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Opinión

  • | 2012/05/04 00:00

    "Lavar los platos para lavar los platos"

    San Francisco de Asís decía que debemos empezar por hacer lo que es necesario, después por lo que es posible y así nos daremos cuenta de que hemos hecho lo imposible.

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“No sé hasta qué punto es bueno estar yendo al futuro y al pasado constantemente; no sé si eso es una cualidad o un defecto…”, me dijo hace poco una persona que está sufriendo mucho a raíz de la terminación de su relación de pareja. Lo que más lo está haciendo sufrir, más allá del hecho de no estar con su pareja, de no tener el apoyo que tenía, la cotidianidad, la costumbre y la tranquilidad que le daba el hecho de estar acompañado, lo que más lo está haciendo sufrir a diario es imaginarse en cómo va a ser su futuro sin ella y en qué cosas hubiera podido hacer diferente cuando estaban juntos. Y vivir el presente en función de lo que ya no puede cambiar (el pasado) y de lo que no sabe si va a llegar (el futuro), lo estaba haciendo convivir con una ansiedad constante, “desesperante” –dice él- porque le está impidiendo vivir su presente.

“Mientras lavamos los platos debemos solamente lavar los platos. Eso significa que mientras estamos en esa tarea, debemos estar completamente conscientes de que eso es lo que estamos haciendo: lavando los platos. Puede parecer estúpido e incluso podríamos preguntarnos para qué ponerle tanta atención a una cosa tan simple: ese es justamente el punto, la simplicidad de la tarea. El hecho de estar parado lavando los platos es una maravillosa realidad en la que cada persona simplemente está ahí, consigo misma, siguiendo su respiración, consciente de su presencia y consciente de sus acciones y pensamientos. Y estando así, no hay manera de dejarse llevar por la mente, como se deja llevar una botella por las olas del mar” (Hanh, T. (1975). “The miracle of mindfulness”).

Thich Nhat Hahn, el monje budista que escribe lo anterior, tiene una capacidad admirable para poner las cosas más complejas y más difíciles de lograr, en ejemplos cotidianos y muy sencillos que por eso mismo a veces se nos pasan desapercibidos. Estamos tan acostumbrados a vivir la vida en función de los grandes viajes, los grandes placeres y las grandes “maravillas del mundo”, además de estar planeando constantemente lo que va a ser nuestro futuro, que olvidamos la importancia de reconocer las maravillas del mundo que se presentan a diario: en el día a día, en el presente. Si fuéramos capaces de vivir cada cosa del día, cada evento, cada situación estando ahí, en el momento y en la situación misma, gran parte del sufrimiento y la ansiedad que a todos nos atormenta con frecuencia, empezarían a disminuir de manera notable. Y así empezaríamos realmente a gozar y disfrutar la vida.

Ser previsivo respecto al futuro y poder recordar el pasado es una maravillosa capacidad que tenemos los seres humanos. Nada malo tiene recordar momentos vividos, que pueden ir desde cosas tan sencillas como el desayuno de la mañana, hasta cosas más lejanas como el cumpleaños del año anterior, las vacaciones de hace tres años, las experiencias en el colegio, el paso por la universidad, los paseos con los amigos, etc. De igual manera, es maravilloso poder soñar e imaginarse el futuro que queremos vivir, además de ser útil para cosas tan pragmáticas como planear un viaje al exterior, sobre todo en el caso de un colombiano que debe cumplir con tantos requisitos y “papeleos” para poder salir del país. En ese sentido, el problema no está en el hecho mismo de ‘viajar mentalmente’ en el tiempo; el problema es que no sabemos vivir el presente.

¿Cuántas personas lavan los platos en la noche pensando en el programa de televisión que van a ver después? ¿Cuántos se visten en la mañana y mientras se apuntan la camisa, están pensando en todo lo que tienen pendiente en la oficina? ¿Cuántos se sientan a escuchar a la persona que tienen en frente sin estar pensando en las cosas que tienen pendientes? ¿Cuántos se sientan a la mesa a desayunar, almorzar o comer sin pensar en nada distinto a estar ahí sentados disfrutando de los sabores, las texturas y demás cualidades de la comida? Como dice Thich Naht Hanh, parece estúpido ponerle tanta atención a cosas tan sencillas, pero si cada persona se detiene a responder esas preguntas, acabará dándose cuenta de que son muy pocas las veces que está en su presente: lavando los platos, abotonándose la camisa, lavándose los dientes, disfrutando la comida, conversando conscientemente con otra persona, etc.

Este hombre que con lágrimas en los ojos me expresaba su desesperación al darse cuenta de que no lograba enfocarse en su presente a raíz de la “tusa”, empezó a darse cuenta de que no sólo estando “entusado” vivía en “antes y después”; esta experiencia específica le permitió ver que, en general, esa había sido la manera como había vivido su vida hasta el momento. Pero como nos tiende a pasar a todos, sólo cuando se sintió tan angustiado y triste pudo empezar a generar los cambios que hacía tanto tiempo necesitaba para vivir más tranquilo y contento. Por fortuna, nunca es tarde para hacerlo.

Es así como poco a poco él ha empezado a desarrollar la conciencia de vivir su presente: en la práctica de cosas tan sencillas como abotonarse la camisa, tomarse un jugo en la mañana e ir en el carro rumbo al trabajo estando ahí, sin pensar en qué va a hacer cuando salga de la oficina, en qué va a almorzar ese día, sin tener el celular en la mano mandando mensajes y mails. Simplemente estando ahí, metiendo los cambios y manejando. Aunque parece una cosa muy sencilla, en la práctica es exigente porque basta con pedirle a la mente que se enfoque en una sola cosa para que ‘ella’ empiece a buscar todo tipo de distracciones.

Lo importante en cada momento es evitar caer en la paradoja de pensar en no pensar, porque eso es ya pensar dos veces (Nardone, 2009). En otras palabras, si la mente empieza a pensar en todo menos en el presente, ser conscientes de que eso es lo que está pasando, y aprender a observarlo tranquilamente en lugar de combatirlo, eventualmente permite que la mente pueda vivir el presente y por ende, nosotros vivimos más tranquilos. San Francisco de Asís decía que debemos empezar por hacer lo que es necesario, después lo que es posible y así nos daremos cuenta de que hemos hecho lo imposible. Empezar por lavar los platos lavando los platos nos va a permitir gozar el instante, sabiendo que lo único real es el presente, porque el pasado ya pasó y el futuro aún no está.

*Psicóloga – Psicoterapeuta Estratégica
ximena@breveterapia.com
www.breveterapia.com
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