Lunes, 20 de octubre de 2014

| 2013/04/13 00:00

Las tasas de interés

El tecnicismo y la complejidad de las normas financieras desafía la comprensión de la población y explica su conformismo e indefensión.

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Es inaceptable que el Banco de la República reduzca la Tasa de Intervención a la que presta a los bancos, y éstos, de manera cínica y desvergonzada, aumenten las tasas de interés.
 
En Colombia el mercado financiero está desbordado; pero el Gobierno, por temor a mostrarse intervencionista, no lo admite, y ha terminado siendo complaciente con los abusos.

La tolerancia estatal acostumbró al ciudadano al sometimiento y la resignación. Baste recordar los despropósitos del sistema UPAC, o peor aun, el origen del impuesto del 4X1000 cuando el Estado antes que castigar a los bancos por incurrir en malos manejos, castigó a toda la población.

Es claro que el tecnicismo y la complejidad de las normas financieras desafía la comprensión de la población, lo que explica su conformismo e indefensión; también es claro, que la mayoría de los contratos financieros son asimétricos, lo que habitúa a los usuarios a la vejación y explica la falta de resistencia ante el atropello.

El Estatuto Orgánico del Sistema Financiero es un frondoso compendio de enmiendas y retazos normativos, en el qué se regula en favor de las instituciones financieras, olvidando que el usuario es motivo y razón de su vigencia. Sobrecoge que tan intrincado reglamento, tan solo dedique un raquítico artículo a la Democratización del Crédito, palanca y motor de progreso en las economías sanas.

Como desde hace varios años lo hemos propuesto, de haber algún día un nuevo régimen financiero, este debe establecer como premisa básica y fundamental, que el DTF sea la base de cálculo de todas las tasas, y a partir de él, se fije tope máximo a las tasas de colocación, remuneratoria, moratoria y de usura.

No se entiende cómo en la actualidad, la base de cálculo de estas tasas la fijan los mismos bancos a través del Interés Bancario Corriente (IBC), que es el promedio ponderado de las tasas que cobran.

Es claro que el actual Gobierno no está interesado en corregir las graves fallas que aquejan el mercado financiero; ni está interesado en reconocer que su actual estructura es dañosa, y solo buena para concentrar la riqueza en pocos a costa del expolio de todos.

Tampoco el Gobierno ha dado testimonio de tener capacidades para estructurar un nuevo modelo económico y menos aun, de querer exponerse a la reprobación de los banqueros en momentos que necesita de su apoyo para satisfacer su prurito reeleccionista.

Ante tan desalentador panorama, y de haber reelección, la nación tendrá que esperar varios años para instrumentar una reforma que restituya la justicia al mercado y genere expansión económica y progreso social, máxime, si para lograrlo se requiere de un estadista, y no de gobernante  afecto a las encuestas.

El presidente Santos malogró la oportunidad de articular las reformas que con urgencia requiere Colombia; pero por dedicarse a cultivar su imagen, sacrificó lo estructural por lo superficial, y de nada le sirvió haber sido elegido por una abrumadora mayoría y disponer de un Congreso dócil y obsecuente; así lo evidencian las fallidas reformas a la educación y justicia, y la improvisada reforma tributaria, sin hablar de las reformas a la  salud y pensional aun en suspenso.

Colofón: Con sus intromisiones políticas, el Fiscal General perdió su independencia y credibilidad; parece corifeo del Gobierno y no defensor del orden y la legalidad.

* Director de Rodríguez-Jaraba & Asociados. Consultor Jurídico en Derecho Comercial, Financiero y Empresarial. Profesor Universitario.

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