Domingo, 21 de diciembre de 2014

| 2013/02/20 00:00

Lo más fácil puede volverse lo más difícil

Cuando siempre se opta por el camino fácil, existe el riesgo de perder la capacidad de ser creativos.

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El desarrollo de la tecnología en los últimos cincuenta años ha traído consigo una enorme cantidad de beneficios que saltan a la vista: los computadores, el Internet, los celulares, equipos médicos, tecnología de investigación, e infinita cantidad de cosas adicionales que diariamente facilitan la vida de los seres humanos. El problema, como ocurre con todo en la vida, es que todo en exceso puede hacer daño. Y el exceso de tecnología no es la excepción. 

Con cada vez más frecuencia llegan a consulta jóvenes y adultos que se definen a sí mismos como personas vacías, infelices y con una bajísima tolerancia a la frustración. Y ellos mismos se lo atribuyen a que desde niños no han tenido que luchar por nada. “Ya ni siquiera tengo que ir a una biblioteca porque en el computador está todo. Me paro de la cama cuando tengo ganas de ir al baño, pero lo hago porque es algo que nadie puede hacer por mí. Pero me preocupa que en algún momento hasta eso lo pueda hacer alguien por mí”, reconocía valientemente -y con algo de humor-, un joven adulto que se había sentido muy inseguro e incapaz en una entrevista mientras las demás personas que estaban en el grupo de entrevistados contaban sus historias. Escuchando los testimonios de los demás se había dado cuenta que a él le faltaba iniciativa y creatividad a la hora de enfrentar un problema. Y le adjudicaba esta dificultad al hecho de haber tenido todo siempre a su disposición, a que nada le había costado trabajo. “Cuando a uno le entregan todo digerido, se le olvida masticar”, decía él al definir su problema.

Aldous Huxley decía que la realidad no es lo que nos ocurre, sino lo que hacemos con lo que nos ocurre. Si se mira el desarrollo tecnológico desde esta perspectiva, es evidente que el problema no está en la tecnología en sí, sino en la actitud que las personas adoptan y el uso que hacen de ella. Si la tecnología ha facilitado la vida de la humanidad, no tendría sentido dejar de usarla. De lo que se trata es de utilizar la energía que antes se requería para enfrentar los desafíos que desaparecen con las nuevas tecnologías para hacerle frente a los nuevos desafíos humanos que están surgiendo; desafíos que son cada día más urgentes, profundos y significativos que todos los anteriores. 

Distraerse con video juegos, celulares, televisión y demás, es fácil. Las personas –niños y adultos- simplemente tienen que sentarse frente a algún aparato que se encarga de hacer toda la tarea. El problema, como tiende a ocurrir cuando se opta por el camino fácil, es que ‘delegarle’ todo a agentes externos va conduciendo, a mediano y largo plazo, a que las personas comiencen a perder la capacidad de ser creativos, de inventar, de cuestionarse y buscar formas alternativas, y quizás más duraderas, de obtener su propia satisfacción. En los niños es más evidente, pues actualmente se resisten cada día más a salir a jugar al parque o hacer algún deporte al aire libre, porque prefieren distraerse con todo lo que tienen en la casa: es lo más fácil. Y a los adultos les termina pasando algo similar cuando, por ejemplo, en lugar de salir a hacer deporte, utilizan máquinas de gimnasia pasiva, masajes o, en casos extremos, cirugías, porque también es lo más fácil. Es lo inmediato. 

Todo parece indicar que en el último decenio –o más-, se ha venido cultivando la creencia de que el camino fácil es el mejor. Y el uso que se le ha dado a la tecnología es un buen ejemplo de ello. El problema de tomar siempre el camino fácil es que cuando en algún punto se presentan dificultades que exigen la creatividad de la persona para superarlas, esta facultad está ya tan atrofiada que no puede responder. Y esta experiencia deja en la persona una sensación de impotencia e incapacidad que, si se repite sistemáticamente, va generando unos niveles crecientes de frustración que contribuyen a deteriorar aún más su capacidad creativa. Como consecuencia, la persona acaba sintiéndose incapaz de enfrentar los retos y desafíos que se le presentan en su vida cotidiana.

Escoger el camino fácil es un autoengaño que, si bien tiene en el momento el gran atractivo de ser efectivamente muy sencillo, paradójicamente a mediano y largo plazo termina generando problemas que se van complicando con el paso del tiempo porque van volviendo a las personas cada vez más incapaces de enfrentar y solucionar retos y dificultades. De ahí la importancia de que cada persona identifique cuando está demasiado cómoda, cuando la vida está siendo demasiado fácil, pues esa es la mejor señal de alarma para empezar a introducir un pequeño cambio, un reto, algo que le exija el uso de otras capacidades. Dicho de otra forma: salirse de su zona de confort. Y eso, como todo en la vida, empieza por el paso más sencillo, que ya es la mitad del camino. 

*Psicóloga-Psicoterapeuta Estratégica

ximena@breveterapia.com

www.breveterapia.com

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