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Opinión

  • | 1988/07/11 00:00

    LOS ANGELES

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"Nace del sufrimiento la paz, que es la felicidad de la tierra". (Gracián)
Con su atuendo anacrónico de cura viejo --gafas de concha, sotana negra, un devocionario en la mano-el padre Giuseppe del Ton tiene la apariencia característica de un párroco de aldea, de los que dicen misa a las seis de la mañana desayunan un bocadillo de guayaba con un vaso de agua, visitan enfermos, dan catecismo y administran la extremaunción a los agonizantes.

La apariencia engaña. Su aire inofensivo de presbítero pueblerino esconde a uno de los cerebros más lúcidos que ha producido la cristiandad en estas épocas turbulentas y críticas. Para que ustedes vayan viendo de quién se trata, y el tamaño de personaje que tenemos entre manos, monseñor Del Ton acaba de publicar un volumen formidable, sabio y delicioso, titulado "La verdad sobre los ángeles y los arcángeles", resumido en una síntesis afortunada por el periodista Juan Arias.

Monseñor Del Ton es nada menos que el encargado de traducir al latín todos los documentos oficiales que produce la Santa Sede.
Ese solo oficio bastaría para consagrarlo como uno de los grandes intelectuales de nuestro tiempo. Pero es que, además, a sus 85 años de edad, este anciano venerable y canoso está considerado como el mayor latinista viviente, reside al pie de los jardines del Papa y, como si fuera poco, desde hace como medio siglo se le considera la autoridad más acertada en la angeología, una ciencia poética, casi sobrenatural, que es la encargada del estudio de los ángeles.

Pero, a pesar de todas esas campanillas y esa hoja de vida, a mí me parece que lo más valioso del padre Giuseppe del Ton no es su talento, ni la claridad de su inteligencia, ni el brillo de sus virtudes intelectuales, ni siquiera el peso de sus recovecos mentales.
Lo que más se admira en él, aun que parezca insólito, es su sentido del humor. El otro día, un periodista que iba a entrevistarlo empezó pordecirle: "Los lectores de mi periódico, monseñor, no creen en los ángeles". El cura sonrio. "Tanto mejor--dijo con ironía-porque eso demuestra que me lo ha mandado algun ángel".

Con la mayor naturalidad del mundo, como si se tratara de un encuentro con amigos en la tienda del vecindario, el viejo sacerdote relata que en la sala de su apartamento se ha visto con varios ángeles. "Una noche--dice él, sin inmutarse-estuve hablando hasta tarde con San Miguel Arcángel, que es el patrono de Italia".

El padre Del Ton explica que los ángeles no son todos iguales y, antes por el contrario, existen entre ellos muchas diferencias.
"Como en el ejército--comenta.
Se distinguen por grados. Existen serafines, querubines, principados, potestades, dominaciones, tronos y arcángeles. Lo malo es que, habiendo millares de ángeles, millones de ellos, apenas se conocen los nombres de tres: Gabriel, Rafael y Miguel".

He vuelto a leer los apuntes de Arias sobre monseñor porque, de repente, pensando con angustia y desazón en las cosas que están pasando en la Colombia de nuestros días, me vino a la memoria el tratado del venerable sacerdote sobre los ángeles.

Algunos comentaristas opinan, con una simpleza sobrecogedora, que el problema consiste en que el presidente de la república está mal asesorado. Eso no parece posible en un hombre que ha llegado a semejante posición, precisamente, porque debe tener talentos superiores a quienes lo rodean, entre ellos, obviamente, el talento que se necesita para rechazar los malos consejos. O, de lo contrario, el presidente de la república serían ellos. El señor Lleras Restrepo lo ha dicho con todas sus letras, sin ambages, con una exactitud que asusta: "No hay una cabeza clara al frente de esta situación intolerable".

¿O será, por ventura, que el padre Del Ton tiene razón? ¿Existen los angeles, a quienes el describe como cuerpos "hermosos pero invisibles, que a veces se le aparecen a la gente tomando forma humana, les gusta estar en compañía y aman la virginidad"?. No sé por qué, pero a veces tengo la impresion de que uno de ellos habita en la Casa de Nariño. Su mensaje a Lucho Herrera, felicitándolo con entusiasmo por haber ganado una carrera de bicicletas en Francia, es la prueba irrefutable de que el cura angeólogo tiene razón: los ángeles a veces se le aparecen a la gente.

Y, mientras reflexiono sobre el padre italiano, me asalta --hay tantos asaltos en Colombia-la sentencia de Reviriego, refiriéndose a un joven príncipe español: "Ya tiene pasado, pero todavía no sabemos si tendrá futuro...". --
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