Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2005/03/06 00:00

Libro de medir

Lo que diferencia a Vallejo de los demás impostores de esta tierra de impostores es justamente el reconocimiento de su impostura

Libro de medir

Es un placer al cuadrado encontrar un placer intelectual en este país de farsa y de horror. Yo acabo de encontrar uno. Se trata del más reciente libro de Fernando Vallejo, que se titula Manualito de imposturología física y empieza así:

"Todo es medible y medir es el fin de la ciencia. Se puede medir una bacteria, el átomo, el núcleo del átomo, el electrón, la opinión pública,

la inteligencia, la distancia que nos separa de la estrella Alfa del Centauro... Todo, todo se puede medir. ¿Por qué no habremos de medir entonces la impostura, la maliciosa capacidad de mentir del ser humano que es su esencia"?

El libro, que no es otra más de las maravillosas novelas de familia a que nos tiene acostumbrados Vallejo, se presenta como un tratado teórico, y va dirigido contra las falacias de los pontífices de la física teórica, en particular contra

Newton, Maxwell, y Einstein. Me cuentan que los físicos teóricos, y en general los científicos, están indignados con el autor: les parece que ocuparse de asuntos científicos en términos literarios, y desde el punto de vista de la razón filosófica, es de una frivolidad inadmisible. Pero ¿cómo si no? Todos, incluyendo a los físicos teóricos, hablamos en prosa sin saberlo, para decirlo con Molière: un literato que, como Vallejo hoy, irritaba considerablemente a los científicos de su tiempo porque se burlaba de sus imposturas. Sólo que no todos hablamos -o escribimos- en la prosa soberbia de Fernando Vallejo.

O ya no sabemos hacerlo. Este país, en otros tiempos, sabía escribir y hablar: basta con echarles una ojeada a los periódicos de hace treinta o cien o ciento ochenta años, para no mencionar a los poetas. Y en consecuencia sabía entender, o al menos podía hacerlo, aunque no quisiera. Ya no. Creo que existe una relación estrecha entre el hecho de haber olvidado las palabras y su sentido -el hecho de decir, pongamos por caso, 'colocar música' en vez de 'poner música' (o 'colocar por caso' en vez de 'poner por caso')- y el hecho de engañarnos los unos a los otros como nos estamos engañando. De ese engaño mutuo y colectivo, de esa farsa, viene el horror de este país de horror.

Debo advertir a estas alturas que no he leído todavía más que unas cuantas páginas del tratadito de Vallejo. Y con ellas me basta para estar de acuerdo con sus críticos científicos: es pura literatura. Pero ya he leído de cabo a rabo la Introducción. Y es, repito, un placer: de claridad y de ironía, de sonoridad y de inteligencia. De buena literatura.

Digo que estoy de acuerdo con sus críticos porque el 'Manualito' de Vallejo no trata de la física, sino que la desenmascara como lo que él mismo llama "filosofía". Porque los físicos, "aunque se avergüencen de su prosapia o no la conozcan, son filósofos: charlatanes con ínfulas de científicos, lobos disfrazados de corderos". O sea -como el propio Vallejo, pero sin su talento- literatos. Pues la filosofía, y en consecuencia la física teórica, no es más que -como dijo Jorge Luis Borges- una de las ramas de la literatura de ficción. Lo mismo puede decirse de la filosofía y de la física de Vallejo. Para decirlo con sus propias palabras, es impostura: "La expresión máxima del intelecto".

Lo que diferencia a Fernando Vallejo de los demás impostores de esta tierra de impostores, de mentirosos y de simuladores que es Colombia es justamente el reconocimiento de su impostura, que es la nuestra. De esa impostura tratan todos sus libros, aunque a veces se disfracen (doble impostura) de tratados científicos. Sobre física, como éste de ahora, o sobre biología, como aquel que escribió contra la "tautología darwiniana" de la supervivencia del más apto. Son libros de medida de la impostura colombiana, y, más en general, más ambiciosamente, de la impostura humana. Y están tan bien escritos que engañan.

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