Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 1992/12/14 00:00

Los abajo firmantes

Los resultados obtenidos en 30 años por la guerrilla colombiana no son sólo nulos, sino además perversos.

Los abajo firmantes

CIRCULA POR AHI UNA "CARTA ABIERTA" de censura a la Coordinadora Guerrillera, entre cuyos firmantes me cuento. No voy a hablar del texto de la carta, que está ahí para ser leído, sino de los firmantes, y de sus motivos.
Cuando escribo esto no conozco todavía la lista completa, pero me la imagino. Todos los firmantes son -somos- gente de izquierda, o que lo ha sido, y que apoyó o al menos comprendió la acción y las razones de la guerrilla en Colombia. Cabrían en esa lista también unos cuantos muertos -asesinados por la guerrilla o por la contraguerrilla- como Lara Parada o Carlos Pizarro. E inclusive -aunque espero que no firmen- muchos que vienen de la extrema izquierda violenta y hoy están en la extrema derecha represiva, como Lemos Simmonds, Plinio Apuleyo Mendoza o Gustavo Vasco. Digo que espero que no firmen porque han cambiado de sitio, pero no de convicciones: siguen creyendo en la violencia. Pero los demás, que comprendieron o apoyaron a la guerrilla o militaron en ella ¿por qué la censuran hoy? Porque han cambiado ellos (quiero decir nosotros), cada cual a su modo. Pero, sobre todo, porque ha cambiado la guerrilla.
No me refiero al pretendido derrumbe de la ideología de izquierda ni a los fracasos prácticos de su aplicación en muchas partes del mundo: hablo de la guerrilla en Colombia, de sus métodos y de sus objetivos. También ella ha cambiado de sitio. Ha dejado de ser (o de pretender ser) un agente de la transformación positiva del país para convertirse en una rémora y en un estorbo para el cambio deseable y posible. Ya no es una "vanguardia armada" (no hay que tenerles miedo a las palabras, aunque estén manoseadas), sino un aparato armado autónomo y autosuficiente que sólo sirve para autoperpetuarse. Durar no es un propósito político, y la misma duración de la guerrilla colombiana es la demostración de su inutilidad. Si hay un fracaso más grande que el de durar sólo un año echando tiros en el monte, como duró el Che en Bolivia, es el de durar 30, y que todo siga igual.
O peor. Pues los resultados obtenidos en 30 años por la guerrilla colombiana no son sólo nulos, sino además perversos. En primer lugar, su propia degeneración: su bandolerización, su dedicación casi exclusiva al secuestro -para seguir durando- y al terrorismo -para que se sepa que todavía dura- y su hundimiento en los ajustes de cuentas internos. En segundo lugar, la aniquilación del papel político de la izquierda, confiscado por una función exclusivamente militar: la guerrilla, tanto como la extrema derecha militarista, es responsable de la militarización creciente no sólo de la vida política, sino de la vida cotidiana del país. Y no hablo de los resultados puramente estadísticos: muerte y destrucción, huérfanos y empobrecimiento. El único efecto positivo al que contribuyó la presión armada de la guerrilla, que fue la apertura política cuajada en la Constituyente, ha sido rápidamente absorbido y anulado por la propia persistencia de la guerrilla: la nueva izquierda electoral ha decrecido vertiginosamente, y el tímidamente recortado poder militar ha retoñado con más fuerza que nunca: ahora vemos al Congreso a punto de obtener el retiro de la Procuraduría de las "zonas de orden público", que son medio país, para que los militares puedan actuar a sus anchas (es posible que cuando ésto se publique ya haya sido aprobada la iniciativa).
Pues decía que han cambiado los firmantes de la carta de censura a la guerrilla, y que ha cambiado la guerrilla. Pero no ha cambiado el país, que sigue igual, o peor, que hace 30 años. En resumen: los mismos niños muertos de hambre.
¿Culpa de la guerrilla? No. Pero sí demostración de sus 30 años de inutilidad. Ni ha sido protagonista del cambio -no ha tomado el poder, no ha hecho la revolución-, ni ha servido de catalizador de la reforma del sistema. Al revés: le ha dado los pretextos para no reformarse y hacerse, por el contrario, más represivo. Y eso, hasta en la inversión: los gobiernos se gastan en brigadas móviles lo que podrían gastarse en hidroeléctricas. Sí, ya sé que también se roban las brigadas móviles, como se roban las hidroeléctricas. Pero por lo menos podríamos "los abajo firmantes" estar censurando a los ladrones, y no a los guerrilleros. Aunque también entonces estuviéramos perdiendo el tiempo. -

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