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Opinión

  • | 2006/11/25 00:00

    Liberales, ojo con el Polo

    Óscar Sevillano escribe sobre los riesgos que amenazan al partido Liberal tras el metódico y constante ascenso del Polo Democrático Alternativo.

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Es cierto que en la búsqueda del poder se deben tejer alianzas, más cuando de política se trata, pero lo cierto es que en cada unión que se haga, primero se debe pensar cuáles son los beneficios que se reciben, bien sea como persona o como partido político.

Ahora cuando se aproximan las elecciones regionales y se han visto coqueteos de parte del Polo Democrático Alternativo (PDA) hacia el Partido Liberal Colombiano (PLC) para tejer una alianza, especialmente en Bogotá, antes de dejarse llevar por las emociones y las ganas de frenar lo que en Colombia conocemos como el uribismo, sería bueno que el oficialismo liberal pensara primero en qué se beneficia tejiendo uniones que, siendo realistas, al único que favorecen es al PDA, pues esto le permitiría mantener el segundo cargo más importante del país y continuar consolidándose como opción de poder, y es ahí donde surge el interrogante ¿Y el liberalismo qué gana?

La última vez que el PLC obtuvo la Alcaldía de Bogotá fue con el ex alcalde Jaime Castro y desde ese entonces, la ha perdido de manera consecutiva, primero cuando de manera oficial el ex alcalde Peñalosa lanzó su candidatura como aspirante del partido y pierde frente ex candidato presidencial Antanas Mockus; continuo a esto, el concejal Antonio Galán busca el cargo por la colectividad roja y pierde frente a Enrique Peñalosa, quien se lanza como independiente; para el año 2000, el PLC no lanza candidato, pero apoya a la ex ministra María Emma Mejía, quien aspira y pierde frente a Mockus; y por último, cuando el ex alcalde Castro busca su reelección como mandatario de la ciudad y ante las pocas opciones que este tenía, la entonces presidenta del oficialismo y hoy senadora Piedad Córdoba decreta la adhesión al candidato del Polo, Luis Eduardo Garzón, hoy Alcalde Mayor de Bogotá.

Desde entonces es innegable que lo en ese tiempo era como una especie de pollitos amarillos recién salidos del cascarón, ha ido creciendo y hoy día se está convirtiendo en verdaderos gallos de pelea, que en un futuro no muy lejano se pueden transformar en el primer rival político de todos las partidos del país, incluido el oficialismo liberal.

La verdad, no sé qué otra opción interesante pueda tener la colectividad roja en el caso de que el ex senador Rafael Pardo no aspire a ser el burgomaestre de la capital del país, pero lo cierto es que otra unión con el PDA sólo serviría para que este segundo se siga creciendo, mientras el otro se debilita.

Son esas las reflexiones que se deben dar antes de seguir escuchando a quienes sugieren otra unión, como la senadora Piedad Córdoba, quien parece interesarse más por favorecer al PDA que a su propio grupo político. Si lo que ella quiere es consolidar la tendencia social y mantener las ideas de izquierda dentro de la colectividad roja, creo que esto puede hacerlo al interior del PLC en lugar de buscar coaliciones que al PLC no le van ayudar a ubicarse bien dentro del electorado colombiano, pues a la hora de la votación se elige uno solo, no dos. En pocas palabras, se debe pensar que en la cima hay sitio para un solo elemento, y no para dos.

Es bueno que ahora que acaba de pasar la consulta del PDA y el PLC se encuentra ad portas de hacer la suya, se observe con ojo de lupa como la carrera del PDA viene en ascenso, mientras la del PLC viene en descenso. Recordemos que en las últimas elecciones presidenciales, según las cifras de la Registraduría, con la candidatura de Carlos Gaviria, el PDA obtuvo un total de 2.613.157 votos, y el PLC, con la candidatura de Horacio Serpa, obtuvo un total de 1.404.235 votos, y mientras en Senado y Cámara el PDA logró consolidar un total de 875.751 votos y ganó 10 curules, el PLC, que en 2002 había obtenido un total de 2.710.599 votos y logrado 29 curules, en 2006 redujo su participación en el Legislativo con 18 curules y un total de 1.470.029 votos en el nivel nacional.

Pensemos entonces si vale la pena arriesgarse a perder terreno para que otro lo gane y al final de cuentas quedarse como el perdedor de la carrera. Dudo mucho que estas sean las intenciones del ex presidente César Gaviria, jefe del PLC, quien no tiene una tarea fácil, ya que en el caso de continuar al frente de la dirección, debe tejer una estrategia que al PLC le permita aumentar o mantener las 12 gobernaciones y 228 alcaldías que actualmente tiene en el territorio colombiano, y tener el control de las asambleas departamentales y los consejos municipales en el nivel nacional que actualmente en su mayoría se encuentran en manos del PLC. Dicha estrategia debe ser apoyada por todos los liberales si desean que su partido continúe siendo opción de poder para el año 2010 y dejen de insistir en coaliciones que a la hora de la verdad sólo le ayudan a desaparecerlo del panorama político electoral y que en un futuro haría que se deje de llamar Partido Liberal Colombiano y pase a llamarse POLO DEMOCRATIVO ALTERNATIVO LIBERAL.

sevioscar@hotmail.com

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