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Opinión

  • | 2015/03/21 22:00

    Ellos lo vieron primero

    Echeverri y Restrepo vieron el monstruo nacido de la mano de sectores de las elites políticas y empresariales. Vieron el paramilitarismo en su cuna de Urabá y Antioquia, y llamaron la atención sobre el dolor que causaría.

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La muerte de Nicanor Restrepo sacudió mi memoria. Había hablado con Gilberto Echeverri Mejía en el aeropuerto José María Córdova, en Rionegro, a principios de 1998, cuando aún era ministro de Defensa. Me había dicho que estaba muy preocupado con la actitud de un sector importante de las elites antioqueñas, que estaba poniendo los huevos en dos canastos y uno de ellos era el de la ilegalidad. Se refería al apoyo que le estaban dando en algunas regiones y en el propio Medellín a los paramilitares. Me dijo, también, que la salvación eran personas como Nicanor Restrepo que no daban su brazo a torcer.

El comentario me llegó al alma. Eran días de zozobra. Carlos Castaño había asesinado en Montería a dos compañeros partícipes del proceso de paz que nos había llevado a la vida civil. Otro de mis compañeros había desaparecido en Medellín y presumíamos que lo tenía secuestrado Castaño en su cuartel general en la zona de Urabá. Estaba buscando afanosamente comprender la situación y frenar la ola de agresiones. Me fui a hablar con Nicanor. Solo para entender, solo para darle sentido a lo que me había dicho Gilberto Echeverri.

Me recibió amablemente y por más de dos horas estuvimos conversando de la situación del país, de la paz que habíamos firmado y de la violencia que azotaba a Antioquia. Comprendí el alcance de las palabras de Echeverri. Para Nicanor Restrepo se estaba desarrollando un fenómeno igual o más peligroso que las guerrillas, pero sobre todo más poderoso que ellas. Salí aterrado de la reunión. Al poco tiempo, en compañía de garantes internacionales, una delegación de nuestro grupo de desmovilizados fue a hablar con Castaño para reclamar a la persona secuestrada y parar los asesinatos. Pero Lucho ya había muerto a manos de los paramilitares. Salí del país por cerca de año y medio con un enorme sentimiento de impotencia.

Cuando regresé ya estaban en curso las negociaciones con las Farc en el Caguán. Conocí los esfuerzos que hizo Nicanor Restrepo para que estas conversaciones terminaran en un acuerdo de paz. En una larga entrevista para hacer un libro sobre el itinerario del Caguán, me contó con detalles el debate que se generó alrededor de la propuesta de las Farc de hacer un experimento piloto de erradicación de 12.000 hectáreas en Cartagena del Chairá para sustituirlas por cultivos de guayaba caqueteña. Él, que sabía de emprendimientos económicos le dijo a Pastrana que valía la pena intentar este proyecto porque, aunque resultaría muy difícil que los cultivos de guayaba resultaran rentables, era más barato promoverlos que acabar con la coca por la vía de las fumigaciones y de la persecución a los campesinos cocaleros.

También Gilberto Echeverri fue un gran animador de las negociaciones de paz con las Farc y con el ELN en tiempos de Pastrana. Lo había sido durante su ministerio de defensa en el gobierno de Samper, en una actitud que a mucha gente le parecía muy extraña. No entendían que un ministro que tenía por oficio hacer la guerra se la pasara hablando de la salida negociada al conflicto armado.

La muerte de Echeverri a manos de las Farc en uno de los operativos de rescate más descabellados -pero más aplaudidos- que emprendió Uribe fue una triste y dolorosa ironía de nuestro conflicto armado. Un hombre que se jugó su prestigio en el Ministerio de Defensa y en la vida pública buscando la paz con las Farc es secuestrado por esta guerrilla y muere en sus manos. Pero no deja de ser también irónico y doloroso que una enfermedad se nos lleve a Nicanor Restrepo en un momento en el que su visión y sus ideas tienen una enorme vigencia.

Ellos dos vieron el monstruo que había nacido de la mano de sectores de las elites políticas y empresariales. Vieron el paramilitarismo en su cuna de Urabá y Antioquia. Ellos llamaron la atención sobre las oleadas de violencia que desataría este monstruo inatajable y sobre el dolor que causaría a la sociedad antioqueña y al país entero.

Ahora las fuerzas políticas y empresariales que promovieron el paramilitarismo y que se lucraron de él viven un mal momento. Por todos lados revientan procesos judiciales y la sociedad empieza poco a poco a tomar distancia de ellos. Ahora la idea de la salida negociada a la confrontación con las guerrillas ha tomado una fuerza inusitada y en las conversaciones de La Habana se ha pactado una política frente al narcotráfico, que tiene la traza que había previsto Nicanor Restrepo. Pero ellos lo vieron primero y me duele en el corazón que no estén en la vida para saber que miraban siempre más lejos que sus pares en el empresariado y en la política.
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