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Opinión

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Escoge esta revista para una edición especial a los quince personajes colombianos más importantes del siglo XX. Y resulta que, de los quince, nada menos que trece son políticos profesionales.Ocho fueron presidentes de la República (y otro de éstos, López Michelsen, no quiso figurar esta vez). Tres más, Uribe, Gaitán y Galán, iban para presidentes cuando los mataron: ya van once. Probablemente 'Tirofijo' no llegará a ese cargo, dada su edad, pero su trayectoria no es muy distinta de la de al menos tres de los escogidos por SEMANA, los generales Uribe, Reyes y Rojas Pinilla, que también hicieron sus respectivas carreras políticas en las guerras civiles. Así que ya son doce. Se podrá discutir quizás, el calificativo de 'político' para el número trece, Pablo Escobar, que en la política electoral no pasó de representante suplente a la Cámara. Pero su importancia histórica, más que de su grandes negocios de exportación, de su descomunal riqueza o de sus innumerables crímenes, viene del hecho de que corrompió de arriba abajo al 'país político': tuvo a sueldo a la mitad de los políticos de Colombia, asustó a los otros y asesinó a unos cuantos.
De la lista de SEMANA, sólo el pintor Fernando Botero es ajeno a la política (salvo por el detalle biológico de haber engendrado a un político profesional con vocación presidencial, por ahora frustrada). Porque a ojos colombianos hasta Gabriel García Márquez tiene más importancia política que literaria. Nadie pregunta, en Colombia: ¿Qué ha escrito García Márquez? Sino: ¿Por quién va a votar Gabo esta vez? Y, desde que se hizo famoso en el mundo entero como escritor, lo único que de verdad les interesa de él a sus compatriotas es saber cuándo se va a decidir por fin a lanzar su candidatura presidencial.
Si en cualquier otro país del mundo se hiciera una lista del siglo como la de SEMANA tal vez algún político cupiera en ella, o a lo sumo dos. En el nuestro, de quince nombres son trece. Y no es porque en este siglo Colombia haya dado políticos de dimensión extraordinaria: un Lenin o un Stalin, un Roosevelt, un Hitler, un Mao, o inclusive un Perón. No: ha dado simplemente políticos mediocres y parroquiales que lograron en el mejor de los casos, y eso fue todo, llegar a la presidencia de Colombia. Pero lo que llama la atención es que no haya dado nada más.
En su columna de esta revista, Lorenzo Madrigal se asombra del fenómeno: "Ni un solo poeta, ni un solo deportista, ni un solo músico. ¿No los tuvimos?". Pero cuando se pone a rellenar los huecos, también a él sólo se le ocurren nombres de políticos. Nada menos que otros siete presidentes: Restrepo, Ospina, Olaya, Echandía, el otro Ospina, el otro López, y Samper; y un multicandidato presidencial, Gómez Hurtado. Añade algunos curas, por si acaso, en una especie de 'apuesta pascaliana' por su salvación eterna: pero sólo si tuvieron intervención en política, como los arzobispos Herrera, Perdomo, Luque y Rubiano (y le quedaron, en mi opinión, faltando dos, de signo opuesto pero también políticos los dos: monseñor Builes y Camilo Torres). Y sólo rascándose mucho las meninges consigue hallar dos o tres nombres que escapan a esa especialización: el poeta (y periodista político) Barba Jacob, el descuartizador Nepomuceno Matallana y el corredor ("ya olvidado", reconoce el propio Madrigal con amarga sorpresa) Jaime Aparicio. Ah: y el bondadoso padrecito Almansa, a quien le ponían velitas en el cementerio las sirvientas bogotanas cuando en Bogotá todavía había sirvientas. Ah: y también el beisbolista Petaca Rodríguez.Pero ¿de verdad piensa Madrigal que un beisbolista de los años 40, o el ciclista Cochise, o el compositor Morales Pino, son personajes claves del siglo XX?No.
Y es porque no los hay en Colombia. Ni oradores sagrados como los que en vano intenta resucitar Madrigal, ni grandes empresarios, ni filósofos, ni científicos, ni poetas, ni guerreros, ni santos, ni artistas, ni deportistas, ni actores, ni arquitectos, ni juristas, ni periodistas (al único de la lista de SEMANA, Eduardo Santos, creador de esa colosal maquinaria periodística que es El Tiempo, Daniel Samper lo presenta en su crónica sólo como un político; y en cambio a Carlos Lleras, que no hizo en toda su vida más que mecánica política, Patricia Lara lo muestra como si su Nueva Frontera hubiera sido la Revista de Occidente o Les Temps Modernes). Nada de todo eso ha habido en Colombia (y tampoco mujeres: ni una primera dama, ni una reina de belleza, pese a que ha habido tantas). Nada de todo eso ha habido justamente por la razón de que sólo ha habido políticos, que han copado no sólo la lista de SEMANA, sino la historia del país en todos sus recovecos. Nuestros políticos, en su mediocridad han conseguido coparlo todo hasta el punto de que en Colombia nada se puede hacer al margen de la política. Y es por eso que García Márquez para ser escritor, o Botero para ser pintor, tuvieron que irse del país. Y es por eso que el boxeador Pambelé cuyo nombre sugiere Lorenzo Madrigal en su columna no es importante por haber ganado peleas ni por haberse emborrachado después, sino porque, como canta el vallenato, "habló con el Presidente y le dio luz a su pueblo".
En Colombia, para dar luz, hay que hablar primero con el Presidente. O hay que ser el Presidente.
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