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Opinión

  • | 2012/07/14 00:00

    ¡Londoño Presidente!

    El tono pendenciero de Uribe me hizo añorar aquellos días en que uno no sabía si estaba oyendo una declaración presidencial o el audio de una película de Víctor Gaviria, y entonces me invadió la nostalgia.

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Prendí el radio y me topé de frente con la voz de Uribe que esparcía improperios a través del parlante: "Es un ambicioso que no tiene límites morales...-gritaba el Paspi- tiene relación con los paramilitares... estimula el clientelismo... engañó al país", gemía furioso.

Entonces imaginé lo peor: que, tal como lo supuse hace poco, Uribe había ingresado a Protagonistas de Nuestra Tele y se encontraba hablándole a un espejo en uno de esos ejercicios de autocrítica y desahogo que se inventó el nuevo Stanislavski criollo, Jorge Enrique Abello. Está insultando su propio reflejo, pensé. Ojalá lo suelte todo y se libere.

Luego supe que no se estaba hablando a sí mismo, sino a Germán Vargas Lleras, a quien de paso amenazó con pegarle si se lo encuentra en un coctel: ¿Por qué es tan cobarde? ¿Por qué no se mete con alguien con sus mismos nudillos? ¿Qué sigue ahora? ¿Retar a un pique a Navarro Wolff?

Pese a todo, el tono pendenciero de Uribe me hizo añorar aquellos días en que uno no sabía si estaba oyendo una declaración presidencial o el audio de una película de Víctor Gaviria, y entonces me invadió la nostalgia. Y deseé con el corazón que regresaran al poder.

Es lo que continúo haciendo hoy, cuando -a diferencia de Vargas Lleras- cruzo los dedos para que tenga éxito el Puro Centro Democrático: un movimiento que lanzó mi maestro José Obdulio y que, con valentía conmovedora, reivindica el concepto de pureza, por el que tan infamemente estigmatizaron a los nazis. Que no se diga que lo único en estado puro que tenemos es la coca, no señor: también tenemos ese movimiento. En buena hora existe una corriente que celebra a los arios, como Andrés Felipe Arios, que estará en el nuevo escudo cuando refundemos la patria.

Iba a asistir al evento de lanzamiento en el Club El Nogal, pero al ver la filmación de la fiesta de Fritanga imaginé que todo sería muy parecido y lo di por visto: podía ver a los asistentes tirándose al suelo cuando la Policía ingresara al salón y a José Obdulio, descamisado a la salida, gritándole a Uribe que fueran amigos "for ever". Sin embargo, celebré a la distancia que se hubieran organizado porque para atajar a Santos no basta con convertirse en uno de esos 'simones gavirias' útiles de las Farc que criticaban antaño. Es necesario convocar una Asamblea Constituyente, claro que sí: y buscar un candidato que interprete el sentir uribista. O que al menos esté libre.

Yo sé que una constituyente uribista tendría tantos vicios que la séptima papeleta sería de bazuco. Pero siempre he soñado con que resurja la figura del Congresito, que me parece tierna, y más ahora que lo puede presidir Edward Niño. El Congresito, por si no lo saben, fue una entidad transitoria que se inventaron en la Constituyente del 91 con la cual quedó demostrada la vocación de grandeza que tiene el país. Uribe la resucitó involuntariamente durante su gobierno cada vez que visitaba el Capitolio: "Ministro: camine al Congresito a ofrecer unas embajaditas para que nos cambien el articulito".

Bien: sea este el momento de lanzar una asamblea constituyente pluralista e incluyente que convoque lo más decente del uribismo cosmpolita: a María del Pilar Hurtado, desde Panamá; a Luis Carlos Restrepo, desde la clandestinidad; al Pincher Arias, desde su reclusión, y a Dolly Cifuentes, desde una cárcel en Estados Unidos. Una asamblea de la cual brote una Constitución Pura que presida Ferleyn, el máximo jurista del uribismo: aquel hombre que demandó a Viviane Morales y que, aunque parezca, no hace parte del elenco de Protagonistas de Nuestra Tele. Una asamblea, en fin, en la que los constituyentes sean el general Santoyo y los congresistas que alcancen a votar antes de que los metan presos; en la que Luis Guillermo Vélez redacte los artículos; en la que Uribe sea presidente para siempre y en la que el Estado no tenga tres ramas, sino tres huevitos.

Ahora bien: si el plan fracasa, urge acudir a un candidato humilde y obediente que continúe con el legado del Paspi. Óscar Iván Zuluaga cuenta a su favor con que de entrada parece un muñeco, que es lo que buscan, y podría interpretarse a sí mismo en Los reencauchados; pero tiene cara de retorcijón, lo cual espantaría la confianza inversionista. RCN infla y promueve el nombre de Pachito, pero cualquiera sabe que es para salir de él. Marta Lucía Ramírez es una gran carta, pero terminaría el discurso de posesión después de que se le acabe el periodo. De modo que el único nombre puro, democrático y centrado que queda es el del integérrimo doctor Fernando Londoño Hoyos, que puede estar inhabilitado, sí, pero una llamada a Ordoñez bastará para sanarlo.

Y esa es mi propuesta, amigos uribistas: que le demos la confianza al doctor Londoño y lancemos cuanto antes su campaña: ¡es el Rolex de la gente!, parafraseando a la campaña de cierto tío mío. ¡Venga esa mano negra, país!, como decían las vallas de Bernardo Jaramillo. Caiga ya este estado de apaciguamiento; caiga, si toca, el Estado de derecho. Ha llegado el momento de tomar acciones. Y comenzaremos por las de Invercolsa.

Iniciemos, pues, la carrera presidencial de Londoño. Y roguemos para que en ella corra también Navarro Wolff. O al menos Jorge Enrique Abello.
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