Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2002/05/13 00:00

Lo sustantivo y lo adjetivo

Que las pongan en una lista de terroristas o en una de clientes de armas, o en las dos a la vez, no altera la realidad de las Farc como fuerza militar

Lo sustantivo y lo adjetivo

Se indigna el presidente AndrEs Pastrana de que la Unión Europea no incluya a las Farc en su lista de grupos terroristas. Y pregunta: ¿Acaso no secuestran, no asesinan civiles, no arrasan pueblos? ¿Acaso no son terroristas? Sí. Pero también secuestraban y asesinaban y usaban cilindros de gas y minas quiebrapatas y mataban niños y quemaban pueblos antes, y desplegaban todos los métodos terroristas antes, durante los tres años y medio en que el gobierno de Pastrana dialogaba con ellas. Y el propio Presidente hablaba de su “buena química” con ‘Tirofijo’. “Las Farc no son terroristas”, explicaba Pastrana, si no convencido al menos convincente, cada vez que le pedía a la Unión Europea respaldo y dinero para sus negociaciones con ellas. ¿No recuerdan ya ustedes aquello de los “países amigos”? ¿No recuerdan las fotos de los embajadores de media docena de países europeos vestidos de safari reunidos con los terroristas —que en opinión de Pastrana todavía no lo eran— en las selvas del Caguán? ¿No persuadió el propio Pastrana a media docena de gobiernos de Europa para que recibieran a esos mismos terroristas con honores diplomáticos en la gira que les organizó su Alto Comisionado de Paz, que hoy es embajador en Londres y estará contradiciendo en inglés lo que entonces decía en español? Se queja ahora el Presidente: “No es justo (…) que las Farc sean excluidas de la lista cuando el mundo entero las ha calificado de terroristas y de narcoterroristas”. Pero no tiene razón: porque cuando “el mundo entero” las calificaba así, él era el único que no. Las Farc no han cambiado de naturaleza: es Pastrana el que ha cambiado de opinión. Eso pasa por jugar a la política sólo a cortísimo plazo, improvisando sobre la marcha y sin ideas por detrás, cañando a ver si sale. Pasa que no sale. ¿Por qué les va a exigir Patrana a los gobiernos de la UE que sean tan volubles como él mismo? ¿O tan miopes como él? Porque esos gobiernos están viendo lo que no ve Pastrana, aunque sea evidente: que el próximo gobierno de Colombia, le guste o no, tendrá que iniciar de nuevo negociaciones con las Farc. Y que entonces la UE tendrá que sacarlas otra vez de su lista de ‘terroristas’, si es que las ha metido. Lo de la UE, sin embargo, es sólo un detalle simbólico. Que las pongan en una lista de terroristas o en una de clientes de armas, o en las dos a la vez, no altera en nada la realidad de las Farc como fuerza militar, y en consecuencia política. Y esa es la realidad a la cual deberá enfrentarse el próximo gobierno. Tendrá que volver a reconocerla, y tendrá que volver a empezar a conversar. Pues no es con adjetivos (o no sólo con ellos) como se hace la política. Sino, ante todo, con sustantivos: lo que se refiere a la sustancia de una cosa. Y que las Farc sean o no terroristas es adjetivo: lo sustantivo es que son una fuerza política y militar. Con las autodefensas paramilitares ocurre otro tanto. También ellas son terroristas, desde luego. Pero también el próximo gobierno tendrá que negociar con ellas (y no sólo, como éste, apoyarlas bajo cuerda), porque lo sustantivo en ellas es que son una fuerza militar que representa intereses políticos, económicos y sociales, así sean criminales (otro adjetivo). El gobierno que venga (inclusive el de Alvaro Uribe, que hoy promete lo contrario) tendrá que negociar con esas dos fuerzas, Farc y paras (y también con el ELN), por dos razones también esenciales: sustantivas. Una es que la fuerza armada del Estado es hoy por hoy incapaz de acabar militarmente con las Farc (y también con las AUC, si lo intentara). Ni siquiera es capaz de llegar con todos sus helicópteros Black Hawk y sus lanchas rápidas, sus aviones fantasmas y sus brigadas móviles de intervención inmediata, a los pueblos del Atrato en donde esas dos fuerzas llevan semanas dándose plomo mutuamente (y a la gente). Hoy por hoy es incapaz, y lo será por muchos años, sean los que sean los deseos de Alvaro Uribe y las ilusiones de sus partidarios: necesitaría 10 veces más hombres, 20 veces más helicópteros y un verdadero apoyo popular, que, digan lo que digan, hoy no existe. La gente quiere que la saquen de la guerra, no que la metan más en ella. Y eso —hombres, armas, apoyo; y, claro está, dinero— tomaría 20 años. La otra razón esencial es que no es acabando con las Farc (ni con las AUC) como se acaba la guerra. Sino eliminando las causas de la guerra, de las cuales la guerrilla y los paras, con sus terrorismos respectivos, no son más que los síntomas. Y el Presidente de Colombia, y la prensa colombiana, perdiendo el tiempo en discutir los adjetivos calificativos del síntoma…

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