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Opinión

  • | 2001/10/29 00:00

    Los demonios de Bush

    El reto de Bush, frente a la recesión que se asoma, será exprimirle a su gente todo el patriotismo para enfrentar una larga guerra

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Mientras el 71 por ciento de los norteamericanos apoya una acción de venganza rápida de su país contra el terrorismo internacional, que ya va para tres semanas sin producirse, el presidente George W. Bush sigue enredado con sus demonios.

• Cada vez es más claro que atacar a Afganistán tiene enormes riesgos de convertirse en una guerra inganable. No pudieron conquistarla ni Alejandro el Grande, ni los persas, ni los mongoles, ni los británicos, ni los rusos.

• El enorme poder armamentista de Estados Unidos no sólo se enfrenta a que Afganistán es una nación tremendamente hostil, sino horriblemente pobre y arruinada por dos décadas de guerras externas e internas. Eso significa algo que, de no ser tan trágico, sonaría gracioso: Afganistán no tiene nada que se le pueda atacar. Carece de blancos para el poderío armamentista de Estados Unidos.

• Afganistán no tiene grandes comandos militares o centros de comunicaciones, campos aéreos o depósitos de combustible cuya destrucción pudiera definir una guerra. La carencia de esos ‘objetivos’ de gran valor estratégico, que son los comúnmente atacados en las guerras modernas, prácticamente determinan que Afganistán sea impermeable frente a la ofensiva norteamericana. El más sofisticado radar aéreo es innecesario contra un país que sólo cuenta con la más enclenque estructura de defensa aérea. Misiles láser guiados para atacar con precisión fábricas de armamento tampoco sirven para nada utilizados contra un país que carece de industria armamentista. Costosos equipos electrónicos de interceptación son inútiles funcionando contra un país que no tiene nada que interceptar. Lo máximo que se lograría, según lo reconoce el propio Bush, disparando misiles crucero de dos millones de dólares, sería apuntarles a unas carpas vacías y dar de baja a un poco de camellos. En conclusión, Afganistán no es un objetivo claro.

• Lo único que tiene Afganistán para bombardear son unas ruinosas oficinas públicas y barrios residenciales que producirían innumerables bajas civiles. ¿Cuántos países que actualmente apoyan a Estados Unidos seguirían tan firmes después de una acción semejante, en la que lo más probable es que no den con el paradero del buscado Osama Ben Laden?

• Pero además, que el saldo del ataque de Estados Unidos a Afganistán sea el de una manada de huérfanos podría confirmar su peor pesadilla: que los países vecinos registren esta guerra como una agresión contra el Islam, y que en vez de una distancia cautelosa frente al conflicto consoliden una alianza militarmente activa contra Estados Unidos.

• Aunque se cree que, solamente en Afganistán, Ben Laden tiene 30 campos de entrenamiento terrorista, la mayoría de sus integrantes viven refugiados en cuevas del montañoso territorio. Ni los más sofisticados helicópteros, ni refinadas divisas como lentes de visión nocturna ofrecen una clara ventaja estratégica para sacarlos de sus refugios. Incluso se dice que los misiles crucero tienen cabezas demasiado débiles para penetrar las rocas afganas o los búnkers en los que se refugian los guerreros.

• Consciente de estas debilidades, es muy probable que esa sea la explicación de porqué el presidente Bush aún se mantiene a la espera. Pero eso también conlleva grandes riesgos: uno es la impaciencia de la opinión pública de Estados Unidos. Moverse diplomática antes que militarmente podría producirle un costoso desgaste político interno, al disolverse el apoyo que en este momento le brinda el 82 por ciento de su pueblo.

• El reto inmediato de Bush es, pues, evitar que se le desplome la opinión mientras recopila la mayor cantidad de información de inteligencia que le permita, no sólo encontrar las pruebas contra Ben Laden, sino cazarlo.

• Pero más importante aún, Bush les ha pedido a los norteamericanos que “regresen a la normalidad”, ad portas de una guerra que ellos todavía no saben cuánto les va a costar, ni siquiera cómo va a ser. El reto de Bush, frente a la recesión que se asoma, será exprimirle a su gente todo el patriotismo que pueda para enfrentar la que posiblemente será una larga guerra de pacientes resultados.

• Lo que parece cada vez menos probable es que una de estas noches se llene el cielo afgano de misiles trazando ráfagas celestes, y frente a las cámaras de televisión, Estados Unidos aplaste a Afganistán, para regresar a sus soldados a casa a la mañana siguiente con la menor cantidad posible de bajas y ahí sí, como dice Bush, volver a la vida normal de una potencia invulnerable.
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