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Opinión

  • | 2015/05/25 10:10

    Los cachos del procurador y sus amigos

    Así que señores, a destrabar lo difícil, a avanzar en resultados y a profundizar lo acordado. La fuga es hacia delante. No hay otro camino. Es la única forma de derrotar el pasado con todas sus bellaquerías.

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Estamos tal vez a un cacho, o máximo a dos, de que se nos vaya de las manos la posibilidad de poner fin a la guerra. No importará mucho de quién es la responsabilidad. Encontrar culpables no será importante pues, como siempre, quienes viven en lo más apartado de la ruralidad pagarán día a día con desesperanza, muerte, y terror, como si ellos fuesen los culpables por la violencia del lugar en que les toco malvivir.

Algunos sentirán que ganaron. Los motivará el atronador ruido de la máquina de guerra desmadrada buscando comunistas y farianos debajo de las piedras, de las oengés, de las organizaciones campesinas, sindicales, en fin de todo lo que les parezca sospechoso. Se ensañarán en aquellos a quienes llaman “idiotas útiles”, quienes persistiremos en la necesidad de parar esta violencia endémica en que hemos vivido. Ya lo hemos experimentado. También veremos a los Roy y Benedetti alinearse con las nuevas realidades, a los comentaristas de radio y prensa indicando que ese proceso era una equivocación y que el diseño estuvo mal planteado desde el inicio. Otros dirán que lastimosamente Humberto De La Calle y Sergio Jaramillo pecaron de ingenuos y que se debió escuchar más al general Jorge Enrique Mora. Seguramente los empresarios pedirán que se use toda la fuerza del Estado, pero cuando les digan que toca meterse la mano al dril pues no habrá Plan Colombia que les sostenga su guerra, entonces contratarán capataces de la nueva línea imperante y pondrán pies en polvorosa con sus dineros a buscar seguridad y estabilidad para los negocios, que es lo único que les importa; el país que se lo lleve el diablo. Al fin de cuentas pueden pagar en otra parte.

¿Cuál será el orgullo de quienes encaramados en la fuerza de  los bombardeos queden al frente de todo? Haber aplastado la ilusión de un país sin guerra que quiso construir sin armas mejores tiempos para todos.

Ahora bien, no hay porque ser pesimistas. Esto no ocurrirá. El momento que vive la negociación es una tempestad fuerte, pero, como sabemos, luego de la tempestad vendrá la calma.

Las FARC tenían claro que el asalto que dejó 11 soldados muertos debía ser respondido por el presidente con toda la fuerza posible y que en la medida en que la opinión urbana lo vea golpeando a las FARC, los índices de aceptación a su gestión y a la negociación crecen. Para muchos “colombianos de bien”, sólo es aceptable mantener la negociación en La Habana si las FARC siguen recibiendo golpes porque hay que darles todo lo que se pueda, negociar en medio del conflicto tiene que costar sangre de los jefes, de la guerrillerada de las FARC y de uno que otro de los de Marcha. Esta mirada no apunta al fin de la guerra, sino al fin de las FARC, que no es lo mismo aunque parezca.

La mesa esta a prueba, Sólo la capacidad de los señores plenipotenciarios permitirá salvar el momento difícil que se vive. Sacar a los guerreros de uno y otro lado de la inercia de la confrontación para reinstalar la esperanza del fin de la guerra es tarea conjunta. Pero requiere un elemento que debe ser claro especialmente para la delegación de las FARC: no hay simetría ni en la opinión, ni en el terreno, ni en los fierros. Y para ambos no hay autoridad ética ni moral para mantener la matazón de las últimas dos semanas. Así que, señores, a destrabar lo difícil, a avanzar en resultados y a profundizar lo acordado. La fuga es hacia adelante. No hay otro camino. Es la única forma de derrotar el pasado con todas sus bellaquerías.
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