Viernes, 19 de septiembre de 2014

| 2013/01/15 00:00

Las presiones y los spoilers pueden reventar el proceso de paz

por Carlos Arturo Velandia Jagua

Si lo que se quiere es celeridad para llegar a acuerdos, es momento de empezar a discutir los aspectos de la problemática del desarrollo agrario.

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Antes de partir para La Habana, Humberto de la Calle Lombana, jefe de la delegación gubernamental para los diálogos de paz con las FARC-EP, expresó el interés del Gobierno de “meter más ritmo al proceso” para obtener acuerdos en la mesa de negociaciones, con el fin de mantener el apoyo e interés de la sociedad activo y rodeando al proceso. 

Si bien éste es un aspecto que las partes en una mesa de negociaciones deben procurar permanentemente, la insistencia de un solo lado puede entenderse como una presión a su contraparte, lo que no es de buen recibo; razón ésta que ha motivado una respuesta contundente de la delegación de FARC-EP al entrar a la sede de los diálogos el día lunes 14 de enero, en la que invitan al Gobierno a pasar de la retórica y la demagogia a la puesta en práctica de las medidas que hagan posible superar los hondos desequilibrios económicos, políticos y sociales. 

Además, han dado a conocer a la opinión pública la primera de 10 propuestas sobre “Reforma Agraria Integral”, construidas luego de analizar los cientos de propuestas que desde la sociedad le hicieran llegar a las partes, en las Mesas Regionales de paz promovidas por el Congreso de la República, del Encuentro Internacional Pueblos Construyendo Paz, las propuestas colgadas en la página web de la Mesa de Conversaciones y del Foro de Política de Desarrollo Agrario Integral con Enfoque Territorial; de tal modo que si lo que se quiere es celeridad para llegar a acuerdos, es momento de empezar a discutir los aspectos que integran la honda problemática del desarrollo agrario, de la tenencia y usos de la tierra, del modelo económico que haga posible la soberanía alimentaria y la protección de la biodiversidad y ecosistemas. 

Planteadas así las cosas, en el inicio de esta fase de negociaciones, las FARC-EP han tomado la iniciativa al llevar a la mesa contenidos y propuestas, las que el Gobierno no podrá ignorar y a las que tendrá que responder o contraproponer, pero igual el tiempo y el ritmo ya estará marcado por los avances hacia acuerdos en esas materias de discusión.

El Gobierno, al presionar con el tiempo, está enviando un mensaje de apremio suscitado por otras motivaciones, como por ejemplo el interés reelectoral del presidente Juan Manuel Santos, lo cual no es conveniente porque para las FARC-EP sus angustias no están en tener “todo listo para noviembre”, como lo desea el Gobierno. Los apremios de FARC-EP están en lograr una base sólida de acuerdos en materia agraria suficiente, que modifique el statu-quo vigente sobre la cuestión agraria y la tierra, como motivo poderoso para dejar las armas y avanzar de la lucha armada a la lucha política con garantías y en democracia. Entenderlo así es importante, de lo contrario se seguirán ejerciendo presiones indebidas que generan malestar en la mesa, enredan el trámite de las discusiones y alargan los tiempos, en lugar de acortarlos; además de que ponen en riesgo la continuidad y estabilidad de los diálogos.

A esta altura de las negociaciones, es conveniente llamar la atención sobre la necesidad que tienen las partes de hacer oídos sordos a la beligerancia verbal y provocaciones, que vengan desde “las barras bravas” de las partes, que como hooligans en un partido de fútbol están dispuestas a destruir el mobiliario urbano gane o pierda su equipo preferido. Corren rumores de que se estarían fraguando acciones violentas contra personas allegadas a las partes y afines al proceso de paz. Situaciones de estas las hemos vivido en otros momentos, con resultados devastadores que el país conoce. Hace solo unos días en París fueron asesinadas tres activistas Kurdas, en momentos en que se están desarrollando conversaciones para el inicio de un proceso de paz entre el Gobierno de Turquía y el PKK – Partido de los Trabajadores del Kurdistán, crimen que a todas luces está dirigido a impedir un acuerdo que ponga fin a la guerra de 25 años que se desarrolla en esa parte del mundo, por la independencia, soberanía y territorio para una nación de 40 millones de personas: el pueblo Kurdo. 

Guardando las distancias de este hecho, pero teniéndolo como referente en el horizonte, el proceso de paz en Colombia no está exento de la acción de energúmenos ni de spoilers, que ven en la paz una amenaza para sus privilegios o la detención de poder y consideran a los pacifistas o actores de la paz como sus enemigos o sujetos merecedores del azote de sus lenguas o sus armas. Cuidar el proceso es cultivar la paz.

En Twitter: @CarlosVelandiaJ                                                                                                                  

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