Jueves, 23 de febrero de 2017

| 2001/10/08 00:00

Los ‘amigos del Presidente’

Pertenecer a ese círculo se volvió de un día para otro, inexplicablemente, un delito equivalente al ‘concierto para delinquir’

Los ‘amigos del Presidente’

Nos habian ilusionado con que una demanda interpuesta por el Estado colombiano ante las cortes de la Florida nos devolvería los 64 millones de dólares de impuestos recaudados por el Banco Andino antes de su quiebra, y que jamás devolvió a la Nación.

Pero la semana pasada los colombianos nos levantamos sorprendidos con la noticia contraria: la del fracaso de los abogados que interpusieron el pleito en primera instancia.

El caso es especialmente grave, no sólo por el monto de lo embolatado sino porque, según aseguraron ante el Congreso las autoridades colombianas, el dinero fue sacado del país a través de escandalosos mecanismos ilegales.

El argumento jurídico que justificaba demandar ante una corte federal en la Florida se basaba en que los dineros que se perdieron habrían ido a parar al Banco Popular de Miami, de los mismos dueños del Banco Andino. Pero a la juez de la Florida no le pareció argumento para que el pleito se ventilara en su jurisdicción. Este se perdió por razones de forma. Y aunque el pleito puede continuar porque la juez no dijo que lo que alega Colombia sea mentira, la noticia exacerbó a los colombianos. Para muchos, este fracaso con el Banco Andino era la mayor demostración de que el escándalo alrededor de los manejos del Banco del Pacífico (el de los “amigos del Presidente”), era justificado.

Para mí, sin embargo, se trató de todo lo contrario. Por fin aparece la evidencia de que el caso del Banco Andino merecía un trato totalmente diferente al del Banco del Pacífico.

Para los que no tengan muy claro el asunto, todo comenzó cuando el agudo periodista colombiano del Miami Herald, Gerardo Reyes, publicó un artículo sobre el tema de la quiebra de ambos bancos, con un cargo central: que uno de ellos había recibido un trato más favorable que el otro.

De este artículo se concluyó con inusitada fuerza que el trato más favorable dado al Banco del Pacífico no se debía a que su caso fuera distinto al del Andino sino a que, a diferencia del segundo, en el primero habían tenido intereses accionarios, directa o indirectamente, varios amigos del Presidente. La teoría era muy sencilla: dos bancos en idénticos problemas. Uno sin amigos del Presidente y otro con. El primero termina siendo demandado en Miami. El segundo termina manejado con un discreto ‘agache’ del gobierno. En ambos se pierden dineros de los contribuyentes.

Desde un comienzo las explicaciones de la ex directora de la Dian, Fanny Kertzman, habían sido testarudamente las mismas: después de estudiar todas las pruebas del caso se había concluido que los riesgos de demandar eran considerables por el costo de los abogados, las posibilidades de perder el pleito y la amenaza de una contrademanda, aun presentando el caso del Andino elementos muy graves que no existían en el caso del Banco del Pacífico. Finalmente el Estado colombiano se animó a presentar la demanda en Estados Unidos, considerando que los actos dolosos cometidos por las directivas del Andino podrían convertirse en un punto a favor de Colombia en el caso de una contrademanda.

Nadie le paró muchas bolas a la Kertzman. Su argumento central —el de que en el caso de un banco había suficiente material para demandar y en el caso del otro banco no— fue dando paso, cada día con más fuerza, a las acusaciones de favoritismo por cuenta de las relaciones que directa o indirectamente tuvieron Luis Alberto Moreno, Luis Fernando Ramírez, Jacky Bibliowicz y Gabriel Meza con el Banco del Pacífico. Pertenecer al círculo de “amigos del Presidente” se volvió de un día para el otro, inexplicablemente, un delito equivalente al ‘concierto para delinquir’, suficiente para poner en duda todo el andamiaje del control financiero del Estado en manos de gente intachable como el propio ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo, la entonces superintendente bancaria, Sara Ordóñez, y Fanny Kertzman.

Hasta que la semana pasada pasó lo que pasó: se perdió el pleito contra el Banco Andino en primera instancia en Miami, a pesar de que el banco demandado ofrecía toda una gama de irregularidades dolosas, comenzando por las operaciones a través de las cuales sacaron el dinero del país hacia Miami.

Es lo triste de este escándalo. Que se robaron el dinero. Y a pesar de que Colombia todavía puede patalear jurídicamente, existe la posibilidad, muy alta, por cierto, de que aunque el Estado colombiano hizo todo lo que tenía que hacer, perdamos definitivamente el pleito contra el Banco Andino y jamás recuperemos los 64 millones de dólares en impuestos que nos quedaron debiendo.

Pero más triste aún es que la prueba reina de la legalidad del manejo del Banco del Pacífico sea precisamente la posible derrota en el pleito contra el Banco Andino.

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