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Opinión

  • | 2014/04/04 00:00

    Un punto de honor

    Señora Leonor Serrano, por favor no me denuncie por escribir las siguientes líneas. Sólo quiero hablar de un tema que en mi opinión es de interés público.

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Antes de continuar quisiera hacer una petición especial: señora Leonor Serrano, por favor no me denuncie por escribir las siguientes líneas. Sólo quiero hablar de un tema que en mi opinión es de interés público. No sólo porque se trata de usted, que es una política tan importante, sino porque estamos hablando de la libertad de expresión en Colombia.

En el 2008, Luis Agustín González, periodista de Fusagasugá, escribió un editorial en su periódico 'Cundinamarca Democrática' en el que hacía unas duras críticas a las aspiraciones electorales de la señora Leonor Serrano, exalcaldesa de la ciudad de González y exgobernadora de Cundinamarca. Ese escrito tuvo algunos calificativos que para Serrano fueron una vil falta de respeto y consideró que debía denunciar al periodista por los delitos de injuria y calumnia. 

González fue condenado en primera instancia por los dos delitos. Luego, en segunda instancia, el Tribunal de Cundinamarca absolvió al periodista por el delito de calumnia pero mantuvo la condena por injuria. El caso llegó a la Corte Suprema, donde se resolvió absolver al periodista de manera definitiva en julio del 2013. La sentencia es parcialmente afortunada, pues absuelve al periodista, pero durante varios momentos se siente aleccionadora e indicándole algunos límites a la prensa. Es una decisión que a futuro podría ser peligrosa.

Pero según parece Serrano convirtió este caso en un asunto de honor. A finales del año pasado decidió poner una tutela contra la sentencia de la Corte Suprema. Esta acción fue inadmitida y Serrano pidió que la seleccionaran en la Corte Constitucional, que accedió y se encuentra estudiando el caso. Cualquier persona está en su derecho de hacer este tipo de actuaciones. No obstante, es muy raro que se haga contra una sentencia de este tipo. ¿De verdad le hizo tanto daño la columna de González?

El artículo de González se ocupaba de asuntos de interés público. Se refería al manejo de  recursos del departamento de Cundinamarca bajo la gestión de Serrano y a hechos que ocurrieron durante el paso de esta por la alcaldía de Fusagasugá. González tenía mucha indignación frente a estos temas y resolvió usar palabras que ofenderían a cualquier persona de la edad de Serrano. 

Pero más allá de eso, la Corte Constitucional ha dicho que la libertad de expresión, derecho que ejercía en ese momento el periodista, protege las expresiones chocantes. Si esto no fuera así, no veríamos a nuestros amigos insultando todo el día a Petro, a Santos, a Ordoñez, a Uribe y a muchos otros políticos. Si no existiera esta garantía, la vida de los gobernantes sería mucho más tranquila. Pero por otro lado, habría más posibilidad para las arbitrariedades. 

Y es por ese mismo derecho que tanto González como cualquiera de nosotros tiene derecho de criticar a quienes nos gobiernan. Hablar sobre este tipo de asuntos es lo que en algunos casos la Comisión Interamericana ha llamado los “discursos especialmente protegidos”, que se resumen en los siguientes: “(a) el discurso político y sobre asuntos de interés público; (b) el discurso sobre funcionarios públicos en ejercicio de sus funciones y sobre candidatos a ocupar cargos públicos; y (c) el discurso que configura un elemento de la identidad o la dignidad personales de quien se expresa”.

La sentencia de la Corte Suprema que absolvió a González considera que la columna del periodista estaba dentro de algo que parece referirse a la primera categoría: un discurso político. No obstante, Serrano considera en su tutela que éste debe referirse al de la plaza, al proselitista. Y por esta razón, entre otras, considera que la Corte se extralimitó. Pero se equivoca. La libertad de expresión es un derecho universal, es decir: de todos. Pero además de esto,  según la Convención Americana de Derechos Humanos, se puede ejercer “sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección.”.  

Discúlpeme señora Serrano pero, en mi opinión, considerar que solo algunas personas tienen derecho a hablar de asuntos políticos en determinados lugares es un poco arbitrario. Si eso fuera cierto, tendríamos que mandar a cerrar la Revista Semana y muchos otros medios de comunicación. Espero que la Corte Constitucional no le dé la razón.

Tanto Leonor Serrano como los demás funcionarios públicos de su nivel manejan recursos que le pertenecen a la ciudadanía. Además de esto,  son personas que decidieron someterse al escrutinio y a la crítica pública. Tener un cargo tan alto tiene que tener algún tipo de costo. Aguantarse que lo molesten es, en mi opinión, algo mínimo. Si no creen que es así, fácilmente podría aplicarse lo que dijo hace poco el Procurador Ordóñez: "Si no tuviera carácter iría a sembrar papas o a recoger culonas".

En Twitter: @emannuelvp
*Abogado con especialización en periodismo.
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