01 marzo 2013

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¿Llegará el vino a Bogotá?

Por Alberto Salgado E.

OPINIÓNEl vino es, sin duda alguna, la bebida más versátil y amigable para disfrutar plenamente de una buena mesa.

¿Llegará el vino a Bogotá?. .

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Foto: Archivo SEMANA

La tendencia en el consumo de vino en el mundo actual nos lleva a buscar “mayor calidad y menor cantidad”, nos dice Ronald “Roni” Schneider,  sommelier de la Escuela venezolana de Sommeliers, avalada por la Asociazioni di Sommelieri Internazionale con sede en Italia, con quien compartimos una m
irada a la propuesta y el consumo de vino en Bogotá.

La presencia del vino en las mesas de los restaurantes en Bogotá es todavía muy tímida, y muy frecuentemente se ve a los comensales con otras opciones como la cerveza o la muy lamentable de un refresco. 

A diferencia de las bebidas espirituosas, todavía en Bogotá las pedimos como aperitivos, obtenidas por destilación y de contenido alcohólico elevado que nos “duermen” el gusto y nos limitan el goce de un buen plato; el vino es, sin duda alguna, la bebida más versátil y amigable para disfrutar plenamente de una buena mesa. La  extensa variedad de la oferta, no por eso buena en su conjunto, permite que los restaurantes honestamente ofrezcan las mejores etiquetas y el maridaje adecuado a su oferta gastronómica.

¿Ocurre esto último en Bogotá? En opinión del sommelier Schneider, esta condición no se da en la ciudad por varias razones: la falta de conocimiento del tema por parte de los dueños de restaurantes y el personal que contratan para el servicio, la ausencia de escuelas de sommeliers que vayan formando a los futuros responsables de la profesionalización de este servicio en los restaurantes de la cuidad. Pero la razón que más preocupa, nos dice, es que son los mismos importadores de vinos en Colombia los que dañan la oferta y empobrecen el servicio al ofrecer  bonificaciones a los pocos sommeliers y meseros que empujen la venta de sus vinos. “A los sommeliers meseros les importa más su propio  bolsillo que el beneficio del cliente o del restaurante que los contrata”. 

El precio es otra de las razones de los comensales capitalinos, la decisión del vino lo convierte en el valor más representativo de la cuenta final; a pesar de existir muy buenos vinos a costos razonables, estos no figuran en las cartas  y, además, se ha vendido la idea al consumidor final de que si no es caro, no es bueno. La justificada y estricta prueba de alcoholemia también limita su consumo, yo preferiría el taxi a tener que privarme de un buen vino para complementar el momento de la buena mesa y el buen vivir.  Aunque nunca es igual un vino en media botella que en 750 ml., la oferta muy limitada y muchas veces ausente es otra limitación a la que se enfrentan quienes querrían tomarse sólo tres copas, y no las 6 de la botella.

“Comer sin vino, comer mezquino”, sabiamente se decía en las épocas del Renacimiento y esperemos que se convierta en una cultura en el negocio de restaurantes en Bogotá, si de verdad deseamos convertirlo en destino gastronómico, como hoy se pretende y para lo cual todavía nos falta muchas cenas llenas de la mejor comida y, por supuesto, del mejor de los vinos para maridarla.

Correo electrónico: asrestaurantes@gmail.com
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