Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2015/12/19 21:00

Si Chávez estuviera vivo

Solo un verdadero estratega retrocede en la adversidad o regula sus fuerzas en medio de una ofensiva aparentemente exitosa. Esa es una habilidad muy escasa, Chávez la tenía.

León Valencia Foto: Guillermo Torres

¿Qué estaría haciendo Hugo Chávez ante la enorme derrota electoral y la aguda crisis económica que golpea a Venezuela? Voy a aventurar una hipótesis seguramente controversial y quizás abusiva: Chávez estaría tramitando su retiro de la Presidencia del país. Para hacer esta conjetura me apoyo en tres grandes acontecimientos en los cuales el líder político venezolano dio marcha atrás y empezó de nuevo.

El primero, el 4 de febrero de 1992 cuando, después de intentar un golpe de Estado, reconoció que había fallado, aceptó declinar la rebelión en una alocución por televisión, en la que dijo: “Lamentablemente, por ahora, los objetivos no fueron logrados”. Se replegó, aceptó la cárcel, se puso, obsesivamente, en la tarea de corregir los errores que había cometido, especialmente aquel de echar mano de la fuerza en vez de buscar el favor de los venezolanos en las urnas y después de siete años de andar en lides políticas, el 6 de diciembre de 1998 ganó ampliamente las elecciones.

El segundo, el 12 de abril de 2002, ante una cadena de protestas ciudadanas orientadas por la cúpula empresarial y la acción golpista de un sector de las Fuerzas Armadas, Chávez se retira de la Presidencia y es llevado a unas instalaciones militares de donde es rescatado dos días después por sus partidarios y devuelto al Palacio de Miraflores. Fue un retiro calculado, medido, en el cual Chávez pudo ver dónde estaban los focos de la inconformidad y descubrir uno por uno a los militares, a los políticos y a los empresarios que estaban en procura de sacarlo del poder. De ahí en adelante se dedicó a una minuciosa labor de depuración de las Fuerzas Militares y a una juiciosa tarea de demolición de la oposición abierta o soterrada.

El tercero, se produjo al llegar Juan Manuel Santos a la Presidencia de Colombia. Chávez, que estaba alentando a las guerrillas colombianas a intensificar el conflicto armado y que había desatado una campaña de ataques al gobierno de Uribe, atendió inmediatamente el llamado de Santos a un proceso de normalización de las relaciones y se consagró a trabajar de manera discreta pero eficaz por la paz de nuestro país poniendo toda su influencia en función de llevar las guerrillas a la mesa de conversaciones.

Solo un verdadero estratega retrocede en la adversidad o regula sus fuerzas en medio de una ofensiva aparentemente exitosa. Esa es una habilidad muy escasa. Solo unos pocos la tienen. Chávez la tenía. No creo que Nicolás Maduro y Diosdado Cabello sean capaces de semejante proeza. Pero retirarse ahora, pactar una transición pacífica, buscar los cauces institucionales para entregar la Presidencia y asumir la condición de fuerza de oposición sería la salida más inteligente y la más rentable para el futuro del chavismo. También sería un gran alivio para Venezuela.

La brutal caída de los precios del petróleo, la infinita desmesura de la inflación, la derrota de la izquierda en países vecinos, la presión internacional sobre el gobierno de Maduro y la impresionante polarización interna no dejan campo para maniobras económicas y sociales orientadas a paliar la situación. No es temerario decir que Venezuela podría ir en los próximos meses a fenómenos de hambruna y desespero social nunca vistos.

Retirarse para sacudirse de la corrupción que ha afectado las filas chavistas, para entender las graves limitaciones del proyecto populista en el terreno económico, para repensar la importancia de los valores democráticos, para reorganizar las fuerzas y para servir de muro de contención a cualquier pretensión de la derecha de arrasar con las conquistas sociales. Retirarse ahora como Chávez lo hizo en su momento.

Seguramente, en un día no muy lejano el chavismo tendrá una nueva oportunidad de gobierno. Porque la izquierda ha hecho aportes sociales indiscutibles en Venezuela. Ha sacado a millones de personas de la pobreza, ha generado una gran ola de participación política y ha reducido la brecha entre pobres y ricos. Eso nunca lo olvidarán los sectores populares y algunos sectores de las clases medias.

El retiro, la reflexión, la autocrítica y la renovación son el mayor reto que afrontan los herederos de Chávez y valdría la pena que le echaran un vistazo a la historia de su caudillo, a su innegable capacidad para retirarse y regresar, avanzar cuando es posible y retroceder cuando es obligatorio. No es un reto exclusivo para la fuerzas chavistas, también en otros lugares de América Latina las izquierdas han estado o están ante la disyuntiva de quedarse saltando por encima de las reglas de juego y golpeando la institucionalidad o retirarse de manera ordenada.
 
Es el caso del peronismo en Argentina, del Partido de los Trabajadores en el Brasil, de los seguidores de Correa en Ecuador y de Evo Morales en Bolivia. Apartarse del poder sin tremendismos, sin ánimo autodestructivo, porque el juego democrático moderno es así, los gobiernos se desgastan, se envilecen con el paso del tiempo y las corrientes políticas que los soportan tienen que aceptar que la alternación, el péndulo, es de la esencia de la democracia contemporánea.

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