Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2016/02/01 10:33

La verificación de 1933

La coyuntura hace recordar que en nuestro territorio ya existió, hace muchos años, una comisión de paz y de verificación de las Naciones Unidas olvidada en los anaqueles oficiales.

La verificación de 1933

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, como era previsible, acepto la solicitud de verificación de los acuerdos de paz que se adopten con las FARC. Habrá muchas cosas que definir, entre otras, los lugares donde se ubicarán los equipos verificadores designados por los países de la CELAC y las áreas de concentración de la guerrilla.

Es posible que los verificadores sean oficiales de las fuerzas armadas de sus países, como sucedió en el caso de Guatemala, en la verificación del cese al fuego, entrega y desarme de la guerrilla en 1997.

La coyuntura hace recordar que en nuestro territorio ya existió, hace muchos años, una comisión de paz y de verificación de las Naciones Unidas – de la Liga de las Naciones, como se denominaba en ese entonces- olvidada en los anaqueles oficiales y que en su momento tuvo un rol fundamental aunque causó dolores de cabeza al gobierno colombiano.

En la noche del 1° de Septiembre de 1932 el presidente del Perú general José María Sánchez Cerro, que había derrocado al presidente Leguía dos años atrás, citó al embajador de Colombia en Lima, Fabio Lozano y Lozano, para informarle que un grupo de peruanos había tomado la población de Leticia en el trapecio amazónico cuya soberanía el Perú había reconocido a Colombia en el tratado de 1922. El tratado había sido firmado por el padre de Lozano y Lozano, Fabio Lozano Torrijos, su predecesor en la embajada.

El dictador le expresó que se trataba de un movimiento “de origen comunista”; de “malhechores apristas enemigos del gobierno”; que estaba “dispuesto a acabar con ellos” y que el gobierno colombiano “podía contar con su apoyo para someterlos.”1

Esa fue la información que transmitió inicialmente la prensa colombiana. Sin embargo al poco tiempo, Sánchez Cerro respaldó la acción de los supuestos “comunistas”, generando una la movilización cívico-militar en Colombia.

Nuestro país acudió la Liga de las Naciones con Eduardo Santos. El 24 de mayo de 1933 el Consejo de la Organización adoptó por unanimidad una resolución creando una comisión que, desde Leticia y a nombre del gobierno colombiano, se haría cargo de la administración del territorio durante un año.

La Comisión tendría bajo sus órdenes un destacamento de las fuerzas militares colombianas que asumirían funciones de verificación y de seguridad, pero como fuerzas de la Liga, que utilizarían la bandera del organismo y sus miembros portarían un brazalete blanco con las letras SDN (Sociedad de las Naciones).

La comisión quedó constituía inicialmente por el coronel norteamericano Arthur Brown, que había pertenecido a la justicia penal militar de su país y esperaba el ascenso a general; por el capitán de fragata brasilero Alberto de Lemos Basto, que había hecho parte de las fuerzas brasileras que intervinieron en la primera guerra mundial; por el capitán de aviación español Francisco Iglesias, veterano de la intervención militar española en África, que había adquirido gran notoriedad por un vuelo trasatlántico que había realizado recientemente; y, por un secretario, el cubano Armando Mencia.

Al poco tiempo comenzaron a darse diferencias no sólo entre los miembros de la Comisión, sino entre ésta y el gobierno de Colombia, cuando se evidenció que uno de sus miembros estaba parcializado a favor del Perú y que otro, saltándose los tratados, pretendía imponer arbitrariamente restricciones a la navegación de embarcaciones colombianas por los ríos Amazonas y Putumayo.

El 24 de mayo de 1934 se firmó el “Protocolo de Rio de Janeiro” que puso fin formalmente al conflicto y el 19 de Junio siguiente salió de Leticia la Comisión de Liga. Nuestros derechos quedaron garantizados y los soldados colombianos que estaban a órdenes de la Comisión, se reintegraron a sus cuarteles, para tranquilidad del presidente, del canciller y del ministro de guerra, que “les había tocado” atender las veleidades temperamentales de los comisionados.  

En Colombia, un testigo privilegiado de todas las incidencias, elaboró una excelente relación de ese complejo período lleno de curiosos episodios, que denominó “Una comisión contra un pueblo”.

Veremos cómo y por cuánto tiempo será la próxima verificación de las Naciones Unidas, las características de los comisionados y el manejo que den a ella la ONU y el gobierno colombiano.

1 DE LA VEGA Gabriel, El conflicto colombo-peruano, Librería Nueva, Bogotá 1933.pág. 5  

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