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Opinión

  • | 2014/05/25 00:00

    En el penúltimo asalto

    La estrategia del expresidente ha sido restarle a su enemigo, paso por paso, puntos en la opinión recurriendo a los miedos, a los odios y a las desconfianzas de los colombianos.

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Estamos en el penúltimo asalto de una grave disputa de cuatro años. Ese es el significado de las elecciones de este domingo 25 de mayo. El penúltimo ha sido un round dramático. Uribe y Zuluaga, temerosos de que los sacaran del cuadrilátero –y en su lugar entrara la izquierda a la pelea con Santos– se lanzaron con toda a demoler el rival y a polarizar la campaña y para ello acudieron a los golpes bajos más escabrosos. Fue una acción desesperada que logró su objetivo aunque, quizás, a un costo muy alto para acometer con fuerza el último asalto, el de la segunda vuelta presidencial.

A lo largo de la pelea no han sido pocos los golpes que Santos le ha propinado a Uribe. La estrategia del presidente ha sido despojar a su rival del apoyo de los operadores políticos utilizando el gran poder del Estado. Le arrebató el Partido de la U y la mayoría del Partido Conservador, le desbarató la coalición que lo había acompañado en su segundo mandato y lo obligó a crear un nuevo partido: el Centro Democrático. Lo derrotó en las elecciones locales de 2011. Contribuyó a destaparle graves escándalos de corrupción y a que muchos de los colaboradores más cercanos terminaran huyendo del país o en la cárcel. Le ha horadado su imagen en la comunidad internacional.

Los golpes que le ha dado Uribe a Santos no han sido menores. La estrategia del expresidente ha sido restarle a su enemigo, paso por paso, puntos en la opinión recurriendo a los miedos, a los odios y a las desconfianzas de los colombianos o aprovechando los eventos desafortunados del gobierno para ahondar en el repudio.

Con una malicia infinita sembró incertidumbres y rechazos sobre las negociaciones de La Habana; llamó a desconocer el fallo de La Haya que le arrebató a Colombia una rica porción del mar territorial y se la entregó a Nicaragua e impugnó una por una las salidas diplomáticas que Santos se inventó para aplazar o limitar la aplicación de la decisión de la Corte Internacional de Justicia; participó activamente en el paro nacional agrario de 2013 que le restó 30 puntos de favorabilidad al presidente; aprovechó la estruendosa caída de la reforma de la Justicia y sus seguidores levantaron la tesis de la Asamblea Constituyente; estimuló la ruptura del expresidente Pastrana con el gobierno y el lanzamiento de Marta Lucía Ramírez como candidata de una facción del conservatismo; utilizó cada momento de crispación en Venezuela para asociar a Santos con Chávez o con Maduro.

En esta larga confrontación los dos contendores se han hecho mucho daño. Tanto que hasta hace 15 días Santos apenas tenía el 25 por ciento de la intención de voto y el candidato de Uribe, Óscar Iván Zuluaga, no llegaba al 15 por ciento; tanto que el candidato Enrique Peñalosa a nombre de la Alianza Verde –un movimiento que dada su actual composición podríamos definir en la centro-izquierda– se perfilaba para desplazar a Zuluaga y ganar su paso a la segunda vuelta; tanto que Clara López, una candidata de la izquierda pura, ha logrado articular una gran campaña política y situarse por momentos al mismo nivel de Zuluaga y Peñalosa en las encuestas.

Así empezó el penúltimo asalto. Entonces el uribismo decidió jugar sus restos para no dejarse sacar de segunda vuelta y para evitar que, aun con la baja popularidad, Santos se alzara con un triunfo tranquilo el 15 de junio. La apuesta fue dura. El mensaje es descabellado pero muy eficaz: tenemos que atajar a Santos que le está entregando el país al castro-chavismo. Las acciones saltaron por encima del decoro y la legalidad: se pusieron en la tarea de recolectar, fabricar y difundir información para golpear el proceso de paz de La Habana recurriendo a una red de espionaje y además se inventaron la gran mentira de que a la campaña de Santos de 2010 habían entrado 2 millones de dólares de la mafia.

El resultado fue apoteósico. Sacaron a Peñalosa de segunda vuelta. Y lograron más: las encuestas empezaron a dar como ganador en primera y en segunda vuelta a Zuluaga. Fue un golpe descomunal. Solo que faltaba el minuto final del asalto y en ese lapso aparecieron los videos que incriminan a la campaña de Zuluaga en el espionaje y se esfumó la acusación de la entrada de los dólares a la campaña de Santos. Si Zuluaga pasó a segunda vuelta, llega tan cargado de ilegalidades y mentiras que sufrirá allí una grave derrota.
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