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Opinión

  • | 2011/11/28 15:00

    Las verdades de 'Valenciano'

    Este narcotraficante no alcanzó ni autoridad ni el poder necesario para considerarlo un capo, pero tiene verdades por revelar. Su poderío fue de pocos años y para sobrevivir se unió a 'Los Urabeños'.

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Seamos claros: con la captura de alias ‘Valenciano’ no se acabó la criminalidad en ningún lado, máxime cuando él ya había cedido su poder en Medellín a ‘Los Urabeños’. Lo que debería exigirse, tal como ha ocurrido con los exjefes paramilitares de las Auc, es que el proceso judicial en su contra devele asuntos estructurales de ese negocio ilegal y queden en evidencia aquellos que, de saco, corbata o de uniforme, nutren su dinero plástico con el capital que genera la cocaína.
 
Hace unos meses me entrevisté con un hombre de amplia experiencia en el bajo mundo criminal del Valle de Aburrá que hoy paga por ello en un penal del país. Lo busqué por asuntos académicos, y hablando de alias ‘Valenciano’ me confirmó una de mis hipótesis de trabajo: Él no está solo, tiene una estructura superior con la que ha tenido que hacer alianzas no solo para sobrevivir, sino para ampliar su negocio del narcotráfico. “Su autoridad es ahora muy limitada”, me dijo.
 
Y esas alianzas se construyeron con la organización criminal conocida como ‘Los Urabeños’, que tiene como a sus jefes principales a los hermanos Dairo y Juan de Dios Úsuga David, y a Henry de Jesús López, alias ‘Mi Sangre’, justamente en un esfuerzo del narcotraficante para continuar en el negocio de la exportación de cocaína a los mercados de Centroamérica, Estados Unidos y Europa.
 
No fue fácil ese acuerdo. Estuvo precedido por un duro enfrentamiento armado entre ellos en Medellín y el Bajo Cauca antioqueño. Para solucionar este problema apareció alias ‘Mi Sangre’, un enlace de los hermanos Úsuga y quien hoy aparece en los organigramas policiales en la parte superior de ‘Los Urabeños. “Él ayuda a superar las diferencias entre el clan Rendón Herrera y ‘Valenciano’”, me cuenta mi fuente.
 
Pero con quien no pudo alcanzar acuerdos fue con Eric Vargas, alias ‘Sebastián’. Con él, libró una guerra frontal por el control de la llamada ‘Oficina de Envigado’. Ese enfrentamiento era más una cuestión de orgullo que un objetivo central de su intención criminal.
 
“Esa guerra es de egos”, me dijo el hombre con el que hablé. Y lanzó una frase contundente: “Donde dejaran de ser enemigos, la ‘Oficina’ sería de grandes proporciones”. Lo lamentable es que en esa confrontación han perdido la vida cientos de jóvenes que se involucraron atraídos por el poder de las armas y el dinero.
 
Sin embargo, los intereses de ‘Valenciano’ no estaban centrados en el dominio de las plazas de venta al menudeo en las esquinas de los populosos barrios de Medellín ni en la extorsión de tiendas y transportadores. Su mira estaba puesta en el negocio del narcotráfico a gran escala y para ello ya tenía la confianza de ‘Los Urabeños’, a quienes les entregó el control de algunos sectores de la ciudad como aporte a su relación criminal con el fin centrarse en la Costa Atlántica y olvidarse de la guerra con alias ‘Sebastián’.
 
Investigadores judiciales en Cartagena me revelaron información que da cuenta de la expansión de alias ‘Valenciano’ con su estructura de ‘Los Paisas’ a esa ciudad. Lo que hizo este narcotraficante fue “exportar” de las comunas de Medellín algunas bandas hacia la ciudad amurrada con el fin de consolidar una red criminal que le permitiera fortalecer su negocio ilegal.
 
Alias ‘Valenciano’ concentró sus hombres en algunos barrios de esa ciudad costera, quienes han venido trabajado en la cooptación de miembros de las pandillas con el fin de construir un tejido que les permita tener un amplio anillo de seguridad que les proteja los cargamentos de cocaína que sacan por algunos sitios de la costa cartagenera hacia altamar.
 
Si en algún lugar del país se puede sentir con fuerza la captura de alias ‘Valenciano’ será en la Costa Norte, sobretodo en Cartagena, donde en sus puertas de entrada están ‘Los Rastrojos’, mirando con ambición lo que hoy poseen ‘Los Paisas’.
 
La corta, pero intensa, vida criminal de alias ‘Valenciano’ está llena de verdades, del pasado y del presente, que ojalá pudiera revelar en algún estrado judicial, sea en Colombia o Estados Unidos, que contribuyan no solo a atacar el negocio ilegal, sino a descubrir quiénes, desde la legalidad, se han beneficiado con la riqueza que deja la exportación de cocaína.
 
La historia indica que este hombre llegó muy joven, de 16 años, a las filas de una banda en Itagüí, donde empezó su vida criminal. Allí fue reclutado por Diego Fernando Murillo Bejarano, alias ‘don Berna’, quien lo empleó en labores sicariales por varios años, antes de enviarlo a la Costa Norte para afianzar negocios con el Bloque Norte de las Auc. Eso fue a finales de la década del noventa.
 
De sus años al lado de alias ‘don Berna’, Bonilla Orozco debería hablar, para que se conozca quiénes estaban detrás del negocio del narcotráfico desde la legalidad. La llamada ‘Oficina de Envigado’ no fue solo un club de sicarios, allí confluyeron industriales, comerciantes, transportadores, a poner sus aportes en el envío de cocaína al exterior con el ánimo de multiplicar rápidamente su inversión. También se tuvo relaciones con políticos, funcionarios locales y regionales, miembros de la fuerza pública y organismos judiciales. Esa historia poco se conoce.
 
Pero como el negocio del narcotráfico es dinámico y la influencia de ‘Valenciano’ en el norte del país, desde el Bajo Cauca hasta la Guajira, es notoria. Ese es el presente y de ello también debería hablar para conocer sus actuales alianzas en esas regiones del país. No se puede tener un emporio criminal sin ellas. No se ha tenido en el pasado, mucho menos ahora. Además, la historia ha demostrado que el entramado del narcotráfico es demasiado complejo para depender de un solo hombre.
 
* Periodista y docente universitario.
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