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Opinión

  • | 2013/02/28 00:00

    Los desafíos de la paz

    Redes y articulaciones humanas, de la protesta a la propuesta.

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El desafío de la paz, en contextos micros como macros, parte de comprender que nadie está llamado a “salvar” a nadie. Los héroes o los posibles “gestores de paz” no están afuera de las dinámicas de las comunidades, no están en el gobierno, ni en las organizaciones internacionales. Tampoco están en las academias o instituciones, donde los pensamientos alrededor de la pobreza, la violencia y la marginación se "discuten" sin antes haberlas vivido, tocado y sumergido en ellas, o quizás se piensan alrededor de estas pero no se hace nada por transformarlas. Para hablar de paz, es necesario conocer los elementos que permiten su ausencia, violencias estructurales como culturales, es fundamental escuchar a la población que realmente vive las condiciones, comprender su entorno y, con gran sensibilidad, “captar” realmente cuáles son las demandas o posibles necesidades de estas. Por esto, es necesaria una paz con piel, con la capacidad de sentir, imaginar, y luchar lo que cada comunidad es en esencia y desea ser. 

Por lo tanto,  es importante pensar que los retos de la paz están en comprender un enfoque sistémico donde se entienda que todos los elementos, personas, y espacios se encuentran íntimamente relacionados. Donde las relaciones, son en esencia el potencial más alto para alcanzar procesos exitosos alrededor de un propósito, esto significa el abordar el mundo individual como colectivo de las comunidades.  Para esto es fundamental comprender y tener presente el concepto de redes, o solidaridad entre pueblos y las posibles alianzas entre organizaciones pares, con el fin de fortalecer los objetivos propuestos por las distintas organizaciones, en busca de posibles soluciones conjuntas. Como bien los menciona Arturo Escobar, estas redes van dirigidas a reconceptualizar la noción de globalización, con el fin de fomentar procesos más dinámicos,  diversos y al mismo tiempo identificar puntos de encuentro e intereses comunes. 

En este orden de ideas, cabe preguntarse cuáles son las dinámicas a las que se están orientando los procesos de paz, cuáles son los intereses detrás de estas y qué tan sostenibles o acorde a las realidades son. En consecuencia, este texto surge de la necesidad de replantear los llamados proyectos de intervención para la paz,  donde la palabra “intervenir”, es bastantes cruda, si el objetivo es fomentar estrategias para el desarrollo desde un enfoque local, participativo, comunitario y de base. 

Por esto, es importante identificar algunas ideas o conceptos, que quizás no están funcionando al momento de desarrollar estrategias o proyectos de acompañamiento. En primera instancia, es clave reflexionar acerca del concepto de proyectos de intervención. La palabra “intervenir” a las comunidades,  es la que ha hecho que la poca cohesión entre las organizaciones de base, se quiebren, al tratar de involucrar “soluciones heroicas” dentro de las situaciones en conflicto, creyendo con algún tipo de “prepotencia” que se tienen acertadamente las soluciones para la comunidad, como si tratara de un tema de caridad. 

En efecto, es importante traer a colación pensamientos, como las de Paulo Freire donde “nadie se salva solo, nadie salva a nadie, todos nos salvamos en comunidad”, pensamientos conocidos por su gran impacto en las teorías de liberación, y fuertemente útil para comprender los procesos de cambio social y la importancia de las redes dentro de las dinámicas de desarrollo y acompañamiento de la comunidad. 

Consecuentemente, puede ser útil pensar, qué  tan dominante o hegemónico puede ser el discurso de una organización o entidad que parta de objetivos como: desarrollar, empoderar o rescatar a las comunidades? Por qué mejor no hablar de fomentar, promover, compartir o dinamizar procesos donde sea la misma comunidad la gestora y transformadora de sus realidades. Los proyectos inmediatistas con intereses de mostrar resultados a muy corto plazo, son la causa de nuevos problemas comunitarios y un deterioro alrededor de las relaciones de las personas, que según su entorno han establecido sus propios mecanismos y alternativas de resistencia. Es importante no subestimar a la población, ni creer que el pensamiento externo puede más que el interno. 

