Viernes, 21 de noviembre de 2014

| 2013/04/20 00:00

Lo que se le viene a Petro

Los que eran amigos por conveniencia ahora están en orillas distintas y sus ‘errores’ terminarán pasándoles factura.

Gustavo Petro dice en privado que ha cometido dos errores en su vida: el primero, haber votado en el senado por Alejandro Ordóñez para procurador general, y el segundo, ofrecerle a Clara López la vicepresidencia cuando en el 2010 intentó ocupar la Casa de Nariño como candidato del Polo Democrático.

Los que eran amigos por conveniencia ahora están en orillas distintas y sus ‘errores’ terminarán pasándoles factura en el futuro inmediato. Puede que en el caso de López se trate de un simple obstáculo político a la hora de alinear la izquierda en torno a su frágil proyecto progresista, pero lo del procurador merece mención especial.   

Ordóñez comenzará a moverse pronto en el proceso que tiene pendiente contra el alcalde, por eso Petro ha decidido reaccionar desde ya. El actual alcalde ha puesto en entredicho la actuación del procurador en el carrusel de la contratación en Bogotá y le mandó por anticipado a Guillermo Asprilla –exsecretario de Gobierno– para ir ambientando la tesis de que en la Procuraduría odian la política del amor. 

El jefe del Ministerio Público se defiende contestando que ha sancionado dos senadores, un alcalde y ocho exfuncionarios del IDU como parte de su quehacer. Lo cierto es que mientras alcalde y procurador cruzan versiones, la guerra está declarada y puede terminar en una sanción ejemplar contra el alcalde.

Los días que se le vienen a Petro no serán nada fáciles. Además del inminente proceso disciplinario que lo podría tumbar, el representante Miguel Gómez consiguió firmas de sobra para emprender su revocatoria. 

Aunque está claro que el ring electoral es el que más le gusta a Petro, esta vez no se trata simplemente de hacer campaña y olvidarse de todo lo demás. El alcalde es rehén del Concejo. Sus acuerdos políticos (y politiqueros) con esa corporación no terminaron de cuajar y carece de escuderos sólidos que lo acompañen a librar la batalla. Petro lleva diez meses tratando de buscarle reemplazo a Eduardo Noriega en la Secretaría General y nadie acepta trabajar con un jefe histérico que no oye a los demás. Como si fuera poco, perdió recientemente a Asprilla en la crucial Secretaría de Gobierno.

A Petro, sin embargo, le queda un salvavidas con nombre propio: Juan Manuel Santos Calderón.

El alcalde lo sabe y por eso intenta acercársele cada vez más al presidente, ahora sin ninguna Gina Parody que se le atraviese en el camino. Su llegada tardía pero inteligente al proceso de paz le ha permitido congraciarse con el actual mandatario y sabe que mientras esas relaciones fluyan relativamente bien, hay una luz al final del oscuro camino.

La pregunta es si Juan Manuel Santos, en su empeño de sumar apoyos al proceso de La Habana, se dejará usar por Gustavo Petro y terminará legitimándolo con tal de que le eche una mano desde Bogotá en su agenda política de paz.

Las semanas que vienen lo dirán. Petro se juega sus restos, y su futuro está complicado, pero no es imposible verlo levantarse, como el ave fénix, de entre las cenizas con algo de ayuda presidencial. 

Twitter @josemacevedo 

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