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Opinión

  • | 2008/10/01 00:00

    Lo que la democracia necesita

    No se sabe si ciudadanos, partidos y líderes están a la altura del reto de un posible tercer mandato para Uribe.

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Hoy en Colombia se debaten asuntos transcendentales para la frágil y precaria democracia colombiana: referéndum para reformar la Constitución y permitir un tercer período seguido en la Presidencia de la República; reformas al funcionamiento de los partidos políticos; asuntos electorales; y sanciones a los congresistas que se asocien con criminales para beneficio político –léase, parapolítica—. Hay que mirar estos temas desde lo que significa fortalecer una democracia acosada por la violencia, deslegitimada por quienes ejercen la función pública en beneficio particular y pensando sólo en el fortalecimiento de redes de clientela y con enormes retos sociales, porque pobreza y democracia no riman.

Si de verdad queremos fortalecer el sistema democrático, que con todas sus imperfecciones es lo mejor que la humanidad ha construido como referente de organización de la sociedad, debemos avanzar en los próximos años en tres grandes procesos: primero, ciudadanía informada, organizada, deliberante y responsable; segundo, partidos políticos doctrinarios y organizados; y tercero, liderazgos consistentes.

Son los ciudadanos y ciudadanas quienes con su voto, dan o quitan mandatos, optan por x o y rumbo para la sociedad, y por eso deben estar informados y debatir sobre los asuntos públicos en todos los espacios de la vida social. De ahí que sea fundamental, formar a nuestros niños, niñas y jóvenes desde la escuela en la comprensión de los temas de Colombia y promover un sentido de responsabilidad con los asuntos públicos.

Los partidos políticos son instituciones sociales que se organizan para promover la acción colectiva, y por eso deben tener un alma de ideas, y propuestas concretas para presentarle a la sociedad. Las raíces de la violencia actual están precisamente en la falta de competencia entre partidos que se instituyó con el Frente Nacional, cuando sólo podían competir liberales y conservadores y otras tercerías no tenían espacio ni garantías. En esa Colombia se exterminó a todo un partido político, la UP. Hoy son buenas noticias la existencia de otras colectividades; que la izquierda sea ya referente de la acción; que el bipartidismo liberal-conservador sea cosa del pasado; y que estos partidos clásicos sigan compitiendo con otros agrupamientos partidistas.

Los líderes en democracia son quienes le muestran a la sociedad nuevos caminos, le ayuden a la ciudadanía a ver un derrotero de acción. Desde los partidos mueven las pasiones humanas para emprender nuevas empresas y contribuyen a que la gente no olvide que está hecha para el cambio, sin olvidar lo rescatable de la tradición. La democracia necesita líderes serios, consistentes en el debate y la acción política, lejos de la demagogia y de las polarizaciones innecesarias, pero tampoco temen al cambio cuando es pertinente y beneficia a la sociedad.

Ya estamos entrando al debate presidencial de 2010. Hay un liderazgo impresionante del presidente Uribe. Los partidos políticos que acompañan su gestión están por demostrar si son capaces de plantearle un debate de fondo al Presidente o si se mostrarán obsecuentes con todo lo que diga y haga un mandatario que ha alterado los equilibrios institucionales y de independencia entre poderes, consagrados en la constitución del 91. Igualmente es un enigma si la amplia base social que ha respaldado y acompañado la gestión de dos períodos presidenciales del presidente Uribe puede discernir los beneficios y perjuicios que tendrá para esta débil democracia un eventual tercer periodo suyo.

Por los lados de quienes han ejercido la oposición política en estos últimos seis años, Partido Liberal y Polo Democrático, igualmente falta ver si logran construir programas políticos y una acción que seduzca a una amplia mayoría nacional, que diriman las competencias entre dirigentes y que se muestren como alternativas serias y consistentes de gobierno, planteándose posibles escenarios de articulación.

Y por los lados de las figuras sin partido, pero con una gestión pública meritoria para mostrar y una sintonía con opinión, como es el caso de Sergio Fajardo, los retos son monumentales, en un país donde nadie hasta el momento ha podido ganar la Presidencia, sin una procedencia y un respaldo partidario. Indudablemente que ejercicios políticos como el que realiza Fajardo, enriquecen la acción política y pueden mostrar innovaciones en la política, que son pertinentes y necesarias.

Hay trecho para andar en una agenda de fortalecimiento de esta precaria democracia; ciudadanía más informada, formada y responsable, partidos políticos programáticos y organizados y líderes consistentes y rigurosos en la acción, toda una agenda para una democracia, que ya próxima a cumplir doscientos años de vida republicana, sigue dando tumbos en busca de un presente y un futuro compartidos.

lcelis@nuevoarcoiris.org.co


*Luis Eduardo Celis es investigador de la Corporación Nuevo Arco Iris.

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