Desde lo anteriormente expuesto se encuentra clave dar prioridad a los marcos locales antes que internacionales. Constantemente las exigencias de los proyectos están en el acomodarse a lo marcos internacionales, lo que entorpece las dinámicas sociales internas y las alternativas de autogestión y auto sostenibilidad. 

Para esto es clave pensar acerca de las cosmovisiones y distintas maneras de entenderse con el mundo, a esto cabe añadirle la relación con el medio ambiente, elemento crucial cuando se tratan de fomentar estrategias integradoras, sistémicas e incluyentes, pues dentro de esta perspectiva se encuentra que cualquier acción impacta los distintos ámbitos,  “En cuanto a la apropiación de recursos naturales y ambientes, la información promedio nos ilustra las muchas veces irreversibles consecuencias en las comunidades humanas, vida silvestre y ecosistemas del proceso histórico de expansión europea sobre el resto del mundo; de extracción y rapiña de minerales, animales y flora; de conquista y colonización biológica” (Galeano 1978, Crosby 1986 y Ponting 1991).

Esto nos permite pensar un poco acerca de la concepción colonizadora, expansionista, segmentada y parcializada de modelos de paz, por el cual es fundamental trabajar y comenzar a pensar en nuevas formas de percibir la realidad, y descolonizar el pensamiento. Promoviendo alternativas innovadoras que pongan en cuestión el pensamiento dominante, desde lo económico, social y político. De esta manera, uno de los objetivos de este texto es rescatar la mirada sistémica y encontrar lo interrelacionado que está el mundo. Por consiguiente, es fundamental pensar en un ámbito estrechamente ligado al desarrollo, se trata el de la economía, donde esta debe partir del pensamiento del bien común, expuesta por Cristian Felber, en la que ésta debe reposar sobre los mismos valores que hacen florecer nuestras relaciones interhumanas: confianza, cooperación, aprecio, co-determinación, solidaridad, y acción de compartir. (“Según recientes investigaciones científicas, las buenas relaciones interhumanas son uno de los factores que más contribuyen tanto a motivar a los seres humanos como a hacerlos felices”), lo que fuertemente demuestra que las relaciones son el eje potencial del desarrollo. 

“En la economía del bien común el marco legal experimenta un giro radical al pasar de estar orientado según los principios de competencia y avidez de lucro a los de cooperación y solidaridad. El significado del éxito empresarial cambia de beneficio financiero a contribución al bien común. El bien común será predefinido en un proceso participativo desde abajo”. 

Creo que por todo lo anteriormente mencionado, soñar en una paz mucho más real y dinámica es posible, se trata sólo de dejar a un lado modelos impuestos por un sistema interesado en consumidores y personas alienadas, con gusto infinito por adquirir. Los procesos de la paz no pueden ser dirigidos a homogenizar o a creer que la paz es un concepto mundial, que hay que imponer  a otros. El modelo de mercado libre ha permeado todos los ámbitos de la vida, y es ese el motivo por el cual han fracasado los modelos de paz liberal. Estas alternativas universales, lo que han generado es ahogar y sofocar posibles alternativas locales que se acomodan a las necesidades y demandas de las personas. Es el momento indicado para despertar y dar cabida a alternativas locales o quizás hibridas, no podemos negar la realidad, pero tampoco podemos negar que esa realidad no funciona y está generando modelos de desarrollo fracasados y asistencialista, poco integrales.  

En conclusión como bien lo menciona Patricia Romero Lankao, el reto debe ser un intento de reestructuración de la vida social que acompañe al nuevo modelo de organización del capitalismo, incorpore al cambio ambiental global como dimensión que consolida desigualdades, contradicciones y paradojas, al tiempo que plantee nuevas formas de relaciones e interacción. Para lograrlo es necesario, abordar tres componentes esenciales de las relaciones entre cambio ambiental y global y actual modelo de desarrollo, entre “naturaleza” y “sociedad”.
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