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Opinión

  • | 1999/06/07 00:00

    LAS PIERNAS SECRETAS

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Hace un par de semanas HEctor Abad Faciolince decía en su columna de Cromos algo muy
divertido: que lo más fastidioso de escribir un artículo semanal de opinión consiste en que uno siempre tiene
que fingir que está convencido de algo. "Llevo años escribiendo columnas para periódicos y cada vez,
semana tras semana, me gustaría empezar con una misma frase: 'Yo no estoy seguro, pero creo (por lo
menos hoy creo, aunque tal vez mañana piense lo contrario) que tal y tal cosa".
Me pareció una fórmula muy sofisticada para confesar el terror máximo que puede embargar a un
columnista, cuando llegan las 12 del día del viernes (por lo menos en mi caso) con el dedo meñique
izquierdo en la A del computador y el derecho sobre la Ñ, y el tema no aparece por ningún lado. Más aún,
es probable que temas los haya por montones, pero al columnista le parecen ese día todos aburridísimos,
porque amaneció en contravía de la trascendentalidad o sencillamente, como dice Héctor Abad, porque
las opiniones amanecieron de plastilina.
Sin embargo, el columnista no se rinde. Y ensaya a encarrilarse escribiendo sobre la guerra y el proceso
de paz, solo para descubrir que eso ya lo dijo en una columna anterior.
Entonces comienza a escribir sobre el Plan de Desarrollo, y presiente que eso no se lo va a leer nadie.
Intenta medírsele al tema de los cuatro años de historia de Colombia que Carlos Lemos resolvió borrar de
su bitácora y le parece que es una perdedera de tiempo. Se le ocurre que de pronto la mutua coquetería
recientemente exhibida entre el presidente Pastrana y el presidente Chávez da para una columna, solo
para descubrir que el tema no da sino para un renglón, que es precisamente este.
Y así con todos los temas, dele que dele, y nada: la pantalla del computador sigue respirando en blanco.
Pero es ahí cuando aparece la inspiración. Al columnista le pasa una especie de ráfaga, el recuerdo de
algo sobre lo que ha tenido ganas de escribir y que es un golpe mortal contra el trascendentalismo con el
que anda de pelea esa mañana. El tema de la columna, resuelve, será Viena Ruiz y sus piernas secretas.

No hay duda de que la sección de Viena fue revolucionaria y atrajo irremediablemente la atención de los
televidentes por un conjunto de atractivos. Desde luego que en primer lugar figuraban sus piernas y las
atrevidas minifaldas que las acompañaban, hasta el punto de que se volvió un juego de señores repetir
las imágenes de la conocida y atractiva 'diva' en cámara lenta con el objeto de intentar acceder a algo
más. Pero distinto del atractivo de sus piernas, la sección tenía humor, era traviesa, desladrillizaba la
política, y, sobre todo, le resolvía a Yamid Amat las ganas de editorializar sin que se notara y sin que nadie
pudiera ponerse bravo, pues pelear con Viena Ruiz por una opinión suya constituía un auténtico acto de
ridiculez. (No obstante recuerdo a varios que cayeron en la tentación de escribirle a Viena Ruiz con el
mismo tono reverencial en que le habrían escrito a Eduardo Santos, ¡pidiéndole cuentas por sus
opiniones y hasta rectificaciones por ellas!).
Viena Ruiz, en resumen, impuso una nueva tendencia en la televisión colombiana con un merecido éxito del
que responde en gran parte su estilo personal. Y ese es el punto: que su estilo hasta ahora ha sido
imitado a rodos, pero no solo nadie lo ha podido superar, sino ni siquiera igualar.
Que esas otras Vienas se limitaran solo a ser malas imitaciones, vaya y pase. Pero ahora ha hecho
su aparición una especie de 'Chicholina' española que degrada este género de periodismo ligero con el
destape de un insignificante frontispicio por el que se asoma desmayadamente algo que alguien algún
día le debió decir que era un bonito busto, quién sabe con qué propósitos.
El caso nos obliga a hacer un cuidadoso análisis de lo que debe ser, y no ser, el manejo de la feminidad.
Viena Ruiz se las arregla para exhibir sus atributos en televisión con una picante morbosidad que no
ofende sino que atrae y entretiene. Pero muchas de las otras Vienas y especialmente la última Viena a la
que nos referimos creen que la clave del éxito está en mostrar, y no en la forma y en el contexto en que se
muestra. Es la vieja teoría de la belleza femenina: a una mujer no le basta con ser bella, sino que debe
saber combinar en la forma y en la proporción apropiada todas aquellas 'sutilidades' que flotan alrededor
del concepto de feminidad.
Lo que la marca registrada 'Viena Ruiz' ha demostrado es que desde que ella hizo su aparición,
revolucionando el concepto del tratamiento de la noticia con un tono deliciosamente light, los noticieros
colombianos poco o nada han innovado en materia periodística. Imitarla es el camino más fácil, pero eso solo
ha producido un resultado. El de que Viena cada día es más Viena y las otras Vienas cada día lo son
menos.
Moraleja: festejando extremidades o prominencias no es la manera más apropiada de suplir el talento. Pero
si, a pesar de ello, el rating responde, habrá que concluir que la decadencia del país ahora sí es total.
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