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Opinión

  • | 2005/04/03 00:00

    Los Alejandros

    Los colombianos nunca supimos que Santo Domingo le había vendido todas sus acciones de Avianca a la Federación de Cafeteros

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Desconcertaron, para bien, la frescura, la franqueza y la claridad de la moderna filosofía empresarial de Alejandro Santo Domingo y de su primo Carlos Alejandro Pérez con sus respuestas a Alejandro Santos, en la entrevista publicada por SEMANA .

El encanto comienza desde la carátula. En ella aparecen fotografiados estos dos jóvenes empresarios, que más

parecen dos anglosajones modelos de una propaganda de Ralph Lauren, observando con mirada distante una partida de polo.

Llama la atención la inequitativa distribución que en este caso ha hecho la naturaleza. En cabeza de estos dos jóvenes coincide la herencia de la mayor fortuna del país con la imagen de dos despampanantes churros, y se repite la historia: buena parte de la leyenda de Julio Mario Santo Domingo padre se basa en que en una sola persona coincidió el hombre más buen mozo con el más rico del país. Cosas inequitativas de la distribución de la naturaleza, repito.

¿O es que acaso no hubiera sido mucho mejor que el multimillonario Bill Gates tuviera el físico del actor George Clooney?

Pero independientemente de las consideraciones estéticas de los protagonistas y del hit que representó su entrevista con SEMANA, nadie ha desmenuzado el contenido de sus declaraciones.

Leyéndolas recordé la frase más célebre del novelista de celebridades Scott Fitzgerald, quien inmortalizó el concepto de que "los ricos son diferentes". Algo que a cualquiera de nosotros le interesaría, como es que entraran a nuestra cuenta bancaria "miles de millones de dólares", no parece interesarles a los Alejandros, que más bien se declaran partidarios de ser jugadores en el negocio de las grandes ligas mundiales cerveceras. Pero sus declaraciones también revelan una gran sangre fría en su actitud de rediseñar el manejo de las empresas familiares: la consigna es deshacerse de todo aquel que no sirve y vender todo lo que dé pérdidas. Atrás queda cualquier vinculación emocional que hubiera podido existir en el viejo Grupo Santo Domingo.

Tan espontáneos fueron Alejandro y Carlos Alejandro con Alejandro, que hasta revelaron cosas que personas más maliciosas, con más cancha empresarial, quizá no hubieran revelado.

La primera es la actuación del que fué el vicepresidente jurídico de Bavaria, Víctor Machado, a quien sin que se lo pregunten, señalan como autor del pago a un contratista de "700.000 dólares en efectivo para evadir impuestos".

Suena raro que una multinacional como Bavaria pague honorarios con una maleta llena de dólares, y más raro que tenga el poder de hacerlo un empleado de la compañía. Queda por saberse cómo terminaron presentándose los soportes contables de esta cuestionable actuación.

Otra revelación extraordinaria, y hasta cierto punto innecesaria, fue la de los detalles de la venta de Avianca al brasileño Efromovich. Los colombianos nunca supimos que inmediatamente antes de esta operación, Santo Domingo le había vendido todas sus acciones de Avianca a la Federación de Cafeteros, la cual, después de haber comprado la aerolínea, fue la que directamente hizo el negocio con Efromovich.

¿Cuál podría ser una explicación? No la tengo. Pero sí he oído que algunas mentes maliciosas interpretan esta venta como producto de la obsesión de Santo Domingo de blindarse contra las obligaciones laborales de Avianca. Al vendérsela a la Federación de Cafeteros, se consiguió intercalarle a la compañía un dueño entre el primero, Santo Domingo, y el último, Efromovich. Así, si la aerolínea finalmente se quebraba en manos de su nuevo propietario, ya se habría roto el cordón histórico que existió entre Bavaria, como holding, y su filial Avianca. Y las obligaciones laborales de los pilotos habrían tenido un destino parecido a las de los empleados de la Flota Mercante, propiedad en su momento de la Federación de Cafeteros, que terminaron siendo asumidos por la Nación.

Por fortuna, según la última asamblea de la aerolínea, el negocio terminó siendo muy exitoso para las dos partes, y ya no parece existir esta eventualidad.

Pero hablando de negocios exitosos, y asumiendo que los nuevos cerebros del viejo Grupo Santo Domingo no están dispuestos a quedarse con nada que dé pérdidas, sí me pareció un poco injusto el tratamiento que le dan en la entrevista a la revista Cromos y al semanario El Espectador. En manos de Gonzalo Córdoba, ayudado por la escuela periodística de Fidel Cano, ambos medios han mejorado notablemente su contenido y disminuido su balance en rojo. Y estas publicaciones tienen un valor agregado mucho más amplio, como medios influyentes en la opinión del país, que el que puede medirse con una mentalidad de chequera.

Ojalá que en los objetivos de estos dos pichones de águila no figure para nada el cierre de alguna de estas dos empresas, tan sentimentalmente valiosas para los colombianos. A no ser que, como en el caso de Radio Caracol con los españoles de Prisa -otra desconcertante revelación de Los Alejandros- se las "regalen" al mejor postor.

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