Hace años que el país no tenía un gesto humanitario de las Farc. Los colombianos llevábamos demasiado tiempo sin recibir buenas noticias y hechos esperanzadores de paz. La causa del acuerdo humanitario se había hecho cada vez más difícil de sostener ante realidades como el asesinato de los diputados
, las imágenes del cautiverio de Ingrid Betancourt y la cruel información sobre la separación de Emmanuel y su madre. A veces se perdía el norte y nos preguntábamos, si como dice tanta gente, estábamos propiciando la publicidad noticiosa de las Farc y colaborando con su propósito de ser protagonistas en los medios de comunicación condenando, en consecuencia, a los secuestrados a ser víctimas permanentemente útiles y valiosas para dicho fin.
Consuelo González y Clarita Rojas no sólo nos dieron una infinita alegría y unos inolvidables momentos de emoción, sino que también nos confirmaron que el camino correcto es el del acuerdo humanitario. A pesar de haber vivido seis y cinco años de espantoso secuestro en manos de las Farc, se despidieron de beso en la mejilla de sus secuestradores en el más ejemplarizante gesto de nobleza espiritual. Es que por encima de todo, esos guerrilleros son seres humanos, con quienes se compartió la vida, la selva, el paso del tiempo y la común condición de colombianos.
“La libertad de uno de los secuestrados es la libertad de parte de nuestra”- dijo el diputado Francisco Giraldo q.e.p.d. en uno de sus últimos videos de supervivencia. El 10 de enero todos los secuestrados recuperaron parte de la suya. Difícil de entender, pero es que en el sufrimiento la solidaridad y la hermandad maravillosamente brotan. Aun cuando queden centenares de secuestrados, el país vibró con la libertad de dos y por ellas…por tan solo esas dos, valió la pena tanto esfuerzo y sacrificio. Esto también demostró que aun cuando lo ideal sería la libertad de todos, lograr aunque sea una, siempre valdrá la pena y no puede pedirse el todo para obtener la nada.
Consuelo González le pidió al Presidente Chávez no bajar la guardia para lograr la libertad de los demás secuestrados. Éste, por su parte, públicamente pidió dejar de llamar terroristas a las Farc y reconocerles estatus político. El gobierno colombiano rechazó dicha posibilidad y la crítica reaccionó desfavorablemente. Si el Presidente Alfonso López, cuya visión tanta falta hace, estuviera vivo, quién sabe qué habría escrito sobre el particular y cómo habría hecho saltar a la opinión con sus planteamientos. Lo cierto es que años atrás, en 1999, en un artículo de El Tiempo, titulado “Beligerancia restringida – para legitimar el canje”, planteó un reconocimiento de beligerancia restringida a las Farc a cambio de obtener de éstas, su compromiso de respeto al Derecho Internacional Humanitario. La polémica que desató, en aquella época, fue inmensa, muchos lo criticaron argumentando que dicha figura no tenía asidero en la normatividad internacional, que está en desuso, que el Artículo 3 Común a los Convenios de Ginebra la excluye, etcétera; pero lo importante es que las Farc se pronunciaron al respecto validándola como viable. El 11 de octubre de 1999, El Tiempo publicó que Raúl Reyes declaró que a cambio de la beligerancia las Farc estarían dispuestas a revisar la práctica del secuestro, a buscar otros mecanismos de financiación y agregar algunas normas del DIH en su reglamento interno.
La descripción de las condiciones del cautiverio de los llamados secuestrados políticos, hechas por Consuelo González, evidencian que las Farc además de incurrir en violación al DIH por la sola retención de las personas, también lo hacen porque las amarran sometiéndolas a un trato cruel e inhumano, porque no les suministran sus medicinas ni atienden sus enfermedades, porque las mantienen cerca de los lugares de confrontación armada, porque no permiten una mínima correspondencia con sus familiares y demás atrocidades. Todas estas violaciones al DIH harían pensar que una Organización Internacional, como el Comité Internacional de la Cruz Roja, que tiene como misión promover la aplicación de dicha legislación, no debería adoptar una posición de neutralidad frente a semejante grupo guerrillero, llamado por muchos como terrorista. Pero la verdad es que justamente para lograr dicha aplicación y respeto es fundamental esta posición. De no ser así, no podrían tener la más mínima aceptación y credibilidad de la organización subversiva en perjuicio justamente de las víctimas.
