Sábado, 20 de diciembre de 2014

| 2013/07/15 00:00

Licencias de conducción y otras artimañas

Es el colmo que nos quieran venir a imponer orden cuando lo que nos gusta es el despelote.

Foto: .

Todo un escándalo nacional ha sido el hecho de que, según algunos oprimidos ciudadanos, al gobierno se le haya ocurrido la tontería de exigir la renovación de la licencia de conducción a quienes la tuvieran vencida. Que dios nos libre de semejante exabrupto. 

Eso sí, lo que las ‘victimas’ más enardecidas nunca admitirán es que muchas llevan meses conduciendo con licencias vencidas, otras llevan años con licencias falsas por culpa del oficio de algún pícaro tramitador y otras tantas, a pesar de nunca haber pisado una escuela de conducción, hoy portan licencias que las facultan para conducir, incluso, uno de esos enormes buses articulados de Transmilenio.

“Esto es el colmo”, gritan todos al unísono. Mientras los unos ingenuamente se preguntan “¿A ver, en qué país del mundo desarrollado se obligaría a la gente a renovar la licencia cada 10 años? ¿A quién se le ocurre que por el hecho de que uno tenga más de 60 años de edad tenga que renovarla con mayor frecuencia? ¿Cómo pueden pensar en imponernos una multa por el simple hecho de conducir con la licencia vencida?”. 

Otros tantos, con conveniente dramatismo, afirman “Definitivamente lo que el gobierno quiere es incrementar su control sobre este pueblo oprimido”. Sí señor, uno no podría estar más de acuerdo. El Ministerio de Transporte y las Secretarías de Tránsito y Transporte Municipal no tienen vergüenza, nos quieren venir a imponer orden cuando lo que nos gusta es el despelote.

No es que, como todo buen colombiano, los conductores hayamos dejado la renovación de la licencia para última hora. Lo que pasó fue que, de repente, a todo el mundo se le venció la licencia la semana pasada. Así es, todo este caos es resultado de una caprichosa coincidencia. Somos inocentes. Por ello, con justa razón, el grupo más afligido le puede increpar al gobierno que cómo es posible que le haya dado un plazo de escasas semanas para hacer la renovación, cuando es evidente que las entidades encargadas de dicho trámite no tienen capacidad operativa para atender tal demanda en tan corto plazo de tiempo. ¿Es que acaso el gobierno no sabe de matemáticas?

Intentado dejar atrás la ironía, vale la pena aclarar que, eso sí, en medio de tal reivindicación social nadie quiere que se hable de que en la Reforma del Código Nacional de Tránsito Terrestre realizada en 2010 (Ley 1383 de 2010), es decir, hace ya tres años, se estableció que las licencias de conducción de vehículos particulares tendrían una vigencia de 10 años y ya no sería indefinida como antes, mientras las de vehículos de servicio público continuarían teniendo vigencia de tres años. 

Un primer campanazo. Luego, el Decreto 19 de Enero 10 de 2012, estableció que tal vigencia variaría en función de la edad del conductor y que, con ocasión de tal decreto, se otorgaría de manera automática para evitar trámites innecesarios. Así que, honestamente, si a usted hace meses que se le venció la licencia y sin ser conductor de bus o taxi su licencia lo faculta para ello, lo que tenía que hacer era ir corriendo a renovarla y solicitar la recategorización, en lugar de hacerse el loco.

Por cierto, cifras por verificar indican que de los cerca de 8,5 millones de colombianos con licencia, 1,3 millones portan licencias para vehículo de servicio público ¿Cómo es que tantos adquirieron licencias de conducción de categorías 4, 5 y 6, es decir, aquellas de las más altas especificaciones que permiten conducir incluso grandes vehículos de transporte público? ¿No es raro cuando lo que siempre han pretendido conducir es un simple automóvil particular, para lo cual les bastaría con una de categoría 3? Todo un enigma. Uno podría decir que esto es, al menos en parte, porque cientos de miles de colombianos de ingresos medios y altos vienen soñando con convertirse en chofer de buseta. 

Pero hay mal pensados que dicen que no, que en realidad es porque adquirieron la licencia con algún tipo de triquiñuela que, para justificar sus ‘honorarios de intermediación’, los premió con la categoría más alta. Ni idea. De momento, es una incomoda pregunta que ciudadanos y funcionarios públicos preferimos seguir evitando y, claro, nadie quiere que a eso se le apliquen las matemáticas, no sea que nos pillen a todos.

Por último: ¿por qué se acumuló tanta gente para renovar la licencia durante las recientes semanas, cuando a muchos en realidad esta se les había vencido meses atrás? Sencillo. En nuestras ciudades a nadie le preocupaba conducir con licencias vencidas, porque no eran comunes los operativos y controles asociados a dicha infracción, es decir, el paraíso del infractor. Además, para renovarla tocaba primero pagar todas las multas de tránsito que se tenían hasta la fecha, las mismas que nuestra incultura ciudadana nos invita a esperar a que expiren o a que la autoridad local proponga un descuento substancial. Porque con las multas “el gobierno sólo busca quitarle el pan de la boca a nuestros hijos”.

Qué bueno sería que con la misma firmeza que salimos a defender nuestros derechos también saliéramos a refrendar nuestras obligaciones. Cada año en Colombia se presentan miles de accidentes de tránsito con miles de ciudadanos muertos y lesionados. Gran parte de estos accidentes están asociados al desconocimiento de las normas de tránsito (a pesar de portar la licencia) y a la conducción temeraria. Ya es hora de que nos tomemos en serio la responsabilidad de ir al volante. Para ello hay, como mínimo, tres condiciones básicas: adquirir la licencia cumpliendo con la formación teórico-práctica y la evaluación médica y psicomotriz, Usar la Inteligencia Vial respetando las normas de tránsito aprendidas y demostrar periódicamente nuestra competencia para estar al frente de un volante.

El que la actual renovación de la licencia pudiera ser gratuita o que los exámenes médicos pudieran ser expedidos por cualquier otra entidad de salud son discusiones válidas que podemos abordar. Y sí, debemos cuestionar el que no pocas veces el gobierno lanza medidas que no tiene capacidad de implementar en los plazos establecidos. Lo que no puede ser es que ello se utilice para intentar tapar el sol con un dedo, cuando en temas de conducción hemos sido un tanto sinvergüenzas, no por nada a las normas, muy a menudo, las tildamos de artimañas.

*Consultor e investigador en movilidad y urbanismo. PhD (c) en Estudios Urbanos, Universidad de Cambridge.

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