Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2009/11/13 00:00

Las ofensas de Chávez, excusa para la ceguera

La cobertura mediática de las sátiras del venezolano es superior a la dedicada a los graves problemas que aquejan a nuestro país.

Juan Diego Restrepo E.

Cada amenaza sin sentido, cada sátira, cada intervención desaforada del presidente venezolano Hugo Chávez favorece al mandatario de Colombia Álvaro Uribe. El ruido que introducen sus intervenciones públicas se convierte, con ayuda de los medios de información, en espesas cortinas de humo que ocultan los problemas en nuestro país y evita que la opinión pública se concentre en ellos y exija soluciones concretas.

La tendencia mediática revela que cada domingo en la tarde, cuando finaliza la extenuante intervención del presidente Chávez en su programa Aló Presidente, los noticieros de televisión colombianos inician la difusión de aquellos fragmentos que hacen referencia a nuestro país, casi siempre con ánimo belicoso. Ese efecto multiplicador ahoga cualquier otra noticia que venga sucediendo en nuestro país y excluye de la agenda mediática aquellos temas que cuestionan algunas actuaciones de gobierno. Ahí es donde se ve favorecido el presidente Uribe.

Agendar de la manera cómo lo vienen haciendo varios medios de información en el país los pronunciamientos del presidente venezolano, está siendo funcional a los intereses del gobierno colombiano, pues la atención de la opinión pública está siendo desviada hacia un asunto que es más retórico que práctico. Las posibilidades de una guerra entre los dos países es bastante remota, pero la manera cómo la presentan los medios de información la hacen tan inminente que en las calles no se habla de otro tema. Es, si se quiere, un estado de “preguerra” mental generado por la amplificación calculada de los discursos de Chávez.

¿Pero realmente en qué se ha favorecido el presidente Uribe con la dinámica de la información que han impuesto algunos medios de información en nuestro sobre la retórica belicista del mandatario venezolano? Son varios los aspectos.

En primer lugar, la opinión pública colombiana, imbuida en una supuesta confrontación militar con Venezuela, ha dejado de pensar en las implicaciones que tiene para la soberanía nacional el llamado Acuerdo complementario para la Cooperación y Asistencia Técnica en Defensa y Seguridad entre los Gobiernos de la República de Colombia y de los Estados Unidos de América, firmado el pasado 30 de octubre en una reunión privada entre representantes de ambos gobiernos. Si bien la Cancillería colombiana publicó el Acuerdo, no ha habido hasta ahora una tendencia mediática de análisis que se equipare, en tiempo y en espacio, a la dedicada a la retórica chavista que, entre otros efectos, ha ocasionado que se legitime la presencia norteamericana en nuestro territorio.

En segundo lugar, el presidente Uribe se vio favorecido mediáticamente en relación con el debate sobre los privilegios generados en la aplicación del programa Agro Ingreso Seguro (AIS), pues cuando el tema venía tomando fuerza, apareció de nuevo la retórica de Chávez y los medios sacaron de su agenda esta discusión y dirigieron sus reflectores hacia el Palacio de Miraflores, en Caracas.


En tercer lugar, el ruido que provoca Chávez y su amplificación mediática ha opacado uno de los problemas más complejos a los que nos veremos abocados los colombianos el próximo año: la quiebra del sistema de salud. Las alertas están encendidas y los perjudicados podrían sobrepasar los 8 millones de colombianos, pero pocos medios informativos le dedican espacio y tiempo a profundidad a este tema.

En cuarto lugar, opaca la crisis que viene generando la caída del precio del dólar que se ubica desde hace varias semanas por debajo de los 2 mil pesos, rango que para cientos de empresas exportadoras, medianas y pequeñas, es insuficiente para sobrevivir. Las políticas aplicadas por el gobierno nacional y el Bando de la República han sido insuficientes y los análisis son prácticamente invisibles en los medios de información.

Y en quinto lugar, está la violencia urbana; ni sus causas ni su crecimiento han recibido suficiente cubrimiento por los medios. No es un asunto exclusivamente de Medellín. Y en duda queda la efectividad urbana de la llamada Seguridad Democrática. Curiosamente, en la agenda de los medios de información hay mayor preocupación por lo que ocurre en esta materia en Venezuela.

Y hay más aspectos: hoy nos inoculan las preocupaciones por los cortes en el suministro de agua a Caracas, pero no se hacen los análisis pertinentes para establecer por qué en Colombia en 854 de los 1102 municipios que tiene el país es un riesgo para salud tomar agua directamente del grifo; se consultan voces expertas, generalmente opositoras al gobierno de Chávez para hablar de la censura a la prensa, cuando en nuestro país es una práctica recurrente; y se cuestiona la legitimidad del mandatario venezolano, cuando aquí la institucionalidad es cotidianamente vulnerada desde la Presidencia, sin que merezca los niveles de profundidad dedicados al país vecino.

En resumen, la cobertura mediática de todos aquellos pronunciamientos del presidente Hugo Chávez es superior en tiempo, espacio y profundidad a la dedicada a los graves problemas que aquejan a nuestro país, lo que sin duda alguna favorece al presidente Uribe. No sé qué pensará el lector, pero si los medios de información se concentraran con la misma intensidad a nuestros problemas seríamos más conscientes de que el gobierno que debemos cuestionar es el nuestro y no el de los vecinos. 



*Juan Diego Restrepo Echeverri es periodista y profesor universitario

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