Con una similar lógica pragmática, podría entenderse la utilización de la figura de la beligerancia. A pesar de que ninguna norma del Derecho Internacional en la actualidad regula el reconocimiento de beligerancia de un grupo insurgente por parte de un Estado, no se puede negar que la figura continúa vigente en el imaginario de las Farc y en la mente del gobierno que tanto le teme. Es que los gobiernos de los distintos Estados le han tenido físico “pánico” a la beligerancia. Tanto fue así, que para que se lograra aprobar el famoso artículo 3 Común a los Convenios de Ginebra del año de 1949, en el cual se establece la posibilidad de llegar acuerdos entre las partes de un conflicto armado interno, se hizo necesaria la redacción y aprobación de un párrafo final que invalidaba la consecuencia de una modificación en el estatus legal del grupo insurgente. Sin aquel, no se habría obtenido nunca la aprobación del texto. Por ende, hoy en día, jurídicamente hablando, un acuerdo de dicho tipo no generaría reconocimiento de ningún estatus.
En 1900 el Instituto de Derecho Internacional, con sede en Suiza, expidió una resolución en la que definió el concepto de beligerancia. El respectivo artículo 4 estipuló: “El reconocimiento de beligerancia es un acto mediante el cual, bien un gobierno reconoce que el conflicto armado que se desarrolla en su territorio es una guerra sometida al conjunto de las leyes y costumbres de la guerra, bien un tercer Estado considera que este conflicto armado constituye una guerra frente a la cual permanecerá neutral”. En la misma resolución el Instituto estableció las condiciones para conceder ese reconocimiento de beligerancia, a saber: control territorial, ejercicio de actos de gobierno en ese territorio y observancia de las leyes y costumbres de la guerra.
Para el año en que el citado Instituto de carácter privado doctrinariamente reguló el tema de la beligerancia, no existía normatividad internacional aplicable a los conflictos internos. Se entendía que dicha figura era necesaria para darle aplicación al derecho de la guerra internacional, en las guerras internas o civiles. El Siglo XX fue ajeno a ejemplos de reconocimiento de beligerancia por distintas razones, porque se aprobó el Artículo 3 Común a los Convenios de Ginebra, el mencionado párrafo invalidatorio y luego los Protocolos Adicionales, o porque en la realidad no hubo casos aplicables -por ahí uno en Nigeria, que no es del caso analizar. Pero el conflicto colombiano, que cronológicamente está en el Siglo XXI y data de mediados del XX, al no reconocerse, ni siquiera su existencia, no se sabe en que tiempo está…parece inmortal, indefinido y eterno…tanto más eterno para los secuestrados que llevan una década de insoluto cautiverio.
Pastrana le reconoció estatus político a las Farc, de conformidad con la Ley de Orden Público, para poder entrar a dialogar con ellas. Terminados los diálogos del Caguán, se los quitó. Uribe modificó la ley para no tener que entrar en calificativos para dialogar con nadie. Chávez propone ahora que las Farc no sean catalogadas como terroristas. Lo importante no es cómo se les llame sino cómo actúen o empiecen a actuar, es que las Farc cumplan con los requisitos para ser beligerantes. El control territorial y la organización, de sobra los tienen, resta, ni más ni menos, que el respeto al Derecho Internacional Humanitario. Si éste se logra, habremos avanzado infinitamente en la solución de nuestro conflicto. Lo primordial es que no haya secuestrados, que no se ataque a la población civil, que la vida de los soldados del Ejército se proteja si en lugar de matarlos, la guerrilla los retiene como prisioneros de guerra, les brinda las correspondientes garantías establecidas por el Tercer Convenio de Ginebra y luego los libera mediante la figura del canje.
Pasarán muchos años para que las Farc entiendan que el camino de las armas es equivocado. Muchos también para el Gobierno - que igualmente insiste en las armas-. Pero en el entretanto, ojalá siguieran saliendo libres los secuestrados… así tengamos que llamar beligerantes a los guerrilleros…así aquellos les den un beso en la mejilla de despedida.