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Opinión

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Iba a escribir algo sobre la muerte del doctor Misael Pastrana, pero aaaahhh. ¿De verdad quiere alguien leer algo sobre el doctor Pastrana? ¿A favor? ¿En contra? ¿En presente, en pasado, en futuro? ¿Un análisis sobre su obra de ministro de Fomento, de Hacienda, de Gobierno? ¿Sobre las elecciones _chitón: de eso no se habla_ que lo llevaron a la Presidencia? ¿Sobre las 'Cuatro estrategias' que dejó sin terminar? ¿Sobre la piedra lunar que se llevó para su casa? ¿Sobre el niño Andrés que nos dejó en herencia? No: nadie quiere. Yo tampoco. De manera que hablemos de otra cosa.Tampoco es que la otra cosa, advierto, vaya a ser más placentera. Se trata del informe especial que publicó esta revista hace dos o tres semanas sobre 'Lo MEJOR de Bogotá'.Lo leí entero, porque soy bogotano y, pese a todo, quiero a mi ciudad: quería ver si a los redactores del informe les gustaba de ella lo mismo que a mí. Sus cielos cambiantes, sus verdes después de la lluvia, sus mujeres, su humor incomprensible, glacial y quemante como el sol de sus mañanas antes del aguacero. Pero tengo que decir que, ya desde la entradilla, el informe me mosqueó un poco: "Un recorrido por los lugares que hacen de Bogotá una ciudad acogedora y exclusiva". No: o lo uno, o lo otro. No es posible ser esas dos cosas al mismo tiempo, y además Bogotá no es ninguna de las dos. Acogedora no es: es inhóspita. Tanto para los pobres, como para los pobres ricos prisioneros de sus miedos y de sus guardaespaldas. Es verdad que a Bogota llegan a buscar refugio 300.000 ó 400.000 personas cada año, expulsadas por la fuerza o la miseria de otros sitios todavía más inhospitalarios de Colombia; pero Bogotá no las acoge, sino que las rechaza. A tiros, a puñaladas, o por la simple virtud mágica de sus precios, que son más altos que los de Tokio en vivienda, los de París en comida y los de Nueva York en servicios, desde el transporte hasta la universidad, pasando por el agua potable (cuando la hay). ¿Bogotá acogedora, con sus choferes de bus y sus taxistas, sus aduaneros de aeropuerto y sus raponeros de calle, sus teléfonos muertos y sus pavimentos desfondados, sus trancones de tráfico, sus policías y sus alcaldes? No. De todas las ciudades grandes, medianas o pequeñas del mundo, Bogotá es quizás la menos acogedora. Que se lo pregunten a cualquier turista extranjero retenido en Eldorado o a cualquier desechable abandonado en el separador de la avenida 19, a ver qué opina. Ah: pero es que el informe de SEMANA no se refiere a Bogotá, sino sólo a una zona muy restringida que va de la calle 70 hacia el norte y de la carrera 14 ó 16 (el entramado callejero no es acogedor ni para la aritmética) hasta los cerros. Todo lo que ahí se menciona _restaurantes, peluquerías, parques, hoteles (sean de lujo o 'económicos'), talleres de restauración de obras se arte_ está en esa zona. La única salvedad es un restaurante en el cerro de Monserrate, 'overlooking the city'. Y si me permito este chorrito de inglés es porque me da la impresión de que todo el informe está escrito para habitantes de Miami (tal vez lo son): se llaman en inglés los restaurantes japoneses _'Sushi to go'_ y los italianos _'Pizza Show'_, y hasta los sitios para niños que ni siquiera saben hablar todavía ni en inglés ni en español: el jardín infantil 'Magic Years' y la tienda 'Magic Kingdom', donde sus mamás les pueden comprar "todos los muñecos del mundo de Disney y la ropa de Warner Brothers". Pero tampoco esa Bogotá restringida es, como dice el informe de SEMANA, 'exclusiva'. Es excluyente, sí: deja por fuera, o expulsa, a 99 de cada 100 habitantes de la ciudad. Pero no garantiza las cosas que la palabra 'exclusiva' parece prometer, y que los redactores del informe especial describen como eso que "para las personas que viven en la capital _y para quienes la visitan_ prima: la calidad y el servicio". Lo digo con tristeza: en Bogotá no hay calidad de nada: ni del aire, ni del agua, ni de las cosas de comer. Y el servicio es siempre pésimo, tanto el público como el privado, tanto el de la empresa de teléfonos como el de los restaurantes. Y no lo llamo pésimo en comparación con el de Singapur o el de Londres, sino con el de Medellín o el de Bucaramanga.Todo mentiras, pues. Y en cambio ese largo informe titulado 'Lo MEJOR de Bogotá' no menciona lo mejor que de verdad tiene Bogotá: que no es el sitio en que nacen, pero sí es el sitio en que se entierran todos los presidentes de Colombia.
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