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Opinión

  • | 2003/09/29 00:00

    Leyendo a Juan Bobo

    Las personas que hablan como el dueño de 'El Colombiano' creen que cuando uno critica alguna lacra de 'la patria' está siendo antipatriota

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En unos meses o semanas, cuando el dueño de periódicos y senador de la República Juan Gómez Martínez consiga hacer pasar su proyecto de ley para meter en la cárcel a los columnistas que publiquen escritos que afecten el buen nombre de alguien "sin fundamento o prueba controvertida", ya no podré poner títulos como el que encabeza este artículo. Yo tengo pruebas incontrovertibles (pruebas de mi oído) de que el ingeniero Gómez Martínez es conocido así, como Juan Bobo, en Medellín, pero no tengo fundamento alguno, ni ninguna prueba, de que el adjetivo sea adecuado. Es más, yo creo que es mucho más vivo que bobo, y voy a tratar de demostrarlo (antes de que salga la ley y yo tenga que ir a la cárcel), no con pruebas incontrovertibles, sino con argumentos razonables, que es con lo que trabajamos los periodistas de opinión (la opinión es doxa, no dogma).

Hace dos semanas, por ejemplo, el senador Gómez Martínez, desde su columna en El Colombiano, entró a terciar en la polémica entre el presidente Uribe y las ONG. ¿Qué dijo? Escribió, con esa gramática que es tan sólo suya, que entre las Organizaciones No Gubernamentales hay unas horribles, de extrema izquierda, dañinas a la patria, pero que en cambio hay otras "que han y siguen prestando unos servicios muy valiosos". Y a continuación puso ejemplos: el Club Rotario, la Cruz Roja y el Club de Leones (le faltaron los padres esculapios). No era una ironía; tampoco estaba haciendo un chiste. Más bien, como es típico entre los vivos, se estaba haciendo el bobo.

Cuando el senador y dueño de El Colombiano habla de derecho a la información, hace frases tan enfáticas y perentorias como esta: "Por la patria, todo; contra la patria, nada". Es decir, que sólo se deben publicar artículos a favor de la patria. En general las personas que hablan así son de las que creen que cuando uno critica alguna lacra de "la patria" está siendo antipatriota. Y a ese paso, como le decía el director de un medio, podríamos pasar a otras fórmulas: "Por la religión, todo; contra la religión, nada. Por la familia, todo; contra la familia, nada. Por el gobierno, todo; contra el gobierno, nada". En fin, por ese despeñadero iría cayendo sobre el periodismo la mordaza total.

Hace poco tiempo el 'Grupo de Dirección' de El Colombiano (el periódico del senador Gómez) envió una circular a todos sus columnistas en la que les prohibía referirse a los candidatos a la Alcaldía de Medellín. Nadie que escribiera artículos de opinión en su periódico estaba autorizado a decir nada a favor ni en contra de ningún candidato a la Alcaldía de la segunda ciudad de Colombia. Ante semejante barrabasada algunos columnistas renunciamos (Alberto Aguirre, Aura López, Alonso Salazar y yo). Por supuesto el senador Gómez Martínez mantuvo la columna en su periódico, faltaba más.

Y desde su columna, esta semana, el senador denunció a un candidato a la Alcaldía de Medellín que pone "pasacalles amarillos" de manera ilegal, y sostuvo que el caso era muy grave porque dicho candidato es "ex secretario de Gobierno". Es evidente que al senador Gómez Martínez le encanta hacerse el bobo. Para no mencionar el nombre de ningún candidato, dice que es uno que pone pasacalles amarillos; y que además fue secretario de Gobierno municipal. Obviamente hasta los bobos de Medellín saben a quién se está refiriendo: al disidente de su partido, un cavernícola de nombre Jorge Vélez, cuya obra más meritoria cuando fue secretario de Gobierno consistió en la propuesta revolucionaria (para combatir la prostitución) de tomarles fotos a los señores que salían con putas, para enviárselas por correo a las esposas.

Se sabe que el senador conservador está metido de patas y manos en la campaña para la Alcaldía del ex dirigente deportivo Sergio Naranjo. En los años gloriosos del Atlético Nacional (ah, esos años en que el Nacional siempre ganaba y la plata circulaba a manos llenas), Naranjo era el gran artífice. Y de la cancha saltó a la política, cosa que no es rara en este país donde se les dedica más espacio a los goles que a los desplazados. Se sabe que el mayor temor de la campaña de Naranjo es que el disidente conservador (Vélez, el de las vallas amarillas) le quite muchos votos al ex dirigente deportivo, y que en esa pelea de godos de pronto les gane el candidato independiente, Sergio Fajardo. La prohibición de El Colombiano, en realidad, se hizo por el miedo de que algún columnista dijera algo malo de Naranjo o bueno de otros. Pero claro que la prohibición (que dizque era para todos) no la cumple el dueño del periódico. El tiene otro sistema que siempre le ha funcionado: se hace el bobo. Pero los que se hacen los bobos, a veces se pasan de vivos. Como decía Machado, "se miente más que se engaña". Las vivezas del bobo ya no engañan a nadie.
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