Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1999/05/31 00:00

LAS RAZONES DE ALVARO

LAS RAZONES DE ALVARO

Sin duda, Alvaro Uribe VElez es uno de los políticos más valiosos del país, pero con un
defecto muy grande: el de no atinar una en materia de banquetes. Ya le habíamos visto su primera
embarrada a este respecto cuando, poquísimos días antes de las elecciones presidenciales, viajó desde
Oxford para asistir a un banquete serpista, en el que tardía e inútilmente rompió su silencio sobre la
candidatura liberal, en un gesto que nadie le agradeció mucho pero que, eso sí, tampoco sirvió para nada.
Con su asistencia al desagravio ofrecido a dos generales de la República la semana pasada en el Hotel
Tequendama de Bogotá cometió otro gran error, en contra de todos los comentarios y los consejos. En
palabras de las formidables Tola y Maruja en RCN, se trataba de un banquete en el que uno
preguntaba: "¿Dónde está el baño?". Y le respondían: "A la extrema derecha". En él, Alvaro Uribe pronunció
un discurso sobre el que había grandes expectativas, pero con el que cosechó pocos dividendos.
Muchos asistentes opinaron que fue superado en forma y en fondo por el del inteligentísimo abogado
Fernando Londoño Hoyos, otro de los oferentes. Con el agravante de que de este último nadie esperaba
escuchar a un aspirante a candidato presidencial, y en cambio, todo el mundo interpretó que la
asistencia de Alvaro Uribe a ese banquete correspondía a la búsqueda del escenario apropiado para lanzar
su candidatura presidencial, o por lo menos, su sonoro regreso a la vida política nacional. Tal parece que ni
lo uno, ni lo otro: trató de quedar bien con el auditorio y con el grueso de la opinión pública, y ello no era
posible. Es como intentar colocarse en el nicho de Plinio y de Lemos, que despierta mucho
entusiasmo, pero pocas mayorías. Para comenzar, se enredó en el intento de explicar que aunque el
Presidente de la República tiene facultades constitucionales para separar del servicio a cualquier
militar, con el rango que sea, en cualquier momento, habría motivos por los que sí, y motivos por los que
no. Como si las razones de Estado que asisten al primer mandatario a tomar en un momento dado
semejante decisión fueran una receta de cocina en la que se exagera en la sal o se añade muy poca
levadura. Lo que a mi parecer no le quedó claro fue finalmente qué era lo que pensaba: ¿al fin no, o al fin sí?
Porque en su discurso fue enfático al afirmar que el banquete era un acto de homenaje, pero también uno de
protesta convocado por los civiles, "porque los soldados en ejercicio no tienen alternativa distinta que
acatar sin discusión". Repito: ¿al fin sí, o al fin no? Porque después asegura que "lo grave de esta ocasión
es que la solicitud atendida proviene de la insurgencia, con base no en providencias de la justicia de Estado
sino en sus prevenciones, prejuicios y estrategias". Pero un párrafo antes había dicho que "aunque hay
determinaciones que duelen y se deploran, su aceptación, llana y simple, en el estamento armado, es
indispensable como premisa del orden democrático". Insisto: ¿al fin no, o al fin sí? Finalmente, Alvaro
Uribe asegura en su discurso que se debe reexaminar el concepto, y lo escribe en mayúsculas, de
"HACER LA PAZ EN MEDIO DE LA GUERRA". Lo que solo conduce a la conclusión de que es mejor
hacer la paz en medio de la paz, y a la sensación de que nos están dando un consejo medio bobalicón.
¿Qué llevó a Alvaro Uribe a equivocarse por segunda vez, en materia tan innecesaria? Algunos dicen que
porque el ex gobernador de Antioquia le está apostando al fracaso del proceso de paz con las Farc y con el
ELN, evento en el cual la devolución del famoso péndulo de la política terminaría favoreciéndolo en las
próximas elecciones presidenciales. Esta tesis no es tan absurda, en el sentido de que ello realmente
podría llegar a suceder, pero lo que sí no quisiera creer es que las aspiraciones políticas de Alvaro
Uribe se estén construyendo sobre la base de que al país, a Colombia, a todos nosotros, las cosas en
relación con los esfuerzos de hacer la paz con la guerrilla terminen saliéndonos muy mal. Apostarle al
fracaso de los colombianos, así sea factible que él ocurra, no es un argumento atractivo para hacer política. Y
por eso, confrontándolo con su personalidad, descarto que ese haya sido el móvil que estemos intentando
descubrir. ¿Sería más bien que, ya 'engrampado' con el compromiso de asistir a ese banquete, le apostó a
que podría colocarse a la izquierda de todo ese auditorio de derechas, para marcar un contraste?
Interesante posibilidad, que no quedó plasmada en su discurso, abiertamente opuesto a las actitudes
osadas que el Presidente de la República ha asumido en materia de paz. Solo queda una tercera
posibilidad. Es tan irracional la forma como puso en juego su futuro político en un escenario tan
desaconsejado, antiinstitucional, inoportuno e inconveniente, que desde ya asumo la tesis de que lo hizo
por algo que Alvaro Uribe indudablemente tiene, así no estemos siempre de acuerdo con él: principios, y
carácter.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.