Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 1997/09/08 00:00

LOS DAÑOS DE SAMPER

LOS DAÑOS DE SAMPER

Mi columna de la semana pasada provocó indignación entre quienes yo menos esperaba. Entre quienes menos pretendo indignar con lo que escribo. Entre quienes creo que debieran indignarse no contra mí, sino conmigo, y por las mismas cosas que me indignan a mí: los abusos del poder, todos los abusos del poder, los abusos de todos los poderes. Entre quienes considero mis amigos. Hablo de la gente del noticiero QAP. Decía en esa columna que hace seis años, en el rutinario y arbitrario reparto presidencial de noticieros de televisión que hizo César Gaviria cuando le llegó su turno, QAP representaba la "cuota samperista". Pues en Colombia, desde la inevitable y a la vez maligna invención del Frente Nacional, las cosas del poder se reparten por cuotas. Políticas: para Samper, para Pastrana, etcétera. Económicas: para Santo Domingo, para Ardila, para Sarmiento (y no hay etcéteras). Periodísticas: para El Tiempo, para El Espectador (¿y El Colombiano qué, y El Heraldo qué, y Vanguardia qué? ¿Y por qué El País y no Occidente? ¿Y SEMANA qué, y Cambio16 qué?) Así, por cuotas, reparte el poder la televisión, la radio, los puestos diplomáticos, los ministerios, los contratos de obras públicas, la telefonía celular: todo. Y esas cuotas se escogen a dedo: las designa el dedo del poder de turno.Por decir eso _esa obviedad_ se ofendieron mis amigos de QAP. Creen que han demostrado de sobra que ellos no eran "cuota samperista". Y es verdad: es justamente por no haberlo sido que ahora los peones de estribo del presidente Samper sacan una ley para descabezarlos, exigiéndoles una nueva licitación para la renovación, que ya no es automática, de su derecho al noticiero. Estoy de acuerdo en que ese es un castigo a su voluntad de independencia. Pero sigo pensando que son ciertas las dos cosas que decía en mi columna. Primero: que hace seis años los socios de QAP eran considerados samperistas por su adjudicador Gaviria (y que si no lo eran, como se ha visto después, sí lo parecían: ¿o es que acaso parecían pastranistas?); y que si el propio Gaviria sabía que no lo eran, mejor que mejor para él: le dejaba a su presunto sucesor del Partido Liberal, cuya victoria no quería, el regalo envenenado de un noticiero de televisión que parecía samperista pero no era samperista. Y, segundo: que la adjudicación de noticieros hecha por Gaviria fue arbitraria. Más aún que la de sus predecesores (pues pretendió dejarla amarrada por seis, o hasta por 12 años), y apenas menos arbitraria que la de su sucesor Samper con las frecuencias de radio, (que quiere dejar en manos de sus amigos por 10, o hasta por 20). Pero por alguna razón que a mí no se me alcanza, se les antoja a mis indignados amigos de QAP que la arbitrariedad sólo es condenable cuando viene de Samper, y en cambio era admirable cuando venía de Gaviria. A mí me parecen condenables ambas. Todas. No las juzgo a partir de quién es su beneficiario _A, o B, o C, o X, o Y, o QAP_ ni a partir de quién es su autor _G, o S_ sino desde el punto de vista de la libertad de expresión. Una cosa que no existe si depende de una adjudicación por parte del poder, sea cual sea ese poder, sean quienes sean sus adjudicatarios. El gobierno _ningún gobierno_ no tiene por qué controlar las frecuencias de televisión o de radio, y otorgarlas por cuatro, o por seis, o por 100 años: ni a los de QAP, ni a D'Artganan, ni a Ardila ni a Julio Mario ni a Sarmiento, y ni siquiera al Sindicato Antioqueño. Tiene que haber tantos noticieros de televisión, tantas emisoras de radio, tantos diarios o tantos semanarios escritos como quepan: los que permita el público. Tantos, digamos, como talleres de montallantas hay en todo el país: decenas de millares. Y si alguna intervención le cabe al poder en eso es, si acaso, la de impedir los monopolios: pero no la de crearlos. Que es lo que quiso hacer el presidente Gaviria. Que es lo que quiere hacer el presidente Samper.De todo este episodio sólo queda una conclusión muy triste, y muy peligrosa. Que el gobierno de Ernesto Samper, por sus orígenes, por sus maneras, por sus propósitos, ha conseguido convertir en odios las discrepancias, dividir a las familias, enfrentar a los amigos entre sí, amargarnos la vida a todos. Me confirma _idiota consuelo_ en lo que vengo diciendo desde hacer tres años: que Ernesto Samper es el presidente más dañino que hemos tenido en nuestra historia.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.