Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2009/10/16 00:00

Los Culpables

En el comité ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol es donde recae la responsabilidad de que la Selección Colombiana no haya clasificado a Suráfrica.

Andrés Garavito

Con la cabeza caliente por la eliminación del mundial de Sudáfrica, el país busca culpables de lo que pasó y hace conjeturas sobre lo que vendrá. Como no podía ser de otra forma, después de la vergonzosa presentación ante los chilenos en Medellín, las miradas se han posado en el técnico y los jugadores como responsables de la debacle.

Sin embargo, debe decirse que no tiene la culpa el técnico, quien, llamado a apagar un incendio, tuvo como único pecado el haber sido inferior al reto. Lara venía precedido de un buen trabajo en combinados juveniles pero demostró no estar preparado para asumir la selección de mayores. Para no ir más lejos, le faltó el talante para oponerse a las pataletas de los mal llamados líderes del equipo a quienes trajo de vuelta para terminar negociando con ellos el manejo del grupo y hasta la sede de los partidos.

Tampoco tienen la culpa los jugadores. Sería injusto responsabilizar, por poner un ejemplo, a Giovanni Hernández. A fin de cuentas no es su pecado que tantas esperanzas se hayan depositado sobre él, si se ha empeñado en dejar claro durante años, que es apenas un jugador del montón, asustadizo a la hora de los retos serios con la selección.

Menos son culpables otros jugadores como Falcao García, Jackson Martínez o Hugo Rodallega, los delanteros colombianos señalados de la falta de gol del equipo. Pero ellos pese a su esfuerzo, con Giovanni encargado de generarles los pases, debieron sentirse más solos que Gagarin en su cápsula espacial.

En este caso y contrario al refrán, no hay lugar a dudas de que el muerto si debe buscarse río arriba. En el comité ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol es donde recae la responsabilidad por una derrota con sabor a vergüenza.

Vergüenza que se convierte en ira cuando la cabeza visible de dicho comité, Luis Bedoya, sale a declarar al término del partido con Chile que es apresurado tomar decisiones. Lo mínimo que se esperaba de alguien con algo de decencia es que hubiera anunciado ante los medios la renuncia irrevocable a su cargo.

Ante tal desfachatez se pregunta uno si Bedoya hablaba desde Medellín, y realmente había visto el partido, o si pasó la tarde del sábado en los columpios de alguna finca sabanera como hace los fines de semana, mientras todo el mundo ve fútbol, tal y como es sabido.

Sólo a unos tipos que no les interesa el fútbol se les ocurriría dejar de lado la oferta del Gobierno Nacional. Éste, ante la falta de pan quería colmar al país de circo. Según declaró Francisco Santos estaba dispuesto a cancelar la suma que, en su momento, exigía Marcelo Bielsa para asumir las riendas de la selección. Bielsa cambió la cara del fútbol chileno, mientras Colombia debió conformarse durante media eliminatoria con ver la cara de llanto de su técnico.

Sólo al interés mezquino de unos personajes a quienes el juego les tiene sin cuidado, se les ocurriría truncar un proceso exitoso como el que llevaba Eduardo Lara en juveniles. Todo para procurarse un seleccionador nacional, sin bagaje con mayores y de entrada manipulable. Seguramente ahora cortarán su cabeza e ilusionarán al país con uno extranjero que les sirva de cortina de humo. Solo mientras las mareas se calman y encuentran uno a su medida, que no exija, no ponga problemas y sobre todo, que acepte sin chistar sus imposiciones.

Por eso, lo único aceptable ahora para el fútbol colombiano es que los miembros del Comité Ejecutivo de la Federación, empezando por su presidente, den un paso al costado. Son los responsables únicos de un fracaso surgido -mas que en la cabeza del técnico o en las piernas de los jugadores- en su propia incompetencia, falta de visión y si, en la preponderancia de intereses personales que todo un país conoce.



*Andrés Garavito es uno de los autores del libro Bestiario del Balón. El lado B del fútbol colombiano.

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