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Opinión

  • | 2011/05/21 00:00

    ¡Liberen a Júnior!: una defensa de los delfines

    Mi tío Ernesto le ponía la película de ‘Dumbo’ a mi primo Miguel, con la esperanza de que aprendiera a reconocer elefantes.

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Como buen ecologista, rechazo la cacería que se ha desatado en contra del delfín criollo, una especie que tanto desarrollo le ha traído al país. Miren los escándalos infames que reventaron esta semana contra dos de estos mamíferos valiosos: el del 'Gordo' Bautista,? en cuya simiente reposa el futuro delfín de Angelino, su suegro, y el de Julio César Turbay Noguera, Julio César III, el Júnior de Júnior, que resultó salpicado en el caso de SaludCoop.

Recuerdo que tan pronto como supe que existía un tercer Julio César Turbay, me preocupé: ¡qué responsabilidad la que se ciñe sobre sus anchos hombros!, me dije. Ojalá consiga dar la talla del padre, para lo cual debe comer mucho y comprar la ropa en Piponas. Recibir la posta de la dinastía Turbay exige una gran preparación académica: tomar cursos dobles de contabilidad, de contratación, aun de dibujo, para dominar las justas proporciones. ¡Pobre párvulo!, pensé: qué difícil la tiene. ¡Cómo podrá superar a su padre, brillante funcionario de notable actuación cuando estuvo al frente de un órgano de control! Porque es verdad: mientras estuvo en la Contraloría, Júnior Papá demostró que solo obedecía a los intereses del órgano.

Sin embargo, en la medida en que supe que el niño había asesorado a SaludCoop en asuntos de ecoeficiencia y que había adquirido en Villa Valeria dos casas por el precio de una, me tranquilicé: ese es mi muchacho, me dije. Le salió al papá. Le gustan los negocios. Ojalá nos gobierne algún día.

Pero en Colombia no pueden ver a un delfín tranquilo porque la turba se alborota. Los periodistas señalaron sin piedad al indefenso Júnior chiquito como si no pudiera hacer negocios con las cooperativas que debía vigilar su papá. ¡Basta ya, por favor! ¡No satanicen más a los jóvenes emprendedores que a través de la ecoeficiencia tratan de hacer patria! ¡Miren cómo quedaron los citicos, por ejemplo, ese par de grandísimos impolutos!

No me había repuesto del atentado a este cetáceo corajudo cuando me enteré de que 'el Gordo' Bautista tuvo que renunciar a la embajada en Venezuela por hacer negocios con los Nule. Qué exageración. ¿Qué tratos podía hacer el pobre 'Gordo' con los Nule? Por mucho, les habrá pedido un bulto de Bienestarina, porque su debilidad es la comida. ¿No podían perdonársela? ¿No se dan cuenta de que con su salida Colombia pierde un servidor de muchos quilates?

Bien dijo en El Espectador el senador Guillermo García: "Bautista estaba trabajando en varias comisiones con notables avances". Nada más cierto: pocos como 'el Gordo' hacían tanto por las comisiones. ¿A qué se va a dedicar ahora si su vocación siempre fue el servicio público? Clamo desde acá para que piense en el negocio bursátil: ¡monta una firma, comisionista! Y sueño con que se organice con Angelina para que, a través de ese cruce genético, leguen al mundo un nuevo delfín, una ballena nueva que continúe la estirpe.

Queridos amigos: es imperante que cese esta hostilidad contra los delfines. ¿Con quién quieren renovar el Partido Liberal si no es con Horacito Serpa, que se lanza al Concejo? ¿Y quién, si no Miguel Uribe Turbay, nieto de Julio César I, nos salvará del reguero que dejó su abuelo, que dejó su tío? ¿Cómo van a refrescar la izquierda sin el hijo de Lucho Garzón, que también aspirará? ¿Y qué aspirará? ¿Un Mustang suelto, como buen mamerto?

Para tranquilidad del país, todos ellos fueron educados a imagen y semejanza de sus papás: desde los 2 años, a Horacito le cultivaban el bozo y al hijo de Lucho lo obligaban a beber Pony Malta en un andén cuando era impúber. Mi tío Ernesto, por su parte, le ponía la película de Dumbo a mi primo Miguel, con la esperanza de que aprendiera a reconocer elefantes. ¡Ah, qué daría yo para que mi primo recoja las banderas de su padre, y si no las banderas, al menos la ruana esa llena de ácaros que a veces se pone! ¡Cómo me gustaría que, en aras de la renovación nacional, haga bloque con el vivaz Juan Manuel Galán, con el brillante Simoncito Gaviria, siquiera con Roy Barreras Júnior, que se lanza al Concejo de Cali y es el único delfín con piel de lagarto que ha dado el mundo.

Pero ante tantos escándalos temo ahora que todos se cohíban y terminen como Virgilio Barco, un delfín rosado que trabaja por el país en silencio y sin que le paguen con nuestros impuestos. Pobre.

En Colombia se están extinguiendo todas las especies. Salvo el doctor Holguín Sardi, ya no quedan morsas; salvo Juan Lozano, ya no hay águilas calvas. Ahora peligra este pez autóctono al cual la ciencia mundial debe varios avances: si no fuera por Andrés Pastrana, por ejemplo, los científicos aun creerían que el delfín es el animal más inteligente del planeta.

Al igual que los hijos de los curas, los hijos de los políticos heredan la virtud moral de sus padres. Ayudemos, pues, a estos muchachos que se sacrifican por nosotros, que nacieron con la vocación estoica de salvarnos. Todos se hicieron a pulso, como Mockus. Solo ellos podrán seguir haciendo de Colombia un país en el que los puestos no se hereden y las oportunidades sean equitativas para todos, como ahora. Protejámoslos. Se lo pido yo, el hijo de Daniel. En esta revista, que dirige el hijo de Enrique. Y que es propiedad del hijo de Alfonso, hijo a su vez del otro Alfonso.
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