de la transición democrática. Pero debería saber (o debería reconocer que no sabe) que las privatizaciones datan de los primeros años del franquismo autártico, en los años cuarenta, en la inmediata posguerra civil; y que la apertura la impusieron en España los Estados Unidos a principios de los cincuenta, cuando levantaron su bloqueo económico y comercial a cambio de unas cuantas bases militares; y que nunca, en ningún momento, ni bajo el franquismo ni después, se ha abandonado el proteccionismo económico, ni se ven trazas de que tal cosa vaya a suceder. Por el contrario: lo que ha hecho la España del posfranquismo es pasar del proteccionismo local al proteccionismo regional. Del proteccionismo de la España aislada, por franquista, al proteccionismo de Europa entera.

Dice Hommes en su columna: "La clave del éxito del modelo socialdemócrata.". Y ya ahí empieza a hacer trampa, pues el modelo en cuestión no es socialdemócrata sino neoliberal: los socialistas españoles de Felipe González, como más tarde los laboristas ingleses de Tony Blair, se volvieron neoliberales al llegar al poder. Como el propio Hommes. "La clave (.) fue precisamente abrir la economía y unirse al mercado común europeo". Pero, perdón: fue al revés. La que se abrió, y dejó entrar a España, fue Europa. ¿Y a dónde la dejó entrar? Al paraguas monumental del proteccionismo económico europeo. La economía española lleva veinticinco años recibiendo las ayudas archimultimillonarias de los 'fondos de cohesión' de Europa, que trasladan recursos de los países más ricos (Alemania, Francia, Italia) a los más pobres de la Unión Europea, entre los cuales sigue figurando España a pesar de que el reciente ingreso de los países del Este ha hecho bajar considerablemente el promedio de riqueza.

Fondos de cohesión, artificiales, para igualar a los pobres con los ricos. Proteccionismo, tanto industrial como agrícola: para que, digamos, la protegida industria aeroespacial española, aliada con la inglesa y la francesa, pueda competir con la protegida industria aeroespacial norteamericana; y para que, digamos, la protegida agricultura española pueda competir con la desprotegida del Tercer Mundo: los protegidos plátanos costosísimos de las islas Canarias españolas se venden más baratos que los baratísimos plátanos desprotegidos de Colombia.

Ese proteccionismo es el que ha servido siempre a lo largo de la historia para permitir el desarrollo económico de todos los países hoy económicamente desarrollados, o en proceso de lograrlo. Desde los pioneros de la revolución industrial -Inglaterra, Alemania, Francia- hasta los jóvenes 'tigrillos' asiáticos, o hasta la inmensa China capitalo-comunista. Pasando por el más rico de todos: los Estados Unidos, que siguen siendo el país más proteccionista del mundo a la vez que les exigen y les imponen la desprotección de todos los demás.

Si el ex ministro Rudolf Hommes no sabe esas cosas, es un inepto: y no sorprenden entonces los resultados que logró cuando era ministro de Hacienda. Y si las sabe, pero no las dice, es. cómo decirlo: un señor que ha prosperado gracias al proteccionismo.
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