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Opinión

  • | 2004/12/12 00:00

    Lo de menos

    Los 'vínculos con el narcotráfico' son lo de menos. Los tenemos todos, como tenemos amebas. Hasta nuestros cardenales 'papabiles' los tienen

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Acaba de salir un libro-entrevista del periodista Juan Carlos Iragorri con el político y ex guerrillero del M-19 Antonio Navarro. Un libro excelente por parte y parte. Iragorri hace preguntas incisivas, concretas, a veces anecdóticas, a veces difíciles para el entrevistado, y siempre interesantes. Y Navarro da respuestas claras, inteligentes, serias, a veces divertidas, y

siempre interesantes. A veces uno y otro se ponen leguleyos. No lo pueden evitar. Los dos son colombianos.

Algunos de los aspectos anecdóticos de la larga entrevista (185 páginas) darían incluso para un comentario leguleyo, que sus autores no contemplan. Por ejemplo, cuenta Antonio Navarro que el presidente Andrés Pastrana, en su despacho del Palacio de Nariño, le mostró que tenía ahí, con la foto de Nohra y los niños y yo, la espada de Bolívar. La famosa. La misma que se robó el M-19 al principio de su actividad político-guerrillera y veinte años después el propio Navarro devolvió a su vitrina del Museo de la Quinta de Bolívar. ¿Qué significa eso? ¿Qué Andrés Pastrana se la volvió a robar de la vitrina? ¿Y está ahora en su casa, o la devolvió a la Quinta? Porque yo recuerdo que su padre, el también presidente Misael Pastrana, se llevó a su casa una piedra traída de la luna por los astronautas Armstrong y

Aldrich, que la Nasa le había dado de regalo al Estado colombiano. Y que conseguir que la devolvieran costó un mundo. O bien esto de la espada de Pastrana ¿significa que el ex presidente ha decidido enguerrillerarse?

Creo que Juan Carlos Iragorri debería hacerle un libro-entrevista al ex presidente Andrés Pastrana.

Pero, volviendo al de Navarro, decía que a veces entrevistado y entrevistador se ponen leguleyos. Y lo hacen en el peor de los contextos, que es el del episodio más trágico de nuestra historia reciente: la toma y contratoma y final destrucción del Palacio de Justicia con toda la gente adentro en noviembre de 1985. Sobre ese horror lleno de facetas humanas y políticas, a los dos interlocutores sólo parece importarles un detalle. El mismo detalle que reveladoramente irritaba tanto hace un par de semanas al presidente Álvaro Uribe. El de si el asalto del M-19 al palacio fue financiado por los narcotraficantes y era en su beneficio, o si no. "No hay duda de que estaban del lado del narcotráfico", dice Iragorri. Y Navarro refuta citando párrafos enteros de sentencias absolutorias de diversos tribunales.

¿No se dan cuenta de que eso es lo de menos? Más adelante Navarro explica con sensatez: "En Colombia es imposible que una guerrilla no haya tenido algún vínculo con el narcotráfico". Pero no añade que eso es lo de menos. En Colombia todo el mundo ha tenido vínculos con el narcotráfico. El actual Ministro de Defensa acaba de tener que dar explicaciones sobre por qué visita a narcotraficantes en la cárcel. El presidente Uribe tuvo que explicar por qué su padre era amigo del padre de los Ochoa. Las Fuerzas Armadas... ¿Recuerdan lo del 'Gloria', buque insignia de la Armada? ¿Recuerdan lo de la nariz del avión presidencial de la FAC? ¿Recuerdan a tantos generales del Ejército pasados discretamente a retiro porque les habían retirado la visa USA? De la Policía no hablemos. Ni de los paramilitares. Ni de las Farc. Ni de la industria de la construcción. Ni de la ganadera. Ni de los bancos. Recuerdan la célebre 'ventanilla siniestra' del propio Banco de la República?

Los 'vínculos con el narcotráfico' son lo de menos. Todos los colombianos los tenemos, como tenemos amebas. Hasta esas beatas de Medellín llamadas 'las Peinaditas' de que hablaba aquí hace quince días Héctor Abad. Hasta nuestros dos cardenales papabiles, monseñor Darío Castrillón y monseñor Alfonso López Trujillo. Tal vez no tengamos tan vigorosos vínculos con el narcotráfico como los que tienen los norteamericanos, que consumen y pagan toda la droga que se produce en Colombia. Pero los tenemos sólidos. ¿Por qué, entonces, no lo dice Navarro si lo sabe?

Porque sabe también que, si lo dice, los norteamericanos jamás le permitirán ser presidente de Colombia.
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