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Opinión

  • | 1982/12/27 00:00

    LOS CICLOS DE KONDRATIEFF

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En los análisis económicos de los últimos años siempre existió un motivo de optimismo tranquilizante porque el sentido positivo de la flecha del desarrollo no se alteraba. Crecíamos poco pero crecíamos, nos repartíamos con dificultad pero nos repartíamos. La evidencia de los últimos meses parece sugerir lo contrario; por primera vez, desde hace 30 años, bajó el ingreso per-capita mundial en términos absolutos (cantidad de pesos sin tener en cuenta la inflación) y el ritmo anual de incremento de la producción viene acercándose, peligrosamente de dos años para acá, a cero.
Muchas explicaciones se han dado y muchas otras se ensayarán para explicar las causas de este comportamiento recesivo global del cual Colombia no está ausente. Los monetaristas dirán que es el pernicioso efecto de coartar la libre operación del mercado; los keynesianos quizá se disculpen afirmando que su maestro construyó una teoría contra la parálisis pero no contra la inflación que nos tiene hoy en esta lamentable situación. Entre todas las argumentaciones se destaca la del profesor ruso de economía, ya fallecido, Nicolai Kondratieff.
Para Kondratieff la economía vive ciclos de cincuenta años que se repiten y repetirán indefinidamente. No existe nada inconsistente entre la batalla de Waterloo, la caída del mercado bursátil en Viena en 1873, la crisis de 1929 o el efecto de shock producido por el aumento en los precios del petróleo al promediar la década de los setenta, porque todos son puntos de una curva que en la forma de un electrocardiograma registra las cimas y valles del comportamiento económico. El primer ciclo comenzó al terminar el siglo dieciocho y llegó a su más alto nivel al finalizar las guerras napoleónicas. El segundo habría terminado en 1780 con la quiebra del mercado de valores vienés, iniciando un proceso de recuperación que alcanzó su mayor expresión en el desarrollo de los ferrocarriles, comenzando el presente siglo, en los años veinte. El cuarto ciclo, pasado el valle profundo de la gran depresión, habría empezado después de la Segunda Guerra Mundial con la canonificación de la industria del automóvil, alcanzando su mayor auge en los años setenta y su correspondiente esquina de bajada en la crisis petrolera de mediados de la misma época. Hoy estaríamos, según la bola de cristal de Kondratieff, en una fase depresiva cuya recuperación solamente verán nuestros hijos pasando la remota frontera del año 2000.
El escepticismo respecto a la teoría del ruso ha ido disminuyendo a medida que cada cincuenta años puede constatarse la veracidad de sus intuiciones históricas, que resultan sin saberse por qué ni cómo. Sus seguidores han buscado lazos de continuidad que permitan explicar las corazonadas del maestro, el hilo conductor de una guerra en cada éxtasis, las napoleónicas en el primero, la civil americana y la franco-prusiana acompañando el pico del segundo, la Primera Guerra Mundial asociada con el tercero y la del Vietnam con el cuarto. Otros han creído encontrar la respuesta al acertijo en distintas innovaciones tecnológicas contemporáneas a los tramos más altos de cada recuperación, la revolución industrial, el motor de combustión por gasolina, el transporte aéreo, el descubrimiento del átomo, a pesar de que está claro que el ciclo tecnológico tiene una duración muy inferior respecto al ciclo económico. La interpretación bíblica tampoco ha estado ausente de esta tarea: "y vosotros saludaréis el 50 año y volverá cada hombre".
A diferencia de otros economistas, que trabajan con el cambio para explicarlo, Kondratieff lo hizo pero para encerrarlo, para limitarlo en olas sucesivas de cincuenta años cambiando la unidad de medida de tiempo del análisis económico, logrando el efecto casi mágico de no mirar el fenómeno en el tiempo sino a través del tiempo, parecido a lo que en su campo logró Freud al enseñarnos a mirar los problemas psicológicos a través de la mente y no a partir de ella.
La teoría de Kondratieff para lo que viene y para los que vamos, deja grandes y sobre todo angustiosos interrogantes: ¿Cuáles son las fórmulas o las condiciones del proceso de recuperación?, ¿cuándo se iniciará éste?, y uno más fundamental, porque podría ser el fin no solamente del ciclo sino del mundo mismo y de la propia teoría ¿cuáles serán las condiciones de la nueva guerra que, siguiendo la interpretación de los discípulos del pensador, habrá de acompañar esta quinta etapa?.
Kondratieff, nos cuenta Solzhenitsyn en "Archipiélago Gulag", murió deportado en un campo de Siberia. Con las autorides soviéticas tuvo uno discrepancia que le costó la vida. Su teoría sobre las crisis permanentes del capitalismo envolvían la posibilidad subversiva de recurrentes recuperaciones, algo además contradictorio con la teoría de los ciclos de Marx, para quien el advenimiento del socialismo como resultado del derrumbamiento del capitalismo era una consecuencia, ni siquiera deseable sino inexorable, en el proceso dialéctico del mundo. El mundo que Kondratieff trató de ver como era y le costó la vida.
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