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Opinión

  • | 2013/11/01 00:00

    “Quiero pegar un grito y no me dejan”

    María y Juana son dos víctimas de múltiples formas de violencia. Son dos voces en medio del miedo, del dolor, de la tristeza. Son un grito atascado en la garganta.

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María Palenque y Juana podrían ser de cualquier parte. Podrían ser cualquier mujer víctima del conflicto que ha visto morir a sus padres, hermanos, compañeros y amigos en medio de la guerra. Una guerra larga, inútil, sin sentido, como la colombiana, como todas las guerras, que se ensañan especialmente con las mujeres. 

María y Juana son las protagonistas, en la ficción, del libro “Quiero pegar un grito y no me dejan”, de Guillermo Solarte Lindo, que se lanzará este viernes 1 de noviembre a las 8pm en el Gimnasio Moderno, en el marco del Uy Festival, con una conversación del autor con la periodista Olga Behar.

María y Juana son dos mujeres desterradas de sus lugares de origen. Comparten, además de estrechos y sólidos lazos de amistad, el dolor, el desgarro y el abandono permanente de las víctimas: han vivido el desplazamiento, el asesinato de familiares y amigos a manos de los actores armados, el miedo, la injusticia y la pobreza. A través de sus voces se narra la historia de muchas víctimas, especialmente de las mujeres.

Solarte, un sociólogo payanés dedicado desde hace décadas al estudio del conflicto, dice que le interesa la voz de las sufrientes. Por eso decidió narrar esta novela corta desde la voz de ellas. Dice que le interesa el tema del destierro, pero, especialmente, el drama de las desterradas. 

Solarte ha conocido a muchas de estas mujeres, a muchas Marías, a muchas Juanas, durante sus recorridos por el país. Y fue con base en sus testimonios y experiencias que estructuró la novela, que tiene un lenguaje sencillo y directo, que llega directo al corazón, y que lleva a preguntarse nuevamente cómo es posible que los colombianos llevemos cinco décadas viviendo de este modo, sabiendo y a la vez ignorando el dolor de tantas personas.

Llama la atención en la novela la manera en la que las protagonistas van pasando de un tipo de violencia a otro casi sin percatarse, sin tregua, sin respiro. Primero fue la guerrilla, luego los paramilitares; todos los actores armados están o han estado en su pueblo. Los uniformes se confunden, ya no se sabe cuál es cuál. Todos matan, todos hieren, todos juzgan, todos arrasan. Ahora esperan en la fila en la que se decidirá su muerte o su vida a manos de un comandante paramilitar. Pase lo que pase, están obligadas a callar, a permanecer mudas. Incluso se les ha negado el derecho a llorar. Tienen un grito atascado en la garganta.

Dice Solarte que las instituciones, los medios de comunicación, todos pueden mentir; pero la literatura no. Según él, en la literatura la realidad está ahí. Y dice que ha estructurado la novela a la manera de la Rayuela, de Julio Cortázar –que puede leerse comenzando en cualquiera de los capítulos- como una metáfora del conflicto, que puede empezar y terminar en cualquier parte, que termina igual que empezó.

El título, tomado de la letra de la canción de Guillermo Buitrago “Grito Vagabundo”, es la metáfora escogida por el autor para ilustrar la impotencia, el dolor ahogado y el sufrimiento de las víctimas. Pero también es una muestra de la aparición recurrente en la novela de la música popular que se escucha en los pueblos, en las veredas, en los lugares remotos donde la violencia anda a sus anchas. 

Es como si se tratara de la banda sonora de la vida y de la muerte, pues la gente a la que le está prohibido expresarse con su propia voz tiene que arreglárselas para expresarse con la voz y la melodía de otros, incluso, con canciones que se consideran festivas o alegres. La novela ofrece una reinterpretación no sólo de la vida, sino de la música. El “Grito vagabundo” de Buitrago deja de ser una canción de alegría y bohemia navideña para convertirse en una canción triste y dolorida que habla de impotencia, de muerte y de adioses.

Dice la solapa del libro que “’Quiero pegar un grito y no me dejan’ es ficción y realidad (…) Es un grito desde lo más hondo del país. De un país que no quiere escuchar”. Hay que añadir que es una novela que se lee de un tirón; que apela a la razón y al corazón al contarnos algo que sabemos, pero que a veces insistimos en ignorar. Es una novela que conmueve con su sencillez, la misma sencillez de quienes sufren la crudeza de la guerra.

*Consultora y periodista especializada en temas de paz y asuntos sociales, políticos y humanitarios
En Twitter: @NubiaRojasblog
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