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Opinión

  • | 2017/07/24 07:26

    ¡… y lo que falta!

    El discurso de la derecha está ensayando a ver si le funciona cambiar el ogro de LaFar por el de la inmoralidad.

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El tuit del senador Uribe Vélez para calumniar al periodista Samper Ospina ha trascendido los días y produce, más de una semana después, las mismas reacciones que se dieron el primer día: en un bando, la defensa y solidaridad con el periodista injuriado; en el otro, los defensores de lo indefendible. Y el país partido en dos, una mitad indignada y la otra envalentonada, todos contra todos y los que no, alineándose.

Desde los comentarios y artículos más ácidos y agresivos, hasta las opiniones reflexivas que llaman a deponer las armas verbales y firmar un “pacto de paz” tuitero-político, es como si todos nos estuviéramos revolcando en una colada densa, en la gran pocilga en la que puede meternos hasta las narices un tuit de un senador con ínfulas de emperador y nostalgias de tirano.

A mí no me sorprende que ese señor sea capaz de acusar de violador y pornógrafo a alguien que no lo es; tampoco me parece raro que la tropa virulenta de su partido responda a la legítima defensa del señalado tirándole un tarrado aun más grande. El de esta gente es un partido fundado alrededor de un mesías que crea identidad y afinidades sobre la base de la alineación en contra: Colombia lo eligió presidente en 2002 porque se instaló en el electorado como el candidato contra LaFar, y con ese mismo enemigo discursivo cambió el articulito y se hizo reelegir en 2006.

Ahora que LaFar ya no son el ogro, la colectividad del Ubérrimo necesita posicionarse con miras a las elecciones presidenciales y legislativas de 2018, y comienza a delinear su estrategia, a movilizar a sus huestes, a imponer su línea.

El tuit en el que se señala de violador de niños a Daniel Samper no es una ligereza ni una pifia como dicen algunos,ni mucho menos un error. El periodista es un blanco perfecto para marcar posiciones políticas claves: al atacarlo se alinea en contra de la “indecencia” o “impudicia” (punto entre los creyentes de Iglesias que cobran espacio político con su moralismo en la agenda nacional); en contra de las ideas liberales (punto por levantar la indignación de quienes defienden la libertad de expresión y las demás libertades individuales); en contra del centralismo bogotano que ‘ofende‘ a la ‘antioqueñidad‘ (punto por atacar al sobrino del elefante, a un representante de la oligarquía cachaca, y de paso, llevarse de mano a la revista SEMANA, donde Samper publica su columna semanal).

Lo que Uribe hizo con esos 114 caracteres ("Federico Escobar protesta por ofensa del violador de niños, Samper Ospina, a Antioquia, ofensa publicada en Semana" ) es una obra maestra de la estrategia política más reaccionaria y exitosa de estos tiempos, la misma que llevó a Trump al poder, la que sacó al Reino Unido de Europa, la que le dio ese pírrico triunfo de 50.000 votos al No al proceso de paz aquí en Colombia. Uribe no necesita buscar a Roger Stone para que lo asesore, es un maestro del embuste políticamente triunfador, un iluminado de la posverdad, un genio de la manipulación.

Una semana después el asunto ya no es que Uribe haya calumniado a Samper y de paso nos haya zambullido en un estiercolero. Lo que hay que plantearse ahora es qué hacer para vencer las mentiras, la manera de tocar las fibras emocionales del electorado que le hacen apoyar su causa aun sabiendo que está basada en falsedades. ¿Cómo hacer que la razón y la evidencia se impongan sobre la pasión de sentirse parte de la gavilla que dicta las normas de la moral, de la ética, de los supuestos límites al humor (habrase visto sandez igual) ¿Cómo hacer para que el moralismo no se tome el poder el próximo año y nos imponga a todos el destino de una democracia restringida?

¿Responder o no responder? Esa es la pregunta. Si no hay público no hay payaso, pero este tipo vocifera, los medios lo publican, y miles nos indignamos; en esa dinámica él, sus odios y sus ideas nefastas, se crecen. Los opositores al CD no somos unos mamertos enmermelados, al contrario, entre más le respondemos más lo aupamos. Enfriemos la cabeza, porque así está la cosa: cuanto más los criticamos, mayor favor les hacemos.

El discurso de la derecha está ensayando a ver si le funciona cambiar el ogro de LaFar por el de la inmoralidad, y a juzgar por el resultado de la última semana, le está funcionando. A los demócratas, creyentes de las libertades y promotores de los derechos, nos toca pensar con mucho detalle cuál va a ser la estrategia para vencer en elecciones, la que se vislumbra como una estrategia electoral apabullante y retardataria.

@anaruizpe

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