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Opinión

  • | 2017/05/27 22:15

    No están Uribe y las Farc

    Lo que más desconcierta es que, en medio de 28 grandes escándalos de corrupción o de trato con ilegales originados en su gobierno, todavía una franja importante de las personas consultadas dicen que votarán por el candidato que señale Uribe.

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Las dos encuestas presidenciales que salieron esta semana –la de Invamer y la de Cifras y Conceptos– esconden más de lo que dicen. Sin la definición de Álvaro Uribe y de las Farc no hay nada claro. El apoyo de Uribe a un candidato y la postulación de un nombre por parte de la guerrilla una vez se desarme completamente le darán un vuelco a los sondeos. Por eso a un año de la contienda electoral las cosas están menos definidas y más confusas que de costumbre. Aun así los datos de estas consultas a la ciudadanía revelan algunas tendencias.

No se necesita un gran esfuerzo intelectual para establecer la importancia que tiene la definición del expresidente Uribe en esta campaña presidencial. Llevó a Santos en 2010 al Palacio de Nariño y estuvo a punto de llevar a Zuluaga en 2014. Dos políticos sin mayor liderazgo y arrastre en la opinión. Luego, contra todos los pronósticos, impuso el No en el plebiscito de 2016.

Lo que más desconcierta es que, en medio de 28 grandes escándalos de corrupción o de trato con ilegales originados en su gobierno, todavía una franja importante de las personas consultadas dicen que votarán por el candidato que señale Uribe y, además, el Centro Democrático, partido que dirige en forma autocrática, registra el mayor número de adeptos en estas encuestas.

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Uribe hará saltar su candidato a los primeros lugares en la lista de aspirantes y, a la vez, sacará del juego a competidores que dependen de su apoyo para seguir en la contienda. De ese lote hacen parte varios líderes del Partido Conservador. Esto es, desde luego, una situación atípica. El que un candidato dependa más del guiño de un jefe político que de sus propias cualidades o de la manifestación democrática de un agrupamiento partidario no es lo normal. Pero así ha sido la política colombiana en los últimos años.

El impacto que tendrá la postulación de las Farc o la adhesión de esta fuerza -convertida en partido político- a un candidato no será menor. Ese día se crispará el ambiente electoral. Las fuerzas de la derecha van a aprovechar el momento para radicalizar la disputa por el Congreso y por la Presidencia. Van a echar mano de todos los fantasmas que agitaron a lo largo de las negociaciones de paz.

Ahora bien, el éxito o el fracaso de esta fuerza política dependerá de la prontitud de su desarme y de las decisiones que tome en su congreso del mes de agosto. Si insisten en darle un carácter marxista-leninista a su movimiento -tal como lo afirman en las tesis que pusieron a circular en el mes de abril- están fritos. Esos grupos han sido completamente marginales en Colombia.

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Tienen chance de crecer, conquistar una respetable bancada parlamentaria y jugar duro en la campaña presidencial si toman la bandera de la reconciliación en sus manos, crean un movimiento pluralista, hacen del acuerdo de paz su programa de gobierno y apoyan un candidato presidencial al centro del espectro político. Con definiciones de este tipo podrían morder una tajada de los electores que votaron Sí en el plebiscito del 2 de octubre y generar cambios importantes en el mapa de la izquierda.

La polarización no se desvanece. Al contrario, se mantiene en todo su furor. Las dos encuestas ponen en primer lugar a Germán Vargas Lleras y en segundo lugar a Gustavo Petro. Pues bien, esos dos candidatos, en ausencia de una definición de Uribe y de las Farc, representan a los dos polos de la contienda. No obstante, Claudia López y Sergio Fajardo, que quieren poner en primer lugar la discusión de temas distintos a la paz y romper la polaridad entre izquierda y derecha, tienen un puesto importante en la mitad de la tabla. Sorprende el crecimiento de Claudia López.

Pero sorprende más que la baraja de candidatos independientes o de izquierda -en un país que hasta hace muy poco giraba en torno a unos partidos y a unos liderazgos tradicionales- tengan una suma tan alta en la Gran Encuesta que realiza Invamer y auspician SEMANA, Caracol TV y Blue Radio. Petro, Fajardo, Clara López, Claudia López, Jorge Enrique Robledo y Piedad Córdoba recogen el apoyo del 45,4 por ciento de los encuestados.

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Y una última anotación. En el análisis de las encuestas que realizaron los directores de estos tres medios de comunicación – Alejandro Santos, Juan Roberto Vargas y Néstor Morales– resaltaron que los encuestados consideran que los tres grandes problemas del país son el desempleo, la salud y la corrupción, muy lejos de las otras preocupaciones. La paz está en un noveno lugar y apenas un 2,4 por ciento de los consultados la considera el tema principal.

Se preguntaron si esto significa que la campaña presidencial girará en torno a los tres grandes problemas y los electores escogerán entre quienes mejores propuestas agiten en estos aspectos. No creo que esto ocurra. La campaña tendrá un muy alto ingrediente emocional y los temas derivados de los acuerdos de paz son los que más polarización producen. Resultará muy difícil salir de esos debates.

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