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Opinión

  • | 2011/08/29 00:00

    Las propuestas anticorrupción en Bogotá

    Uno de los temas más importantes en las elecciones de este octubre en Bogotá es la lucha contra la corrupción. Encuestas recientes han llegado a mostrar la percepción de honestidad como el principal factor en la decisión del voto.

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Uno de los temas más importantes en las elecciones de este octubre en Bogotá es la lucha contra la corrupción. Encuestas recientes han llegado a mostrar la percepción de honestidad como el principal factor en la decisión del voto.

Combatir la corrupción requiere actuar en múltiples dimensiones al mismo tiempo, desde la financiación de las campañas hasta la difusión de los derechos de los funcionarios de menor rango –para que no se sientan obligados a colaborar con jefes corruptos- el mapeo de riesgos de corrupción y los mecanismos de denuncia.

En Bogotá, la candidata y varios de los candidatos a la alcaldía han incluido este tema en sus programas de gobierno, con propuestas interesantes en transparencia y auditoría. Uno de los candidatos (Peñalosa) ha propuesto incluso una estructura organizacional “dura” para el tema. Pero hay dos áreas que pueden ser decisivas para lograr resultados y requieren mayor atención: la participación y la lucha contra la impunidad.

Una rápida revisión a los programas de gobierno destaca, en Transparencia, no solo la posibilidad de consultar virtualmente el desarrollo de las obras (Galán), la estandarización de reglas para contratar (Peñalosa), y audiencias públicas (Galán) e incluso televisadas (Parody) para la toma de decisiones, sino incluso informes de pérdidas y ganancias del Distrito (Parody).

La auditoría se refuerza con firmas externas y observatorios de gestión local (Parody) pero también con comités éticos-asesores-de “sabios” para la contratación (Petro, Galán, Parody) seguimiento al gasto público y rendición de cuentas (Luna) y generación oportuna de control social “a retrasos y baja calidad de obras” (Peñalosa).

¿Pero quién hará esto, más allá de los comités de alto nivel? Varios de los programas no lo dejan claro. El de Petro crea un Consejo contra la corrupción y un equipo inter-institucional anticorrupción encargado de recibir, analizar y canalizar denuncias.
Peñalosa va más allá proponiendo re-orientar la Veeduría Distrital y crear en ella dos nuevas divisiones: la Unidad de Transparencia para trabajar en los estándares de procesos y productos y demás medidas relativas a ese tema, y la Unidad anti-fraude encargada del “control social” ya mencionado, la identificación y desmonte de carteles y un control interno enfocado en detectar indebida inversión de anticipos, fraude o incumplimiento del objeto contractual, adiciones injustificadas (con frecuencia el control interno pone la misma atención a la calidad general de los procesos que a la corrupción propiamente dicha).

Es un gran paso pensar en una estructura del Distrito encargándose concretamente de ayudar a detectar y eliminar corrupción. Los programas generales de transparencia tienen la debilidad de que requieren que tengamos el tiempo necesario para consultar miles de licitaciones en Internet o ver cientos de transmisiones de adjudicaciones por TV. Si eso no pasa seguirán siendo unos pocos funcionarios quienes se enfrentarán cara a cara a aquellos a quienes deben vigilar/auditar. Y los hechos han probado que en esos espacios “uno a uno” los incentivos no son hacia la integridad.

Se necesita estructura, pero agregar un funcionario de la Veeduría en algunos casos no será un cambio decisivo. Se requieren cientos o miles de ojos con más que unos pocos minutos para hacer control, no sólo en algunos aspectos de los contratos de obras, y vale la pena mirar hacia los jóvenes universitarios, que en ciudades como Seúl (Corea) tienen un récord de haber contribuido en esta tarea. Claro, estos jóvenes deben trabajar en coordinación con una estructura distrital.

¿Y cómo luchar contra la impunidad desde el Distrito? Hacerse parte civil en los casos, más allá de interceptar demandas en contra (Peñalosa y Galán) puede ser parte de la respuesta en muchos casos. Pero Bogotá debe pensar más donde complementar a la Contraloría y dónde fortalecerla, utilizando sus recursos para que la lentitud de nuestra justicia se reduzca al menos aquí. Si lo logra, puede ser el comienzo de una transformación necesaria en un país donde la corrupción puede deslegitimar el sistema político.

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