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Opinión

  • | 2014/11/10 00:00

    Las piruetas de una magistrada

    Hace unos días el país conoció la sentencia en contra del líder paramilitar Salvatore Mancuso en el marco de la Ley de Justicia y Paz.

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Hace unos días el país conoció la sentencia en contra del líder paramilitar Salvatore Mancuso en el marco de la Ley de Justicia y Paz. Con más de 800 páginas y varias horas de lectura pública del fallo por parte de la magistrada ponente Alexandra Valencia, los colombianos creímos que este capítulo judicial que comprometía a Mancuso se había cerrado por fin después de varios años a la espera de una decisión.

Sin embargo, por cuenta de una justificada molestia con la doctora Valencia de parte de otros dos magistrados que componen la sala de justicia y paz, no existe claridad sobre si hay o no una sentencia en firme en el caso de Mancuso y cuál de los tantos textos que ha ensayado la ponente es el que se debe tener como definitivo.

Lo cierto es que algunos cambios que la doctora Valencia introdujo, supuestamente de manera inconsulta con sus compañeros, tienen frenada hoy la firma de un documento final y en entredicho la transparencia de este largo proceso judicial.

Y es que la magistrada Alexandra Valencia llevaba más de tres años elaborando un texto de sentencia que, en efecto, por la complejidad del fenómeno paramilitar en Colombia, requirió un esfuerzo mayúsculo para su producción. Llegó a presentar alrededor de cuatro proyectos a sus compañeros, quienes los rechazaron siempre con el argumento de que los escritos no contenían los elementos mínimos de una buena sentencia de justicia transicional.

El tiempo corría en contra de la doctora Valencia. Las víctimas elevaron quejas disciplinarias ante el Consejo Superior de la Judicatura por las que consideraron conductas dilatorias de la togada y como consecuencia de esta presión, la magistrada presentó un último proyecto de sentencia a sus colegas Lester María González y Eduardo Castellanos. Advirtiendo algunas aclaraciones y salvamentos parciales que ambos harían, la sentencia pasó finalmente la prueba y los tres magistrados avalaron el texto, que estaba listo para su lectura pública la semana pasada.

Sin embargo, González y Castellanos se llevaron tremenda sorpresa al notar que entre el texto que les fue presentado y la lectura pública que hizo la doctora Valencia había algunos cambios importantes de última hora que nunca les fueron consultados.

Uno de los puntos críticos tiene que ver con las graves afirmaciones de Mancuso y los otros paramilitares alrededor de la elección del fiscal Mario Iguarán. En el texto original presentado por la magistrada Valencia a sus compañeros de sala, se ordena en la parte resolutiva enviar copias a la comisión de acusaciones para que investiguen al entonces presidente, Álvaro Uribe, y a los miembros de la Corte Suprema que participaron en la nominación y la selección de Iguarán.

Durante la audiencia, el magistrado Castellanos quiso explicar su posición frente a ese punto y en medio de su intervención fue interrumpido abruptamente por la doctora Valencia, quien le dijo que esa parte ya no estaba incluida en la sentencia. En efecto, la solicitud de investigar a los magistrados de la Corte por la cuestionada elección de Iguarán como fiscal había desparecido y en el video de la audiencia se puede ver el reclamo que Castellanos le hace a Valencia por haber modificado esa parte sin justificación alguna.

Pero ¿por qué renunció la magistrada a su idea original de pedir que se investigue a fondo la elección del fiscal Mario Iguarán? ¿Será que la magistrada no quiso meterse en líos con sus superiores? ¿Con quiénes discutió la doctora Valencia la conveniencia de incluir –o excluir–  este asunto en la sentencia final?

Por lo pronto, si Valencia quiere que los magistrados Castellanos y González le firmen la sentencia final, tendrá que justificar con claridad el por qué de esta y otras piruetas que al parecer se produjeron sin explicación a lo largo de las 800 páginas de la condena a Mancuso. Esta historia continuará…

Twitter: @JoseMAcevedo
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