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Opinión

  • | 1985/03/18 00:00

    LAS VACACIONES DE CHERNENKO

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Todo parece indicar que Chernenko se subió al tejado. O por lo menos eso es lo que sugiere su larga desaparición, que se prolonga desde el 27 de diciembre pasado y que amenaza con repetir el caso protagonizado por su antecesor, Yuri Andropov, que desapareció durante 9 misteriosos meses, con la disculpa oficiál de que tenía "una gripita".
¿Reaparecerá Chernenko, al igual que Andropov, el día de su entierro?
El hecho de que se sepa que Chernenko probablemente se subió al tejado no es ninguna prueba de la extroversión soviética. Por el contrario, es algo que se ha concluido a partir de un sofisticado proceso de deducción de los medios de comunicación occidentales, que han partido, claro, de la evidencia que arroja la prolongada desaparición de Chernenko, mas una serie de "chismecitos" que, enfrentados al hermetismo soviético, cobran un exagerado valor probatorio que habría hecho aguar la boca de Sherlock Holmes.
Para empezar, el segundo secretario del Partido Comunista Soviético, Mikhail Gorbachev, considerado por muchos como el más probable sucesor de Chernenko, canceló a comienzos de enero un viaje a París, ciudad en la que se celebraba el 25 congreso del Partido Comunista Francés.
Esto, claro está, no habría significado gran cosa, si según la revista norteamericana TIME, dos semanas antes el Kremlin no hubiera anunciado la postergación de una conferencia a celebrarse con los líderes del Pacto de Varsovia. Pero, aun ello sería irrelevante, si por los mismos días el líder socialista alemán Willy Brandt, no hubiera anunciado también que su visita a Moscú, planeada para mediados de febrero, habia quedado cancelada por petición de los soviéticos.
En realidad, lo que vino a colmar la copa de la suspicacia occidental en relación con la enfermedad de Chernenko fue el súbito cambio de sede que a comienzos del mes de febrero sufrió el campeonato mundial de ajedrez entre Anatoli Karpov y Gary Kasparov, que se lleva a cabo en un elegante salón donde los lideres soviéticos que fallecen habitualmente son velados.
De no tratarse del trascendental relevo del Secretario General del Partido Comunista Soviético, el cambio de sede del campeonato mundial de ajedrez habría pasado vulgarmente inadvertido. Pero la misteriosa gasa con la que los soviéticos envuelven las enfermedades de sus líderes les ha enseñado a los occidentales a avisparse para que la caída del tejado de los "Chernenkos" no los deje peligrosamente desapercibidos.
Todo puede ponerse en duda, menos que Chernenko está gravemente enfermo. Puede que mejore, pues se sabe de ciegos que milagrosamente han visto y de paralíticos que han andado, pero sobre el diagnóstico de su mal ha sido dificil llegar a un acuerdo. Mientras unos dicen que sufrió un paro cardíaco, otros alegan que ha sido víctima de un derrame cerebral, y unos terceros insisten en que está afectado por una neumonía. Pero voceros oficiales del Kremlin insisten, en la tesis de que Chernenko, simplemente, está haciendo uso del derecho, que tienen todos los miembros del Politburó, de tomar un mes de vacaciones durante la temporada invernal.
Desde luego esta última teoria sería la más autorizada, si no fuera por lo sospechoso que resulta el lugar que Chernenko ha escogido para practicar sus deportes de invierno. Se trata del Hospital del Kremlin, en cuyas inmediaciones, desde que Chernenko optó por empacar maletas agentes de la KGB montan rigurosa guardia, con el objeto de que a ningún intruso se le ocurra satisfacer su curiosidad de averigurar cómo es que pasan sus vacaciones de Invierno los miembros del Politburó.
Todos estos chismes, que de no involucrar un cambio de guardia en el gobierno soviético nos obligarlan a sonrojar de intrascendencia, han desencadenado una seria balacera de apuestas acerca de quién es el más posible sucesor de Chernenko.
Como mencionamos anteriormente, las apuestas favorecen a Mikhail Gorbachev, quien recientemente se exhibido en Londres con su elegante esposa Raisa, que logró darle a Margaret Thatcher útiles leccíones de elegancia y "glamour" occidentales.
El problema de Gorbachev es su edad. Con "escasos" 53 años--es el más sardino del bloque de los más sardinos dirigentes soviéticos--, sus tendencias reformistas hacen que los lideres más conservadores de su pals vean su elección como una especie de epitafio: fácilmente Gorbachev podría perpetuarse 20 años en el poder.
En contraste, los 73 años del actual ministro de Relaciones Exteriores, Andrei Gromyko, lo convierten en un candidato apetecible, irónicamente,por la posibilidad de que no viva muchos años mas. De lograr Gromyko la sucesion de Chernenko sería un triunfo póstumo de Brezhnev, que permitió su firme ascenso al poder. Haciendo gala de un exquisito olfato político, Gromyko se dedicó a conquistar a Brezhnev llamándolo "Lyonya" (que viene a ser algo parecido a "Leoncito"), y practicando con él su deporte favorito, la cacería.
El tercer candidato es Grigori Romanov. Aunque es considerado el "Jeanne Krikpatrick" del Kremlin por su línea dura y conservadora, su edad, 61 años, es vista como ideal, por cuanto de resultar elegido sucesor de Chernenko no les arrebataría la ilusión a los más viejos pero tampoco les alimentarla demasiado pronto la de los más jóvenes.
Es la tercera vez, en tres años, que la sucesion del liderazgo de la URSS pone en ridículo las mas osadas historias de espionaje. El temor de reconocer que su líder está gravemente entermo na obligado a Interpretar a los "kremlinólogos" occidentales que la principal debilidad de los soviéticos consiste en su insistencia de proyectar un fuerte liderazgo. Aunque evidentemente se trata, como muchos señalan, de un régimen autocrático, dictatorial y casi monárquico, carece de los mecanismos adecuados para asegurar una ordenada transferencia del poder. No están preparados, evidentemente, para que sus líderes sufran "gripitas" o resuelvan tomar vacaciones invernales. Pero ahora el problema es más grave, pues aun cuando hay tejados que duran 100 años, no hay cuerpos que resistan encaramados.
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