Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2007/05/19 00:00

¡Liberen a Emmanuel!

Yo quiero creer, que Emmanuel nació en un pesebre, y que todos los colombianos que no han sido corroídos por la maldad lo tenemos que salvar.

¡Liberen a Emmanuel!

Entre narcoguerrillas y narcodefensas, entre parapolíticos, narcopolíticos y políticos guerrilleros, este país se nos ha vuelto un potrero medio enfermo en el que la maleza y el desierto tratan de invadir la hierba y de secar los árboles. Pero así como hay miles de asesinos, también hay fuerza y ganas de resistir, personas que luchan por una vida digna, hombres que siembran, mujeres que en las condiciones más duras se oponen a la muerte.

Hay una guerra, que unos combaten con fusiles, secuestros y masacres, y otros combatimos con ideas y palabras. Una guerra entre violentos y desarmados, una guerra de los inermes contra los brutales. Me siento en guerra, pero en una guerra pacífica e ideológica contra los que matan, contra los que secuestran, contra los que masacran, contra los que trafican, contra los que corroen y corrompen.

Ellos, los malos, convirtieron el campo en un desierto y a eso lo llamaron paz. Dejaron pueblos fantasmas, quemaron caseríos, hicieron que los campesinos huyeran a las ciudades y a eso le dijeron seguridad. Reemplazaron la yuca y el plátano por la coca y la amapola y a eso le dijeron negocio. Cambiaron los machetes por las miniuzis y llamaron progreso a ese cambio. A la tortura, al asesinato y a la motosierra le dijeron autodefensa. Y llaman lucha por la justicia al secuestro de niños y de mujeres inocentes. A los cilindros de metralla arrojados contra los templos para calcinar familias asustadas, le pusieron el nombre de justas reivindicaciones del pueblo. A las ciudades incendiadas con las emanaciones de los gasoductos, lo llamaron defensa del patrimonio nacional. Al secuestro y asesinato de policías, lo bautizaron heroísmo revolucionario.

Una mujer sola, en cambio, Clara Rojas, en las peores condiciones de cautiverio, débil en la tortura padecida del secuestro, tuvo un hijo. Y le puso un bonito nombre de la tradición cristiana de su pueblo, un nombre lleno de connotaciones y esperanzas: Emmanuel. Ese nombre quiere decir "el Enviado de la paz, el que está con nosotros". Clara Rojas, con este policía fugitivo después de ocho años de secuestro, con este Frank Pinchao al que por hambre todos los uniformes le quedan grandes, con este hombre envuelto en un llanto feliz y desesperado, nos envió su mensaje de secuestrada: "Estoy viva y tengo un niño sano y grande, de 3 años, se llama Emmanuel". Están vivos, pero los pueden matar. ¿Quién? No importa quién. Los guerrilleros sin alma durante un operativo militar; los militares en un cruce de fuego; los liberadores que quemarían la selva entera con tal de ganar.

En un libro que mezclaba irresponsablemente la verdad con la mentira, el periodista Jorge Enrique Botero contó hace un tiempo que Clara Rojas había tenido un hijo durante su secuestro. Con un patetismo inútil lo puso a nacer en medio de un bombardeo del Ejército, en una trinchera, con una cesárea hecha con un cuchillo de cocina desinfectado con candela, en un vientre cosido con pita. Y no nos dijo el nombre del recién nacido, sino que 'Tirofijo' había declarado que el niño era "mitad de ellos y mitad de nosotros". Yo quiero creer, en cambio, que Emmanuel nació en un pesebre, y que todos los colombianos que no han sido corroídos por la maldad lo tenemos que salvar. Que no es mitad de ellos y mitad de nosotros, sino todo de Clara Rojas, y por entero responsabilidad de todos nosotros. Si Emmanuel se muere, este país está jodido. Si Emmanuel no entra a un colegio y no crece sano y fuerte, seremos el país más salvaje de la tierra, el más sucio, el peor.

Y los guerrilleros enfermos de las Farc son los primeros que tienen el deber de soltarlo, a él y a su madre (y si tuviera padre, que no creo, también a su padre). No creo que este niño tenga San José. Es un sacrificio de Clara Rojas para rogarnos que la salvemos, que la salvemos a ella y a su niño. Repito: los primeros que los tienen que soltar son los secuestradores de las Farc, que han convertido el asco abominable del secuestro en arma de chantaje supuestamente legítima. Señores de las Farc: ¡Suelten ya mismo a Clara y a Emmanuel o considérense asesinos!

Y después de ellos, todos nosotros, los que no nos creemos buenos, los que somos apenas regulares, pero tenemos un sentido ético que nos impulsa a luchar contra la maldad y el dolor. Todos tenemos que librar esta guerra pacífica para que las Farc liberen a Emmanuel. El gobierno, las organizaciones sociales, los estudiantes, los sindicatos, los empresarios. Ese niño nacido en las selvas de Colombia, ese niño al que su madre le puso un nombre que intentara conmover el duro corazón de los colombianos, es un niño que tiene que vivir, que tiene que crecer, sano y grande, si no queremos que nuestro país sea el sitio más sucio e indigno en el que se pueda vivir. ¡Liberen a Emmanuel, liberen a Emmanuel!

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