Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2010/10/22 00:00

Las Relaciones Colombia-Estados Unidos: ¿de la subordinación a la asociación?

Si se va a “hablar de tú a tú”, como se lo manifestó Santos a Obama en Nueva York, debemos recordar que EE.UU. no tiene amigos sino intereses (Kissinger).

Las Relaciones Colombia-Estados Unidos: ¿de la subordinación a la asociación?

Colombia ha tenido por diferentes periodos de su historia una posición de subordinación frente a los Estados Unidos (EE.UU.). Sin embargo, durante los ocho años de Uribe, la agenda internacional de Colombia se concentró extremadamente en el país del norte tanto en lo geográfico como en lo temático. En consecuencia, la adecuación de la Política de Seguridad Democrática a la lucha global contra el terrorismo de Bush generó una relación de subordinación y alineamiento de Colombia con EE.UU.

Dicho escenario, condujo tanto a un menoscabo de la tradición colombiana de privilegiar los escenarios multilaterales frente a las relaciones bilaterales como a un distanciamiento del país de otros referentes geográficos. Ni Latinoamérica ni Europa merecieron la atención de otras épocas. Es más, el retroceso respecto a Asia y África fue mayor.

No obstante, hemos venido señalando en reiteradas ocasiones, desde este espacio, que las primeras acciones del actual gobierno colombiano, con relación a la agenda internacional, esbozan los contornos de una nueva orientación de la política exterior colombiana, cuyo objetivo estratégico podría ser su diversificación geográfica y temática.

En este nuevo contexto, no es casual que se perfile una redefinición de las relaciones de Colombia con los EE.UU en la era Santos-Obama. Por tal motivo, ambos presidentes acordaron, en su primer encuentro personal en Nueva York el pasado 24 de septiembre, elaborar una nueva agenda bilateral que amplíe la relación más allá de los temas militares y estratégicos, tales como desarrollo social, desarrollo económico, medio ambiente, energía y derechos humanos.
 
En suma, las relaciones bilaterales no se pueden reducir a evitar la disminución de los fondos norteamericanos para el Plan Colombia y la aprobación en el Congreso estadounidense del TLC.

El “diálogo de alto nivel entre socios”, como ha sido denominado por ambas partes el proceso de reformulación de las relaciones bilaterales, comenzará el 25 de octubre de 2010 con la llegada a Bogotá de una comisión estadounidense de alto rango, encabezada por el subsecretario de Estado, James Steinberg, segundo de Hilarry Clinton, quien estará acompañado de un grupo selecto de altos funcionarios de la diplomacia norteamericana.

Más allá de estas primeras señales de cambio respecto a nuestro relacionamiento con el hegemón de la Posguerra Fría, surge la inquietud sobre el papel que juguemos en el marco de esa nueva estructura. Erróneamente, y fuera del contexto histórico mundial, se nos vendió retóricamente la idea por parte del anterior gobierno de que Colombia era el mejor aliado de los EE.UU en la región.
 
Esta interpretación amplia de un concepto de naturaleza militar, que expresa la capacidad de los miembros de una alianza para gestionar intereses geopolíticos más allá de sus fronteras (como la OTAN), no refleja en realidad las relaciones que hasta ahora hemos mantenido con EE.UU. Una alianza implica una estructura de relaciones simétricas entre sus miembros y no de subordinación.

Si se va a “hablar de tú a tú”, como se lo manifestó Santos a Obama en Nueva York, debemos recordar que EE.UU. no tiene amigos sino intereses (Kissinger). Reconozcamos nuestra identidad como país latinoamericano y comprendamos que el mundo avanza hacia una estructura poligonal, en cuyo contexto se va gestando una nueva distribución del poder global. No podemos jugar de pivote de los EE.UU., en una estrategia que busque hacerle contrapeso a los procesos de construcción de Sudamérica como los que lidera Brasil en forma asociativa y equitativa.
 
De la manera en que interpretemos nuestros intereses en este nuevo escenario mundial, podremos velar por ellos en una relación más simétrica y autónoma con los EE.UU., porque hasta ahora, utilizando la terminología tradicional de los grandes imperios, hemos sido uno más de sus tantos tributarios (Brzezinski).

* Director del Departamento de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana y Editor de la Revista Papel Político.
 

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