Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2009/11/14 00:00

Las mentiras de Robledo

Un puñado de familias de la Costa pudo hacer fraude con AIS, lo que se debe castigar. Pero otras acusaciones buscaban de mala fe escándalos gratuitos.

Las mentiras de Robledo

Luego de largas semanas de silencio forzado por las maniobras de la oposición, el ministro Andrés Fernández al fin pudo hablar en el Congreso para desbaratar una a una las mentiras, desinformaciones, medias verdades e infamias del senador Robledo y de los opositores liberales que le hacían coro. Durante esos días la verdad mediática reemplazó la verdad real. Esta última es la que ahora debe conocer el país en torno al Agro Ingreso Seguro (AIS).

"Estamos al borde de la hambruna", vociferaba el senador Robledo para criticar la política agraria del gobierno. Pero, con solo asomarse a una plaza de mercado o a un supermercado, cualquiera puede verificar la enorme y barata oferta de alimentos que estamos disfrutando los colombianos. El senador Robledo miente. Los supermercados y los datos macroeconómicos niegan sus afirmaciones.

Entre los años 2002 y 2009 se han incorporado 700.000 nuevas hectáreas a la agricultura, o sea un 16 por ciento adicional, y la productividad por hectárea se incrementó en 10 por ciento. Como resultado, antes producíamos 22 toneladas de alimentos y hoy producimos 27 toneladas, un 22 por ciento más. Por eso la inflación de alimentos es la más baja de los últimos 20 años. Simultáneamente la pobreza rural bajó de 80 por ciento a 65 por ciento y el desempleo rural descendió de 10,8 por ciento a 7,4 por ciento. Hoy obtenemos tres veces más divisas por nuestras exportaciones de alimentos que lo que pagamos por las importaciones. Y si estas últimas han crecido un poco es para alimentar gallinas y cerdos para satisfacer la enorme demanda de proteína animal que por sus bajos precios consume en forma creciente la población colombiana.

Pero como estos datos que demuestran el éxito de la política agropecuaria son irrebatibles, entonces Robledo, los liberales y algunos medios insisten en que AIS es un programa "pro-rico" y ''le da plata al que no la necesita". Argumento efectista, burdo y populista. Primero, porque está probado que el 98 por ciento de las 316.000 familias campesinas beneficiarias son pequeños y medianos productores cuyos patrimonios en su mayoría no pasan de 250 millones de pesos. Esas familias también han recibido el 86 por ciento de los subsidios, porcentaje superior al 70 por ciento que el mismo senador Robledo declaró aceptable en el momento que se discutió y aprobó AIS en el Congreso. Segundo, porque este no es un programa asistencial como el Sisbén, sino de estímulo a la producción, y por eso los subsidios deben llegar a los productores pequeños, medianos y grandes, para crear más riqueza y más empleo. Tercero, porque aquí no se trata de regalar plata improductivamente, sino de incentivar la inversión y el desarrollo del campo. Así, por cada peso de subsidio estatal, el beneficiario ha tenido que invertir cuatro pesos de su propio bolsillo. Cuarto, hay que recordar que el Incentivo a la Capitalización Rural -componente de AIS- fue creado en 1993 por César Gaviria para aliviar los efectos de una apertura descontrolada que arruinó a muchos empresarios agrícolas. También lo aplicaron Samper y Pastrana, sin que en esas épocas fuera criticado por los críticos de hoy. Puro oportunismo. Y quinto, porque AIS es mucho más democrático y equitativo que programas similares de otros países. Así, mientras en Colombia los pequeños y medianos campesinos reciben el 84 por ciento de los recursos, en la Unión Europea sólo reciben el 50 por ciento; en Francia, el 40 por ciento; en México, el 33 por ciento, y en Inglaterra, el 16 por ciento, para citar sólo algunos ejemplos.

Finalmente, puesto que está probado que la política agraria ha sido exitosa, democrática y equitativa, el último recurso de Robledo y su coro liberal es que el manejo de AIS ha sido "politiquero" y "corrupto". Mentira. Sólo en el 0,01 por ciento de los proyectos se ha señalado alguna irregularidad. En efecto, un puñado de familias de la costa pudo haber hecho fraude en AIS, lo que se debe investigar y castigar. Pero otras acusaciones son infundadas y buscaban de mala fe provocar escándalos gratuitos. Porque algunos bancos desembolsaron unos pocos créditos a personas o empresas que en su momento no aparecían en las listas de inhabilitados judicialmente, pero que después tuvieron problemas con la justicia. Porque algunos financiadores de campañas políticas de distintos partidos y candidatos, y hasta parlamentarios de la oposición y sus familiares, recibieron subsidios, llenando los requisitos exigidos. Porque algún familiar de un narcotraficante aspiró sin éxito a lograr un crédito. O porque Coltabaco canalizó legalmente créditos subsidiados, otorgó garantías y brindó asistencia técnica a más de 9.000 pequeños productores. Ninguno de estos falsos escándalos desvirtúa las enormes bondades que AIS le ha producido al campo colombiano.

Pulverizadas en el Congreso las mentiras de Robledo y su corito liberal, el país le debe un gran reconocimiento a la gestión del ex ministro Arias y el ministro Fernández .

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